Esta entrada, la dedico a los poetas que han tocado mi alma. Algunos ya partieron, pero sus versos aún caminan conmigo. Otros siguen bordando luz con cada palabra. Este rincón les pertenece, porque en cada línea hay una huella suya. Gracias por regalarme la belleza del mundo dicho en poesía.
Con gratitudA todos los poetas que han alumbrado mis días con sus palabras, esta entrada es un reflejo, un homenaje, un rincón de ternura. Que sus versos sigan trazando caminos en cada corazón que los lea.
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INÉS BLANCO
(Luna de Abril) – Colombia
Inés Blanco, conocida como Luna de Abril, escribe con dulzura y profundidad desde Bogotá. Su poesía es un regreso a la infancia: aromas, afectos, y memorias que aún brillan como luciérnagas. En su poema La niña y yo, el diálogo entre su presente y su niñez teje ternura sin nostalgia, como si ambas aún jugaran con la luna.
“Ella aún juega con la luna y yo, deletreo palabras en procura de un poema.«
LA NIÑA Y YO
Busco en la memoria
las palabras empolvadas
de la niña frágil,
temerosa y dulce
que me habita.
También los aromas
de eucalipto y mejorana;
del surco y la cosecha.
Las manos de la abuela
y sus silencios repetidos.
Las añosas campanas
con sus voces centenarias;
el vuelo luminoso
de las luciérnagas…
el perro fiel y desnutrido.
Las sombras fantasmales,
las quejas, los rezos,
los mimos y las voces;
el vestido del domingo,
el pan y el café recién colado.
Juntas, la niña y yo,
entre llanto y risas
hemos crecido:
Ella, aún juega con la luna
y yo, deletreo palabras
en procura de un poema.
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ISIDORO BARRERA MOLINA – MÉXICO
Su poesía captura el instante como una fotografía con alma. En La mujer y su foto, el gesto mínimo —recoger una imagen caída— se transforma en escena poética de encuentro, admiración y elegancia. Sus versos narran con cadencia y delicadeza el asombro contenido ante la belleza fugaz que deja huella.
“Vi los ojos más bellos… su sonrisa mostró su elegancia.”
Isidoro escribe con mirada noble y ritmo suave, donde cada paso es verso y cada recuerdo, poema.
LA MUJER Y SU FOTO.
Caminaba aquella tarde
con su paso cadencioso
al ritmo su pelo hermoso
jugueteaba con el aire
al tiempo que de su bolso
caía una foto en la calle.
Con la foto entre mis dedos
seguí a la bella mujer
lo notó y quiso correr
como queriendo y no quiero
después me regresó a ver
y vi los ojos más bellos.
Su voz se escuchó agradable
cuando preguntó ¿Qué quiere?
darle esta foto que pierde
cuando de su bolso sale
de paso yo saludarle
y mi admiración presentarle.
Suave sonrisa y discreta
así mostró su elegancia
libre de toda arrogancia
toda una dama perfecta
suavemente dijo gracias
y se dió la media vuelta.
Solo me quedé pensando
en su perfecta celsitud
que con callada actitud
de mi se estaba alejando
y yo en mi total quietud
parado y nomás mirando.
❃❃❃
MATÍAS BONORA – Argentina
Poeta, dramaturgo y docente nacido en Buenos Aires, cuya voz recorre los márgenes de la poesía social con una fuerza visceral y lúcida. En Segados, transforma el paisaje urbano en escenario de denuncia, resistencia y verdad. Su palabra no consuela: despierta.
“Levanta y camina.”
❃
SEGADOS
Segados de horizontes,
desolados se derrumban
en la soledad del asfalto.
Se derrama la mansedumbre
sobre un cieno de sangre,
de orfandades
y bajo la pólvora del desprecio.
Nos derrota la Historia
en la ajena banalidad de una indiferencia
que opaca porvenires,
desde un piélago de miseria,
tendidas crueldades del desamparo
y una desatada ruindad
sin calma.
Se desvanece la euforia
de una ilusión nonata,
derramada como sangre
en el hastío,
de madrugadas sin lumbre.
Las veredas son baldosas
sin hogares,
aloja peregrinos de la noche insomne;
expatriados en la frontera
del hambre y el desprecio.
En el altar de la mezquina mentira,
tendidas familias se refugian
entre cartones y despojos;
espontáneos desterrados
sin porvenires
ni colores.
Resisten
en la perentoria, última hora
del naufragio social,
que los arroja a la orilla
de una Historia tendida,
ardida entre caídos siglos
del llanto esclavizado
y un linaje que respira,
todavía,
entre reflejos de una prole
que se mira, se encuentra…
Levanta
y camina.
❃❃❃
ANTONIO CAMACHO GÓMEZ
España- Argentina ( !930-2023 )
No solo me enseñó a escribir… me enseñó a ver la vida con ojos de poeta. Antonio fue más que un maestro: fue brújula, raíz y faro desde la distancia. Sin haber pisado la misma tierra, logró tocar mi alma. Su poema Poeta Caído, dedicado a García Lorca, es una antorcha que aún arde con fuerza lírica y sensibilidad comprometida.
“Al alba lo mataron…No llores, Federico, que tu canto no acaba.”
POETA CAÍDO
A Federico García Lorca
Al alba lo mataron, al alba
La paloma y el ciervo se escondieron,
y el escorpión bajo la piedra fría
Las fuentes de Granada
gimieron malheridas
y la noche huidiza rompió por peteneras.
El camino se abría como un pozo de sombra
y un ruiseñor ciego voló despavorido.
Al alba lo mataron con fusiles oscuros,
/medalla irrepetible, sonrisa inacabada
sin balcón y sin luna,
con los ojos abiertos sobre la madrugada.
Tiritaron navajas /en las alamedas
y lloró el Albaicín en corro de gitanos
la sangre derramada.
No llores, Federico, que tu canto no acaba,
que eres memoria viva con tu muerte temprana.
Al alba lo mataron, al alba
❃❃❃
MARÍA ELENA CAMBA- ARGENTINA
Poeta, narradora y educadora cuya voz abraza lo íntimo con una madurez luminosa. María Elena escribe con firmeza y ternura, como quien ya ha danzado con el viento sin temor. Su poema Plenitud es un canto a la libertad conquistada, a la belleza de lo vivido, y a la dignidad de la piel que ya sabe quién es.
“Ese saberme mía, aceptar mi piel madura, encontrar la belleza de lo vivido y soñar lo que quede por vivir.”
PLENITUD
Transito este cuerpo
sin atajos ni laberintos.
Mi tardía primavera
florece reverdecida .
La vida avasalla en su fragor
sin lastres que acarrear.
Esa libertad conseguida,
ese saberme mía,
aceptar mi piel madura,
encontrar la belleza de lo vivido
y soñar lo que quede por vivir.
Amo el vuelo de la gaviota
que se mece en el lecho marino
Enarbolo alas y continúo el vuelo.
Aunque el viento arrecie
no torceré el curso.
Este instante es mi plenitud.
❃❃❃
LIBIA B. CARCIOFETTI – ARGENTINA
Libia transforma cada verso en plegaria. Su poesía espiritual eleva y abraza, como en Aurora de Paz, donde el amanecer se convierte en mensaje divino. Su obra refleja una búsqueda constante de luz interior y fe viva, convirtiendo el poema en espacio de contemplación y renovación.
“Está naciendo una alborada… yo alabo al que me dio el don de la palabra.”
AURORA DE PAZ
Ya se oyen los ecos del concierto,
están en pleno ensayo
puedo oír a lo lejos…
La distancia ya es un mito.
Se encienden las estrellas
la luna resplandece,
la piel de mi cuerpo se eriza
y el rocío la humedece.
Está naciendo una alborada.
Aurora que despierta a las cigarras.
En un mundo que se abstrae y evade lo divino.
Yo me acerco a oír correr el río.
¡Por DIOS! Que mensajes
me traen del olimpo.
Un concierto que interpreto y descifro pues los ángeles
escriben en mi libro.
Cada nota en mi pentagrama alisto
las redondas, las fusas, semifusas
las corcheas, las negras ya comienzan a danzar solas
y yo alabo al que me dio el don de la palabra.
Al concierto digo ¡LISTO!
Me rodea la escoria y no la miro
porque mi alma transmuta y levita al paraíso…
Allí donde la maldad del hombre no tiene acceso
porque todo es perfección
y sano juicio…
❃❃❃
ENRIQUE FREDY DÍAZ CASTRO – MÉXICO
Poeta de mirada elevada y palabra firme. Enrique cultiva una lírica espiritual y reflexiva que invita a levantar el rostro, a caminar con nobleza, y a mantener el corazón sereno ante los desafíos. En Mira al cielo, su verso se convierte en brújula, consejo y raíz
“No claves tus ojos en el suelo, levanta la cara y mira al cielo.”
Su poesía es guía luminosa, un canto sereno que recuerda la fuerza interior y la sabiduría heredada.
MIRA AL CIELO
No claves tus ojos en el cielo,
levanta la cara y mira al cielo,
no dobles la cerviz, no tengas miedo,
que el viento sea caricia y sea denuedo.
La vida un día se abrió para retarte,
poniéndote a la vera, desafíos.
El sol, la luna, el cerro, el ancho río
son forja en el criterio y el carácter.
Sé férreo cual la roca en la montaña,
ve seguro como el águila en el vuelo,
no ignores consejos de los abuelos,
y se noble en la lid desde la entraña.
Si el surco la planta se abre paso
y arraigada y valiente busca el agua,
como el remo que impulsa la piragua
desgarrando las redes del sargazo.
De ese modo tú debes ser constante,
separando lo malo de lo bueno,
no te exaltes, compórtate sereno,
analizando sin precipitarte.
Usan mil rostros el odio y engaño,
no te fíes de cualquiera al momento,
revisa los comerciales y gestos
sé cauteloso al pisar el peldaño.
Y no confundas con ser desconfiado
vivir aislado del resto del mundo,
hay en tu esencia potencial profundo
para rodearte del afecto honrado.
Recuerda que tus padres son el puerto
para zarpar y para guarecerte
cuando las tempestades sean fuertes,
ya pasarán para ir a mar abierto.
Escucha también del tiempo el consejo,
la formula se nutre en la experiencia,
de ti dependerá llegar muy lejos
con determinación y con sapiencia.
Que ni el halago banal o burla hiriente
hallen cabida en tu corazón sano,
cada quien posee lo honesto y lo vano
que lo identificará ante la gente.
Tienes derecho a caer no a quedarte
ahí tirado viendo la derrota,
la dignidad es principio que brota
para con nuevos bríos levantarte.
Sé agradecido con DIOS, no lo olvides,
es un valor de todo ser humano;
al que ha caído bríndale la mano
pues la verdad es cáliz que pervive.
❃❃❃
CARLOS GONZÁLEZ SAAVEDRA–ARGENTINA
Poeta del alma cotidiana, cuya obra abraza la ternura y la autenticidad del amor sin disfraces. En Tu verbo, el deseo y la dignidad se entrelazan en un canto claro y directo, donde amar se vuelve acto merecido y esencial.
Mi verbo tiene una palabra que se escribe: MEREZCO.”
Su poesía, sencilla pero intensa, conecta desde lo profundo con quienes aman sin rodeos.
TU VERBO
Hagamos la poesía con,
lo que estamos sintiendo.
Escríbeme los poemas
porque sin ellos, muero.
Voy por todo el universo
Gritando Te quiero
O susurrando a los vientos
Para que llegue a ti, mis versos
Mi verbo tiene una palabra
Que se escribe , MEREZCO
Ahí va mi impronta.
Merezco un amor como el tuyo
Merezco unos ojos negros
Merezco tus caricias, tu espera,
Merezco caminar juntos,
Contigo un sendero.
Con las cabezas gachas
Mirando el suelo
Riéndonos de nosotros y
Contándonos cuentos.
Merezco de ti un TE QUIERO
Merezco de ti, un verbo.
❃❃❃
JAIME HOYOS FORERO-COLOMBIA
Poeta de soneto impecable y emoción vibrante. Su obra funde la forma clásica con una ternura precisa, convirtiendo cada verso en geografía del alma. En El milagro de tu risa, transforma la sonrisa amada en punto cardinal y el amor en brújula lírica.
“El quinto punto cardinal del mundo son tus labios que besan bajo el peso del amor, en su vértice profundo.”
Su poesía es arquitectura del sentimiento, donde lo humano y lo divino se abrazan sin fronteras.
EL MILAGRO DE TU RISA
Despierta ríes, y al reír, tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Si no existieras más que en tu sonrisa
“y solo conociera yo tu boca,”
viviría del goce que provoca
el pájaro canoro de tu risa.
Su dulce timbre musical, hechiza
todo lo que al vibrar su risa toca:
la flor, el alma, el manantial, la roca
y las cuerdas de lira de la brisa.
El quinto punto cardinal del mundo
son tus labios que besan bajo el peso
del amor, en su vértice profundo.
Tu boca es milagrosa como el vino:
se hace en la copa de tus labios, beso,
y honda embriaguez de amor en mi camino.
❃❃❃
LAMBERTO IBÁREZ- MÉXICO
Poeta romántico de alma luminosa. Su palabra acaricia como brisa cálida, exaltando el amor con dulzura y devoción. En Ojos color de miel, convierte la mirada amada en faro, espejo y universo, donde cada verso es suspiro y celebración de lo divino en lo humano.
«Ojos que acarician el mundo, la vida; mírame mujer, el cuerpo que te aclama.”
Su poesía es caricia, luz y suspiro.
OJOS COLOR DE MIEL
Me enamoré de tus ojos color de miel en ellos vislumbro mi horizonte claro; son dos linternas que parecen un faro que recorren amorosos toda mi piel. Ojos bellos, hermosos, lindos de gato que Dios colocó debajo de tus cejas; quisiera que me aprisionen como rejas y ver el mundo a través de ellos un rato. Deseo mirarme en ellos y sean mi espejo; peinarme en ellos mi pelo ensortijado; ver el horizonte; el cielo despejado, las estrellas y la luna en su reflejo. Ojos que acarician el mundo, la vida; mírame mujer el cuerpo que te aclama; mírame en la luz y el amor que te llama; mírame en las noches de lluvia crecida. Tus ojos; dos angelitos en tu cara; ellos cuidan tu rostro, cuidan tus manos, la tierra, las flores y sus campos llanos; miran el agua que en manantial brotara. Si no puedo conquistar tus bellos ojos; no me importa tanto; me enamoré de ellos; son ojos pardos, cafés y son tan bellos que cuando ellos me miran… me sonrojo.
❃❃❃
ANDREA KIPERMAN-ARGENTINA
Poeta de voz directa y emocionalmente vibrante. Su estilo confesional revela tensiones íntimas, deseos profundos y contradicciones humanas. En Tu frialdad es como una nevada, transforma el silencio y el deseo en territorio poético, donde el amor late en lo no dicho
“Esa frialdad que me toca, que me quema… Ese abrazo que derrite mi alma.”
Su palabra es espejo que arde, susurra… y permanece.
TU FRIALDAD ES COMO UNA NEVADA
Esa frialdad que me toca, que me quema,
esa frialdad de tus ojos de hielo,
esa frialdad que traspasa mi dureza,
ese abrazo que derrite mi alma,
ese baile que deja mis noches en vela,
esa dulzura en tu mirada,
envuelta en témpanos de hielo.
Esa piel que envuelve mi cuerpo.
¿Pero quién eres? ¿De dónde te conozco?
¿Por qué siento esto?
Tus palabras, duras y crueles,
hombre de todos y de nadie,
que tampoco eres mío.
Aunque siento que derribé tu helada,
con una sola mirada, con un solo baile,
con un solo suspiro.
No lo vas a admitir, y yo tampoco.
No lo susurras, porque al hacerlo,
caes rendido.
Por eso el silencio,
por eso las palabras no dichas,
por eso el intento de olvidar,
en otros labios, en otros cuerpos.
Pero ahí, en tu memoria, estaré.
Porque yo no soy igual,
y tú lo sabes bien,
aunque no me lo digas,
aunque yo no te lo diga.
Te pienso, te siento,
te extraño, te espero
Me freno, me frenas, me acallas.
Y, sin embargo, te siento.
Quiero verte,
quiero bailar contigo,
quiero abrazarte,
quiero mirarte.
Todo eso quiero.
Y tú te escondes en otras personas,
porque nuestras miradas queman,
queman el corazón.
No te quiero ver.
No te quiero pensar. Como si se pudiera….
Déjame en paz.
❃❃❃
LILIANA LORÁN – ARGENTINA
5embró belleza… y su poesía sigue brotando como lluvia serena sobre la memoria.
Su obra celebra lo sencillo con belleza, convirtiendo el campo y la lluvia en metáforas de renacimiento. En Llegó la lluvia, sus versos caen con la suavidad de una esperanza sembrada, como si cada gota anunciara el regreso de la vida.
“Última humedad deseada para que el fruto gestado guarde el sabor de la tierra que lo acunó en su regazo.”
Su poesía es brisa fértil, canto a la tierra… y memoria que florece entre silencios.
LLEGÓ LA LLUVIA
Tras muchos días de espera
las nubes vienen llegando,
las resetea el viento norte
con su rebenque entibiado.
Vienen bajando tranquilas
y al llegar hasta los llanos,
lluvias copiosas y mansas
bendecirán los sembrados.
Lluvia ansiada de Noviembre
sobre los campos preñados,
de frutales y gramíneas
prestos a ser cosechados.
Última humedad deseada
para que el fruto gestado,
guarde el sabor de la tierra
que lo acunó en su regazo.
Cuando llegue el nuevo sol
sobre los campos regados,
su brillo se hará fragancia
en plantíos aún mojados.
ELSA LORENCES – ARGENTINA (1943–2025)
Elsa escribía con ternura valiente y voz que abraza. Su obra respira amor maternal, luz interior y dignidad silenciosa. En Mi pequeño hijo, convierte la maternidad en un acto de fuerza y plenitud, donde cada verso cobija como un susurro.
“Eres la luz que me alumbra en mi triste caminar.”
Sus poemas siguen cayendo como lluvia suave sobre los días… y en cada palabra suya, palpita una presencia que no se ha ido.
❃❃❃
MI PEQUEÑO HIJO
Mira mis ojos pequeño
y sonríe a tu mamá,
eres la luz que me alumbra
en mi triste caminar.
Si no te tuviera, mira,
yo no sabría que hacer
¡Que sola me sentiría
sin tu anhelado querer!
Cuando te aprieto a mi pecho
deleita todo mi ser
el ansia de protegerte
y a Dios las gracias le doy
que me ayuda a mantenerte.
Sé que muchos me critican
porque no tengo pareja,
pero a ti te tengo hijo
que alivias todas mis penas.
Si hablar pudiera a otras madres
que dudan sobre tenerlos,
les diría que un hijo
es un pedazo de cielo
y aunque cueste sacrificios,
lágrimas dolor y pena,
una sonrisa del niño
vale más que mil estrellas.
Mira mis ojos pequeño
y sonríe a tu mamá,
eres la luz que me alumbra
en mi triste caminar.
❃❃❃
MANUEL LLANEZA BLANCO – ESPAÑA-ARGENTINA (1942-223)
Poeta de raíz filosófica y visión humanista. En Interrogante, Manuel explora las grandes preguntas del ser con una lucidez que abraza el misterio. Su palabra cuestiona sin dogma, y en ese preguntar constante, nos invita a habitar la paradoja de lo humano.
“Éramos, fuimos y somos sin saber lo que seremos.”
Su legado es pensamiento que pulsa, verso que indaga, y huella que trasciende el tiempo.
INTERROGANTE
Desde el fondo de los tiempos
viajamos hacia el destino.
Ahítos de interrogantes
transitamos el camino.
¿Qué éramos antes de ser?
¿Qué somos al estar siendo?
Éramos, fuimos y somos
sin saber lo que seremos.
Acaso fuerza que surge
de un misterio atemporal.
Intentamos explicarnos
nuestro inicio y el final.
Somos la gran paradoja
capaces de amar sin freno.
Cultivar odios sin límites,
mezclando malo con bueno.
Podemos tender la mano
mitigando el sufrimiento.
Qué previamente engendramos
por poder y por dinero.
Cambiamos cual la veleta
para donde sopla el viento.
Sin medir las consecuencias
que llegarán con el tiempo.
La influencia del entorno
condiciona nuestro acervo.
Más eso no nos disculpa
para olvidar lo que hacemos.
No juzgues con inclemencia
si no quieres ser juzgado.
Usando la misma vara
que para ello has usado.
Ni el tiempo con su cedazo
ha sido capaz siquiera,
de tamizarnos las dudas
y aliviar nuestra ceguera.
❃❃❃
MARGA MANGIONE – ARGENTINA
La poesía de Marga Mangione destila melancolía luminosa. En Si no estás, amor…, transforma la ausencia en un canto sutil, donde la naturaleza se convierte en testigo del vacío y cada verso acaricia con delicadeza la herida del amor ausente. Su obra revela una sensibilidad profunda, capaz de mostrar belleza incluso en lo que duele.
“Todo es tan maravilloso que no entiendo por qué estoy tan triste. Debe ser porque no estás».
Sus versos laten en el silencio… y nos hablan desde la sombra que aún guarda ternura.
SI NO ESTÁS, AMOR …
El sol me besa,
el viento me acaricia,
la arena me contiene
el cielo me subyuga
y una gaviota me sorprende.
Todo es tan maravilloso
que no entiendo por qué
estoy tan triste.
Debe ser porque no estás.
Y si no estás, amor…
nadie me besa,
nadie me acaricia,
nada me contiene,
ni me subyuga
y nadie me sorprende.
¿Será por eso
que estoy tan triste?
❃❃❃
SARAH PETRONE – ARGENTINA
Poeta reflexiva, cuya palabra nace desde la conciencia y la ternura silenciosa. En …Y me callo!!, Sarah confronta con firmeza la pérdida de ideales y la indiferencia del mundo moderno, pero lo hace desde un susurro que resiste. Su poesía no busca el grito: elige el silencio como forma de verdad.
El eco de gastados villancicos resuena en mis oídos… y he callado mi voz de poeta porque el mundo no quiere escuchar verdades que me guardo.
Sus versos observan, duelen… y dejan huella como caricias que nacen de la herida.
¡¡ Y ME CALLO!!
Ha pasado un año más sobre la tierra
dejando huellas que son como arañazos,
vestigios de una lucha que germina
y en el alma impiadosa se derrama.
Las luces de algún árbol, todavía
titilan a lo lejos. Sus guirnaldas
nos recuerdan
nos recuerdan la perfecta cercanía
del Niño que en el Pesebre fue acunado.
El eco de gastados Villancicos
resuenan en mis oídos, y he callado
mi voz de poeta porque el mundo
no quiere escuchar verdades
que me guardo.
Retomaron pasiones repetidas
después de la Navidad , y desnudaron
la misma mezquindad que los margina,
en cuanto los Reyes Magos se marcharon.
la Estrella de Belén perdió de vista
la dulce sonrisa que alumbraba
y partió alejándose sin prisa,
por si alguien, aún quisiera reencontrarla.
Detrás de la vorágine de la vida,
todo es valía para el ser humano
que esconde en oscuros corazones
las ansias de morir sin ideales.
Importan más las guerras fratricidas,
los sueños sin compartir, los días vanos
en la búsqueda de la razón que ya han perdido
malogrando el futuro de su raza.
En medio de alguna nube, se empecina alguien
que mira tendiéndoles las manos,
que sólo se arrodilla y se persigna.
Y lo veo ante mis ojos…
Y me callo!!
❃❃❃
SUSANA PIÑEIRO – ARGENTINA
Poeta luminosa y espiritual. Su obra invita a la renovación interior y a la esperanza activa, donde la fe y el amor son el motor de cambio. En Nueva Aurora, convoca al Espíritu a disolver la sombra y sembrar luz en cada corazón. Su verso es oración que se transforma en impulso vital.
“Solo el Amor nos eleva y solo es él quien nos construye.”
Sus poemas florecen como amaneceres: calmos, fértiles… y decididos a transformar.
NUEVA AURORA
¡Sople, sople Tu Espíritu trayéndonos nuevos aires,
llévese todo el odio, la violencia y desazón,
renuévese la Tierra desde su propio centro
y resurja lo bueno en cada corazón!
Es el Amor del Creador, el que todo lo sostiene
aquél que nos da la fuerza para intentarlo otra vez,
para apostar a lo bello buscando nuevos caminos
para que todo lo yerto hoy vuelva a reverdecer.
Solo el Amor nos eleva y solo es él quien nos construye,
a veces ganamos más cuando aceptamos perder…
pues pongámonos en marcha, ya cesemos tanta queja
para que juntos veamos un radiante Amanecer.
❃❃❃
MARÍA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ – ESPAÑA
Poeta de sensibilidad profunda, cuya voz abraza la esencia femenina con luz y dignidad. En Mujer, sus versos celebran la entrega, la fuerza y el renacimiento, convirtiendo cada palabra en homenaje a la vida que pulsa y transforma.
“Eres ola que besa las orillas, llama que abrasa… y tierra que se abre en alegrías.”
Su poesía es fuego sereno, raíz fértil… y canto que florece en cada alma que busca verdad.
MUJER
Se abrieron los panales de los cielos
y surgiste cual gota derramada
de una celda de mieles desbordada
anegando en dulzura áridos suelos.
Fuerte roca tallada en los anhelos
de dar amor y entrega en la escalada
de una vida por siempre enamorada
alcanzando tu cenit con desvelos.
Eres ola que besa las orillas
de las playas sedientas y vacías.
Eres llama que abrasa con su aliento
Las cúspides heladas y amarillas.
Y eres tierra que se abre en alegrías
cuando la vida en ti es resurgimiento.
❃❃❃
Y si alguna vez el silencio pesa, deja que estos versos te abracen. Aquí, la poesía siempre tiene voz.
https://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00el-administradorhttps://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngel-administrador2025-07-21 22:30:062025-07-21 23:28:41MIS AMIGOS POETAS
«Donde la palabra es marea y el poema es puerto, aquí todo es poesía. Que cada ola traiga un verso y cada brisa susurre inspiración.»
«Todo el contenido de esta página está protegido por derechos de autor. Se permite compartirlo, siempre y cuando se cite la fuente y se reconozca la autoría. No copies sin atribuir, respeta el esfuerzo y la creatividad detrás de cada palabra. Si lo llevas contigo, hazlo con honor y reconocimiento.»
⋆。°✩。⋆
Los hijos son palabras que se hicieron carne, versos que salieron del pecho sin borrador, miradas que aprendieron a nombrar el mundo con la voz que un día les cantó amor.
Son espejos que no devuelven lo mismo, porque en ellos vemos lo que fuimos y también lo que nunca seremos, como si el tiempo tuviera doble ritmo.
Los hijos son viento que ya no se detiene, pero aún huele a casa cuando pasa, son preguntas que ya no necesitan respuesta y abrazos que curan sin decir nada.
Nos enseñan a soltar sin perder, a mirar sin exigir, a amar sin condiciones, como quien riega sin saber si florecerá.
Yo les miro desde mi otoño sereno, con hojas en las sienes y flor en el alma, y les digo: “Gracias por ser camino, aunque a veces no sepa dónde acaba.”
⋆。°✩。⋆
LOS NIETOS
Los nietos llegan como brisa nueva, con risas que despeinan la nostalgia, con pasos que no saben de fronteras y abrazos que desarman la distancia.
Son preguntas envueltas en caricias, miradas que aún no temen al abismo, y cuentos que se inventan sin malicia como si el mundo fuera puro optimismo.
Nos miran como quien descubre un mapa, como quien huele el pan recién horneado, y en sus juegos nos devuelven la capa de héroes que creímos ya olvidado.
Los nietos no saben que son milagro, pero lo son, en cada gesto suyo: cuando ríen, cuando lloran, cuando halagan, cuando nos enseñan a ser más tuyos.
Yo les miro desde mi otoño lento, con hojas en las sienes y flor en el alma, y les digo: “Gracias por el viento que me devuelve la calma.”
⋆。°✩。⋆
LOS NIÑOS
Los niños caminan sin saber que sus pasos ya dibujan mapas, que sus risas tienen el poder de mover las nubes y abrir ventanas.
No saben que son mar en miniatura, con olas que aún no rompen del todo, con espuma que se ríe de la altura y sal que cura sin pedir modo.
Llevan charreteras invisibles, hechas de barro, de sol y de preguntas, y cuando tropiezan, no caen: se transforman en cuentos que buscan respuestas.
Los niños no saben que son poetas, pero escriben con migas, con crayones, con silencios que dicen más que mil letras y gestos que sanan corazones.
Yo les miro desde mi otoño, con hojas en las sienes y flor en el alma, y les digo: “No corráis tanto, que el mundo os espera con calma.”
⋆。°✩。⋆
OTOÑO EN MIS SIENES
Tengo el otoño en mis sienes, hojas doradas que el tiempo ha posado como coronas de sabiduría sobre mi frente que ya no corre, pero aún contempla.
El viento me habla en voz baja, me dice que no todo lo que cae se pierde, que hay belleza en la desnudez del árbol y paz en la lentitud del paso.
Pero mi corazón, ay, mi corazón, sigue brotando como abril sin calendario, como jardín que no se rinde, como flor que no pregunta si es otoño.
Late con la fuerza de lo que ha amado, con la ternura de lo que ha perdonado, con la alegría de lo que aún espera sin exigir promesas.
Tengo el otoño en mis sienes, pero el alma no se enfría. Y si el cuerpo se cubre de ocres, el corazón se viste de pétalos.
Porque hay primaveras que no dependen del clima, ni del reloj, ni del mapa. Hay primaveras que nacen donde alguien decide seguir amando.
⋆。°✩。⋆
BUENOS DÍAS ALMA VIAJERA
Hoy el sol se ha despertado con ganas de escribir contigo. Ha extendido sus rayos como versos tibios sobre la piel del mundo, y cada rincón parece susurrar: “Despierta, que la belleza te espera.”
Que este día te abrace con la dulzura que tú regalas al universo. Que cada gesto que hagas —por pequeño que parezca— sea un hilo más en el telar invisible de la esperanza.
Hoy no hace falta correr. Basta con mirar el cielo y recordar que estás viva, que tus palabras tienen peso, que tu silencio también canta.
Si tropiezas, que sea con una flor. Si lloras, que sea de emoción. Y si dudas, que sea solo para volver a elegirte.
Porque tú, alma luminosa, no solo caminas por el mundo: lo transformas
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EL MAR QUE ME HABITA
Aunque no lo vea, sé que está ahí, como un latido azul bajo mi piel, como un susurro antiguo que me llama desde la orilla invisible de mi ser.
El mar me nombra sin voz ni rostro, me envuelve en su aroma de sal y viento, y aunque la distancia lo esconda un poco, yo lo siento cerca… lo llevo dentro.
Puedo pasear por su arena sin moverme, jugar con las olas en mi pensamiento, dejar que me acaricie los pies el recuerdo de cada espuma que rozó mi tiempo.
Escucho su canto en el silencio, en el rumor de hojas, en el vaivén del alma, y su perfume llega como un milagro cuando el aire se vuelve calma.
Vivir cerca del mar no es geografía, es pertenecerle sin condición, es saber que en cada paso que doy hay una ola esperándome con devoción.
Porque el mar no es solo agua y horizonte, es refugio, es juego, es contemplación, es ese lugar donde todo se entiende sin palabras, sin miedo, sin explicación.
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CUANDO EL VERANO SE DESPIDE
El verano se va, sin prisa, sin ruido, como un huésped que deja la casa en orden, con la arena aún tibia y el sol en los hombros, pero con la mirada ya puesta en septiembre.
Se despide en susurros, en tardes más cortas, en la brisa que cambia de aroma y de tono, y en el mar que aún canta, pero más despacio, como si supiera que el otoño se asoma.
Y llega él, el otoño, con su paso sereno, con sus hojas que caen como cartas del tiempo, tapizando el suelo de memorias doradas, con su melancolía que no duele, que abraza.
El árbol se desnuda, pero sigue en pie, resiste la lluvia, el viento, el silencio, y en su quietud nos enseña que perder también puede ser una forma de paz.
El otoño me invita a pasear por la orilla, a escuchar el rumor de lo que ya fue, a oler la nostalgia sin miedo ni prisa, a saber que todo vuelve, aunque cambie de piel.
Y yo lo recibo con los brazos abiertos, como quien entiende que el ciclo es sagrado, que el verano se va, sí… pero deja semillas, y el otoño las cuida, las mece, las guarda.
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EL OTOÑO EN MI ALMA
Los años pasan como hojas al viento, y los sueños, que antes ardían intensos, se tornan susurros, se visten de calma, se acomodan en rincones del pensamiento.
Ya no persigo estrellas inalcanzables, ni corro tras promesas que se desvanecen; ahora contemplo el cielo con otros ojos, y agradezco la luz que aún permanece.
El otoño ha llegado a mi vida sin ruido, con su manto de ocres, con su paz dorada, y aunque las hojas caen, el árbol sigue en pie, firme, sabio, con raíces bien ancladas.
Ya no temo al viento ni a la lluvia fría, porque sé que cada tormenta trae enseñanza, y que la melancolía no es tristeza pura, sino el arte de mirar con esperanza.
Camino despacio por la orilla del tiempo, dejando que las olas me cuenten historias, y en cada paso descubro que vivir es aceptar los cambios sin perder la memoria.
El otoño no es final, es transformación, es la estación donde el alma se desnuda, y en su silencio, en su ritmo pausado, encuentro la belleza más profunda.
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DESDE NIÑA EL MAR ME LLAMABA
Tuve una infancia feliz, bordada de espuma, con el Cantábrico rugiendo tras mi ventana, y yo, pequeña, lo miraba en silencio, quizá asustada… pero siempre fascinada.
Cuando bajaba a la playa, lo contemplaba como quien escucha un secreto antiguo, y sentía que él también me miraba, con sus ojos de sal y su aliento infinito.
Me adentraba muy despacio en su orilla, dejando que su frescor me despertara, y cada ola era un abrazo sin palabras, una caricia que el alma recordaba.
Desde niña, el mar me llamaba, con voz de viento y perfume de algas, y yo acudía, como quien vuelve a casa, como quien encuentra su raíz más clara.
Despertó en mí un amor hecho de miel, de juegos, de calma, de contemplación, y aún hoy, cuando lo escucho desde lejos, mi corazón responde con devoción.
Porque el mar no fue paisaje ni frontera, fue compañero, refugio, revelación, y en cada ola que rompe en mi memoria vuelve a nacer mi primera canción.
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APRENDIZAJE
La vida me ha enseñado que todo es pasajero
y las palabras son como un suspiro al viento;
a no rendirme a ciegas al verbo lisonjero
y que el mayor milagro es el primer aliento.
Que tan sólo los ríos siguen un rumbo fijo
y todos los caminos conducen a un final;
También que no es la fe aferrarse a un crucifijo,
sino tomar conciencia de qué es el bien y qué es el mal.
Que el llanto es medicina que dulcifica el alma
y la risa es un modo de agradecer a Dios,
que toda tempestad trae una inmensa calma
y para iniciar guerras se necesitan dos.
Que amores verdaderos son cual verano ardiente
con gotas de rocío que donan su frescor,
y son grata tibieza en un invierno hiriente;
la mano que sostiene cuando falta vigor.
Que al alma, igual que al río, la ensucia el recorrido,
es clara y pura el agua al salir del manantial,
si el paso va dejando al espíritu abatido
el cuerpo es sólo lecho, el alma es inmortal.
Y si vivir nos lleva a etapas de renuncia
también hay estaciones colmadas de bonanza;
aun el cielo más negro la claridad anuncia,
el tiempo sana heridas y brota la esperanza.
Si lo ignoto amedrenta el exiguo entendimiento,
la vida es como el cielo… con cenit y nadir,
es un suspiro, un viaje, es un fugaz momento,
con el amor que llega empezaré a vivir.
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DESDE LA MADUREZ
El amor con el tiempo es subyugante,
avanza a paso firme, sin apuro,
envuelve cual elixir embriagante
hilvanando con sueños el futuro.
Se reviste de fuego y de inocencia,
de vehemente pasión y de quietud;
conoce de placer y penitencia,
conoce de arrebato y de virtud.
Se anida en el silencio de las horas
para expresar con férvida pasión
que un beso tiene luz de mil auroras,
que un beso es infinita seducción.
Y sabe que la luz de una sonrisa
envuelve sutilmente entre sus velos
el mágico placer de una caricia,
las notas más sublimes de un te quiero.
Así te quiero yo, con mis silencios,
con el invierno besándome las sienes,
reviviendo con el néctar de tus besos,
ansiando siempre de tu boca mieles.
Así te quiero yo, serenamente,
con el ímpetu de la ida juventud,
y te amaré en el tiempo, eternamente,
con la calma de la pronta senectud.
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CANTO MARINO
Profundo, silencioso, soñoliento,
de hechizante quietud, fuerte, imbatible;
tus sutiles susurros trae el viento,
como un canto de amor, suave, invisible.
No tienes la altivez de la montaña
pero ostentas visión de lo infinito;
si misterios ocultan tus entrañas
hoy mi pesar en ti yo deposito.
Eres cual seductor irresistible;
yo, átomo imperceptible en el oleaje,
te muestras por momentos apacible,
en otros tienes arrojos de salvaje.
Ante tu vastedad y poderío
nada se te resiste si despiertas;
sucumbe frente a ti todo navío
y quedan ante ti playas desiertas.
Al ver tu inmensidad y tu prestancia
se entrega el alma al éxtasis, serena,
mas sometes tu porte de arrogancia
al cubrir de besos blancos esa arena.
Quiero adentrarme en ti, libre, sin velas,
sin remos, sin timón, ir a tu origen…
mirar estrellas brillar cual lentejuelas
y sentir que cielo y mar mi vida rigen.
Esa extraña atracción tan embriagante
de apariencia de un mundo sempiterno
sea tal vez la proyección distante
de la paz que nos dio el vientre materno…
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AMOR ATARDECIDO
Amor, dulce amor atardecido
que llegas cual aurora en el invierno;
despertar de un tiempo adormecido,
fruto silvestre que brota dulce y tierno.
Evocación de gratas sensaciones
que los años cubrieron con olvido;
amor que llega sin precisar sus razones
como el aroma tan fino del rosal escondido.
Un sueño eres, eres mi querido sueño
que inunda el pensamiento de ilusiones;
un canto abstracto, mágico y halagüeño
que se abre tan libre, exaltando emociones.
Fantástica ilusión, quizá un espejismo,
distante oasis, un cálido lamento;
caminar entre un cielo y un abismo,
beso que se convierte en un suspiro al viento.
Si es que el destino ya viene establecido
y un amor predispuesto se extravía,
aunque camine confuso y aterido
quizá al llegar a su puerto al fin sonría.
Pero el silencio se torna en enemigo
enterrando el sentimiento y la esperanza;
pudo ser un edén vivir contigo…
pudo ser, pero todo es remembranza.
Tarde te amé, quizá así estaba escrito,
fue la palabra una lenta caravana
pero el amor nunca acaba, es infinito
y será un grato recuerdo del mañana.
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DESNUDEZ
Son mis versos simples frases, cual cometas de papel
pretendiendo ser estrellas con destellos de oropel;
son suspiros en el aire, simples pompas de jabón
son castillos en la arena, una historia, una ficción.
Son vaivenes apacibles de algún barco sin anclar
que surcando los océanos no tiene fijo un lugar;
mas si acaso un remolino lo sumerge sin piedad
surge intacto de las aguas y navega en libertad.
Son tristeza que se borda con sonidos de cristal,
que impotente y abatida se transforma en metal;
otras veces son jazmines intentando perfumar
la amargura de una pena que lastima sin cesar.
Son amores silenciosos ocultos en el umbral
que aferrados a esperanzas no tendrán nunca final;
un bello ángel que sonriente se ha escapó del edén,
son las manos pequeñas que me dieron sostén.
Yo quise pintar diamantes y oro envuelto en resplandor
proyectando luz brillante y del campo su verdor;
y aunque sé que mis afanes no alcanzaron su misión
sólo desnudé mi alma, sólo habló el corazón.
Acaso tan sólo sean cantos vanos de un ayer,
estertores de un volcán que se quiere adormecer;
o la búsqueda extenuante de una sacra melodía
que en sus notas me devuelva la magia y la fantasía.
Quiero luz en mi ventana, quiero el vuelo del halcón,
un árbol que me dé abrigo, quiero un sueño, una visión;
si se me extravió el camino fue por propia voluntad,
porque amé con los sentidos, con el alma, con verdad.
Hoy dejo desde mis sombras sólo un canto de amor,
un por siempre… un hasta pronto, un abrazo… una flor;
si la rima se escapa queda aún la palabra;
quizás al dormir los versos otra puerta se me abra.
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Aquí confluyen las voces que cruzaron umbrales, las que llegaron desde la orilla, las que se mojaron sin miedo. Esta página es marea, es tránsito, es compañía. Bienvenidas las palabras que acarician, las que arrastran, las que reconocen.”
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El otoño
Hace días que llegó el otoño. No es solo una estación entre equinoccio y solsticio, sino también metáfora de la transitoriedad, del cambio, del pálpito interior.
Como los ciclos humanos, los árboles han dado sus frutos. Las hojas pierden su verde, se tornan ocres, marrones, rojizas… y caen, perseguidas por el viento. El árbol se aprovisiona, se despoja de ornamentos, se centra en lo esencial.
Tras la infancia primaveral y la juventud veraniega, llega la madurez otoñal. Y con ella, la reflexión. Las ilusiones, los pensamientos, los ideales… se deshacen como azucarillo en café caliente. Ya no hay espacio para fingimientos. El tiempo apremia.
Es tiempo de desnudez, de claridad. Ahora los árboles desnudos sí nos dejan ver el bosque que hay detrás.
“Aprovechemos el otoño / antes de que el futuro se congele / y no haya sitio para la belleza / porque el futuro se nos vuelve escarcha.”
“El otoño no es un final, es el arte de aprender a soltar sin perder la belleza.”
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Hojas que caen y brotes que nacen: fusión de estaciones
Mientras en el norte los árboles se despojan, en el sur florecen. Mientras aquí aprendemos a soltar, allá se ensaya el renacer. Y sin embargo, ambas estaciones comparten algo esencial: la belleza del tránsito, la poesía del cambio, la verdad del ciclo.
El otoño nos enseña a mirar con claridad, a quedarnos con lo esencial, a dejar ir sin perder la memoria.
La primavera nos invita a confiar, a abrir los brazos al brote, a celebrar lo que aún no sabíamos que estaba vivo.
Y tú, lectora o lector sin mapa, puedes elegir en qué estación habitar. Porque Marea de Palabras es hemisferio compartido, es orilla donde las hojas caídas y los pétalos nuevos se abrazan sin pedir permiso.
Gracias por el otoño que desnuda, por la primavera que promete, por los hemisferios que se cruzan y por las palabras que florecen en cada estación.
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Escribir sin buscar premio
En un mundo donde la visibilidad parece ser la medida del valor, hay quienes escriben en silencio. No buscan aplausos, ni vitrinas, ni medallas. Escriben porque no saben no hacerlo. Porque las palabras les brotan como raíces, como refugio, como forma de estar en el mundo.
Estas voces no compiten. No por falta de talento, sino por exceso de verdad. Y aunque no aparezcan en rankings ni titulares, sus textos tienen una fuerza que no se mide: la de tocar sin ruido, la de permanecer sin nombre.
La escritura, cuando nace desde lo íntimo, no necesita testigos. Hay quienes escriben en libretas que nadie ha visto, en márgenes de agendas, en servilletas de café. No hay contrato, no hay exigencia, solo necesidad.
Escribir sin buscar premio es como sembrar sin esperar cosecha inmediata. Es confiar en que la palabra tiene su propio destino, aunque no siempre pase por el escaparate.
Cuando no se escribe para competir, se escribe con libertad. No hay moldes, no hay fórmulas, no hay miedo al rechazo. La voz se vuelve más auténtica, más valiente, más propia.
Y esa libertad, aunque invisible, es poderosa. Porque permite explorar, equivocarse, reinventarse. Escribir sin gustar es escribir sin pedir permiso.
A veces, después de años de escritura silenciosa, llega el momento de compartir. No por vanidad, sino por justicia poética. Porque también esas voces merecen ser leídas, valoradas, reconocidas.
Presentarse a un concurso no significa traicionar la esencia. Significa confiar en que la autenticidad también puede tener lugar en espacios públicos.
¿Y si no se gana? ¿Y si no hay respuesta? Entonces queda lo más importante: el texto escrito, la emoción compartida, la fidelidad a una voz que no se vendió.
El verdadero premio no está en el trofeo, sino en la permanencia. En saber que se ha dicho lo que se quería decir, sin disfraz, sin estrategia, sin ruido.
La voz que no compite no es débil. Es profunda, libre, y muchas veces… inolvidable. Porque no busca trofeos, busca verdad. Y en esa verdad, encuentra su fuerza.
“Porque hay voces que no buscan escenario… y aún así iluminan.”
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Julio, en los dos mundos
Julio. Un mes con dos pieles: una que suda el sol sin tregua, y otra que se arropa en lana y sombra.
En el hemisferio norte, las calles vibran de luz y sal; las ventanas se abren de par en par y los cuerpos buscan aire como quien busca respuestas. Las noches, espaciadas y tibias, invitan a quedarse un poco más. En cada esquina, una terraza, una carcajada, una promesa sin horario.
Mientras tanto, en el sur… las tazas humean entre manos cerradas, las casas se encierran en sí mismas como pájaros que se pliegan las alas. Las ventanas respiran despacio, y cada bufanda es un abrazo discreto. No hay exceso, solo latido lento.
Dos mundos tan distintos, y sin embargo, tan en espejo. Porque en ambos, julio ofrece umbrales:
– Uno hacia el descanso, la lentitud y lo blando. – Otro hacia lo crudo, lo incierto, lo que pide paciencia.
En el norte, el calor abruma… pero también abre. 🌧️ En el sur, el frío encoge… pero también protege.
Y en esa danza opuesta, algo se revela: no importa la estación del cuerpo, si el alma sabe detenerse.
Quizás eso sea julio, en cualquier punto del mapa: la mitad exacta del año que nos susurra: “Estás aquí. Aún no es tarde. Aún puedes cambiar el paso.”
Y así cruzamos julio… con el alma entre hemisferios, con el cuerpo dividido entre mantas y abanicos, pero con el corazón completo en cada estación.
Porque no importa si afuera arde el asfalto o cruje el invierno: hay un umbral que siempre espera — el de adentro.
Ese donde se escucha mejor, donde las estaciones no son meteorológicas, sino emocionales.
Ese donde tú, lectora o lector sin mapa, eliges si sigues corriendo… o te quedas, mirando cómo la vida también sucede en lo que se detiene.
Y entonces sí: julio se convierte en hogar, aunque el clima no coincida.
El fuego y el hielo se dan la mano. Y la palabra… encuentra calor incluso en el lado frío del mundo.
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San Juan desde mi terraza
Porque el mundo necesita menos miedo… y más fuego que ilumine.
Cada año, cuando cae el 23 de junio, el mundo parece detener la respiración. Las hogueras empiezan a arder como corazones antiguos, y las playas se convierten en altares de alegría primitiva.
Allí están, familias enteras, amigos, desconocidos que por una noche se sienten tribu. Comen, cantan, bailan, y cuando el reloj marca las doce… el fuego estalla en luz, y todo lo viejo empieza a desprenderse como piel que ya no abriga.
No participo —no salto llamas, no mojo mis pies en la sal— pero desde mi terraza los observo, y algo en mí arde también. Una parte mía danza con ellos, aunque no me vean. Porque hay una belleza que no necesita tocarse para sentirse: la de la conexión con el fuego, con el agua, con la esperanza de que todo puede renovarse.
El mar los recibe siete veces, como dicta la tradición. El fuego consume papeles con deseos escritos, miedos anotados, culpas calladas. San Juan… noche en que lo invisible se vuelve posible.
Y entonces me nace el deseo más hondo: que el fuego purifique, sí. Pero también que ilumine. Que queme las sombras que impiden al ser humano mirar al otro con ternura. Que dejemos de adorar al dios poder, y volvamos a creer —sin cinismo, sin prisa— en lo mejor de nosotros.
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Voz de San Juan
Soy la noche encendida, canto antiguo de fuego y espuma.
En mi piel arde el recuerdo de todos los deseos que aún no se atreven.
Mi nombre lo susurran los pies desnudos que pisan la arena,
los ojos que miran el mar como si en él viviera la esperanza.
Traigo papeles doblados, llenos de miedos escritos con temblor.
Traigo manos que se sueltan y otras que se encuentran sin saber por qué.
Y tú, que no me bailas ni me saltas, también eres mía.
Me miras desde tu altura serena y yo te alcanzo sin pedir permiso.
Porque esta noche… no hay distancias entre el fuego y el alma.
Solo cuerpos que se purifican, y silencios que se encienden sin arder.
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La voz del Mar
Yo soy el que espera en la orilla,
vestido de luna y sal.
Cada año regreso,
a recibir deseos con las manos abiertas.
Ellos vienen a mí con pies temblorosos,
a curarse, a confiar.
Saltando hogueras para olvidar,
pero son mis olas las que susurran el perdón.
Guardo en mi pecho secretos y promesas,
papeles mojados, risas , y la ceniza
de lo que quema pero no vence.
Esta noche, cuando me crucen siete veces,
yo no contaré pasos, solo esperanzas.
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Diálogo entre el Mar y el Fuego — Noche de San Juan
MAR: Vengo a ti, Fuego danzante, con mi vestido de espuma y calma. ¿Escucharás las penas que traigo de tantas almas que buscan el alba?
FUEGO: Yo ardo para sanar las memorias, para quemar lo que ya no late. Ven, cuéntame lo que el agua no olvida, y haré ceniza lo que desgaste.
MAR: Traigo cartas que nunca se enviaron, sueños varados, promesas al viento. Mis olas arrullan y las devuelven, pero aún lloran algunos intentos.
FUEGO: Dámelo todo: miedos, culpas, errores, que esta noche no juzga, solo enciende. Si alguien salta mis llamas con fe, volverá más liviano… y valiente.
MAR: Entonces yo los recibiré en la orilla, cuando hayan cruzado tu ardiente umbral. Les lavaré los restos del pasado, y les susurraré: “vuelve a empezar”.
FUEGO: Brilla conmigo, hermano salado, que juntos somos el rito y la voz. Tú, que acaricias desde lo hondo… yo, que ilumino con feroz amor.
AMBOS: Esta es la noche, este el instante. Que salte el corazón, que cante el cuerpo. Aquí se funden el fuego y las mareas… y el alma baila sin tiempo.
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Querido Verano,( Hemisferio Norte )
Llegas con la piel en llamas y las horas dilatadas, como un suspiro que se extiende sobre los días. Te recibimos entre aromas de sal, risas más sueltas y un tiempo que parece detenerse entre los limones y la sombra.
Eres la estación del exceso y el despojo, del cuerpo que se suelta y del alma que se atreve. El sudor cuenta secretos que no dijimos, y el cielo, más cercano, parece invitar a soñarlo todo.
Tus tardes son incendios dorados, tus noches… jardines abiertos al deseo. En cada esquina, una canción, una fruta, una posibilidad.
Nos enseñas a vivir sin abrigo, a mostrarnos sin miedo. Las aceras se llenan de pasos lentos y las almas se abren como abanicos. Hay algo en tu calor que desarma lo solemne y devuelve la risa a su lugar sagrado.
Y aunque no todos aman tus fuegos, tú sigues ahí, implacable, recordándonos que también somos sudor, desorden y pasión.
Bienvenido seas, querido Verano. Que tus días largos nos enseñen a habitar el presente y que tu fuego no nos queme… sino que nos despierte.
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Querido Invierno, ( Hemisferio Sur )
Con tu llegada pausada y tu manto de silencio, te recibimos con la quietud del que sabe esperar. Tus días breves y tus noches extendidas nos invitan a recogernos, a encender la lámpara interior y a mirar hacia adentro.
Eres la estación del fuego bajo y la palabra dicha en voz baja. El instante en que el alma se arropa y la esperanza hiberna sin extinguirse. Nos enseñas que no todo florece a la vista… pero que todo germina en lo invisible.
Los paisajes visten su desnudez con dignidad. Los árboles, sin hojas, nos muestran la belleza del esqueleto honesto. Y en esa aparente muerte, se prepara la vida que vendrá.
Tus pasos crujen sobre la escarcha, y en cada aliento se dibuja una nube que nos recuerda que seguimos vivos. Las chimeneas hablan con humo, las tazas con vapor, los ojos con más ternura que palabras.
Invierno, traes contigo la promesa del renacer, aunque aún no haya brote. Nos enseña a tener fe en lo que aún no se ve, a latir lento, a abrazar el silencio como un canto.
Bienvenido seas, querido Invierno. Que tu abrazo frío sea también refugio, y que tus días grises nos revelen la luz que llevamos dentro.
“Tengo el invierno rondándome las sienes, pero mi corazón está en eterna primavera.”
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La tormenta
El cielo se oscurece y una calma opresiva anuncia la llegada de la tormenta. Los primeros truenos retumban en la distancia como el rugido de un gigante despertando. De repente, el firmamento estalla en mil pedazos y una cortina de lluvia torrencial se abalanza con furia sobre la tierra. El golpe ensordecedor de las gotas contra el suelo y los tejados va acompañado de relámpagos que rasgan la oscuridad, iluminando por un instante el caos natural. Cada trueno sacude el corazón, encoge el alma con su poder. Y, sin embargo, hay una belleza indomable en este espectáculo: la naturaleza desatada recuerda su fuerza soberana, como si un artista invisible pintase su obra maestra. > > Las calles se convierten en ríos improvisados. Cada gota, con vida propia, salta y danza en un frenesí sin fin. El viento, cómplice de la tormenta, susurra secretos antiguos al oído de los árboles, que se inclinan y crujen bajo su embate. > > Es una sensación dual: asombro y temor, maravilla y respeto. La furia limpia el aire, arrastra las impurezas y deja tras de sí un mundo nuevo, fresco y vibrante. Cuando finalmente amaina, el silencio que sigue es casi sagrado, como si la propia naturaleza exhalase alivio. Estas lluvias torrenciales nos enfrentan a nuestra pequeñez frente a lo incontrolable… y, al mismo tiempo, nos enseñan a valorar la calma que llega después.
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Envejecer
Envejecer no es perder, es transformar. Es aprender a soltar lo que pesa y abrazar lo que realmente importa. Es descubrir que la belleza nunca estuvo en el reflejo, sino en la historia que tejemos con cada paso.
Es mirar atrás sin arrepentimiento, entender que cada cicatriz es una línea en nuestro relato, que cada risa dejó su eco en el viento. Es dejar ir lo que no suma, y encontrar en lo sencillo la grandeza que siempre estuvo ahí.
Envejecer es el arte de caminar más lento, pero con mayor certeza. De elegir sin miedo, de valorar a quienes se quedan y despedir sin dolor a quienes parten. Es descubrir que no hay prisa, ya que, la vida sigue latiendo en cada nuevo amanecer.
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El arte invisible de cambiar
Hay transformaciones que no hacen ruido. No son caídas ni ascensos. Son más bien desplazamientos suaves hacia un lugar más cómodo dentro de una misma.
Con el tiempo, uno empieza a dejar de discutir consigo misma. Deja de pedir tanto. Y empieza, por fin, a recibir. Recibe amor sin miedo, compañía sin necesidad, silencio sin incomodidad.
Lo que antes era desorden, ahora es textura. Lo que parecía debilidad, ahora es ternura.
Ya no se trata de lograr, sino de cuidar. De recoger los días como quien recoge moras en un cuenco de barro: sin prisa, con gratitud.
La amistad adquiere otro color. El amor también. Y de repente, un mensaje inesperado, una mano tendida o un poema que no pide nada… son tesoros.
El cuerpo cuenta historias con cada línea, y el alma aprende a no interrumpirse. A mirarse al espejo con afecto. A no querer volver atrás.
Hay un instante —quizá hoy, quizá ahora— donde comprendemos que estamos bien así. Y en ese punto exacto, sin fuegos artificiales, comienza la verdadera libertad. Y si hemos cambiado… que así sea.
Porque también hay luz en lo que ya no somos, y un hogar en lo que hoy, por fin, abrazamos. Quizás crecer no era escalar montañas… sino aprender a sentarse en la cima de una misma, sin miedo a quedarse quieta. Ya no corro, no me escondo, no me excuso. Solo camino… más despacio, sí, pero más cerca de mi.
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JUNIO: ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA, EL MOVIMIENTO Y LA TRANSICIÓN
Junio llega como un punto de inflexión, un umbral entre lo que hemos recorrido y lo que aún nos espera. No es solo el sexto mes del año: es un instante de luz y sombra, de caminos abiertos, de decisiones que marcan el rumbo.
El solsticio de verano se acerca en el hemisferio norte, extendiendo los días hasta su límite, envolviendo todo con la intensidad de su brillo. Mientras tanto, en el sur, el invierno reclama su espacio, invitándonos a la introspección, al recogimiento necesario antes de emprender una nueva marcha.
Así es junio: una danza entre opuestos, una invitación a moverse, a explorar, a redefinir lo que somos. Cada viaje que emprendemos—sea externo o interno—es una puerta hacia lo desconocido. Y cada paso nos exige confrontar nuestras propias sombras, descubrir lo que realmente nos impulsa.
La luz y la oscuridad no son enemigos; son fuerzas complementarias que nos enseñan a mirar más allá de lo evidente. Hay momentos para correr hacia el horizonte y otros para detenerse y escuchar el eco de nuestro interior. Junio nos recuerda que el equilibrio entre ambos es lo que nos hace avanzar.
«En este tránsito entre luz y sombra, entre movimiento y pausa, el mundo también cruza un umbral. Las decisiones de unos pocos marcan el destino de muchos, y la historia nos observa. La pregunta es: ¿seremos capaces de encontrar equilibrio entre lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser?»
Y así, en este mes que arde en luz, también llegan las Hogueras. En muchas orillas del mundo —y especialmente en tierras de fuego mediterráneo—, junio enciende su ritual: el fuego que purifica, que deja atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Saltamos llamas, escribimos deseos, y entregamos al aire lo que ya no queremos cargar.
Porque junio también es eso: una llama que transforma, una oportunidad de renacer entre brasas y esperanza.
Ya sea que caminemos por senderos reales o por los caminos de nuestra propia mente, junio nos reta a seguir adelante. Porque todo cambio es movimiento, y en ese viaje, encontramos nuestra verdad.
«Porque, en tiempos de incertidumbre, la palabra es resistencia. Que las letras atraviesen fronteras, desafíen silencios y sean luz en la sombra.»
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ENTRE AUSENCIAS Y ABRAZOS
A veces los sentimientos acarician como brisa. Otras… arrasan como tormenta. Nos traspasan sin pedir permiso. Nos transforman, nos sacuden, nos enseñan a querer… y también a soltar.
El dolor no siempre grita. A menudo se esconde en los silencios compartidos, en las palabras que nunca dijimos, en una mirada que evita la nuestra. Hay decepciones que no dejan marcas visibles… pero duelen como si las llevaras tatuadas en el pecho.
Y sin embargo, hay días en los que basta poco: un abrazo espontáneo, una palabra sin juicio, alguien que escucha de verdad sin intentar arreglarnos.
Eso… eso a veces salva.
Porque sí, los sentimientos duelen. Pero también nos sostienen. Son la grieta por donde entra la luz. No siempre entendemos lo que sentimos, y está bien: hay veces en que el corazón necesita hablar en su idioma, sin traducciones.
La tristeza nos recuerda lo que alguna vez amamos. El miedo nos señala lo que no estamos listos para perder. La decepción nos muestra el límite… y la puerta de salida.
No somos solo lo que nos pasó. Somos lo que decidimos hacer con eso. Lo que callamos con dignidad. Lo que gritamos para no rompernos por dentro. Y sí… si caemos, que sea para aprender a alzar el vuelo con más conciencia. A nuestro ritmo. Con nuestras alas. Y con el alma… un poco más fuerte. Y muchísimo más humana.
Entre lo que nos hiere y lo que nos sana… a veces es el silencio compartido lo que más nossostiene.
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La paz: una quimera económica
La paz es un ideal que ha guiado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, alcanzar una paz duradera y universal sigue siendo un objetivo esquivo. Las razones son muchas, pero una de las más predominantes es la económica.
La guerra, a pesar de su costo humano y moral, genera beneficios económicos para ciertos sectores. La venta de armas es un negocio multimillonario que involucra a países de todo el mundo. Las industrias de defensa y los contratistas militares prosperan en tiempos de conflicto, y esos beneficios crean un incentivo perverso para perpetuar la guerra. La paz, en cambio, no genera esos mismos réditos. No hay una «industria de la paz» capaz de competir con la maquinaria económica de la guerra.
Además, los conflictos se justifican a menudo como vía para obtener recursos naturales, controlar territorios estratégicos o ejercer influencia geopolítica. Estos intereses económicos y políticos prevalecen sobre los esfuerzos por alcanzar soluciones pacíficas. Quienes se benefician de la guerra tienen escaso incentivo para abrazar la diplomacia.
La paz exige inversión en educación, desarrollo sostenible y fortalecimiento de instituciones democráticas. Son apuestas a largo plazo, sin retorno inmediato, pero con un valor incalculable en términos de bienestar humano, cohesión social y estabilidad global.
Para alcanzar una paz duradera, es necesario cambiar de perspectiva: comprender que el verdadero progreso económico no se mide solo por beneficios monetarios, sino por la calidad de vida y el bien común. Necesitamos construir una economía de paz, una que valore la cooperación, la justicia y la dignidad por encima de los intereses inmediatos.
La paz no es un sueño utópico: es una necesidad urgente, y posible, si tenemos el coraje de cambiar nuestras prioridades y trabajar juntos hacia un futuro más justo y solidario.
Como escritores, tenemos la responsabilidad moral de promover la paz desde nuestras letras, que viajan sin fronteras. Nuestros relatos, poemas y ensayos pueden inspirar, despertar conciencias y abrir ventanas de entendimiento. En un mundo donde reinan el conflicto y la violencia, las palabras pueden convertirse en faros.
Es nuestra tarea sembrar semillas de paz en el corazón de quienes nos leen. A través de nuestras historias, podemos mostrar la belleza de la diversidad, la importancia del diálogo y el valor de la empatía. Cada letra, cada palabra, cada frase puede convertirse en puente: entre culturas, entre almas, entre mundos.
Ojalá nuestras letras viajen lejos, y encuentren eco en las mentes y los corazones de quienes aún creen —y luchan— por un mundo mejor.
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A LOS PODEROSOS DEL MUNDO
Están sentados sobre una bomba que ustedes mismos han construido. Y cuando estalle, no habrá refugio, ni negociaciones, ni tregua que los proteja del peso de sus propias decisiones.
No importa si son rusos, ucranianos, israelíes, palestinos o iraníes. Lo único que verdaderamente importa—lo único que debería importar—son las personas que habitan esos países. Pero ustedes no lo ven así.
Para ustedes, son cifras. Daños colaterales. Piezas sacrificables. Las vidas arrancadas no son tragedias; son estadísticas. Los hogares reducidos a escombros no son pérdidas; son consecuencias inevitables.
La guerra en Ucrania ha sido una muestra brutal de su desprecio por la humanidad. Ciudades devoradas por las llamas, cuerpos que ya no tienen nombre, niños que nunca conocerán la paz. Y mientras tanto, ustedes trazan líneas en mapas, convierten vidas en fichas, planifican la siguiente masacre con el mismo cálculo frío de quien juega al ajedrez.
Las sirenas de alerta ya no suenan solo en los países en guerra; el terror se ha convertido en idioma universal. Porque ustedes, los que gobiernan el mundo, han decidido que la sangre es un recurso más, que el miedo es una moneda de cambio.
No escuchan al pueblo. No les importan las protestas, los gritos de dolor, las súplicas de quienes imploran justicia. Porque en su mundo, el único lenguaje que vale es el del poder.
Los niños que hoy corren bajo fuego serán adultos incapaces de olvidar el sonido de la destrucción. Las familias, despojadas de su hogar, deambulan como sombras, sin tierra, sin destino. Se bloquea la ayuda, se niega la existencia, se marca con crueldad quién merece vivir y quién está condenado a morir.
Tal vez para ustedes esto sea solo una estrategia. Un cálculo. Una transacción. Pero cuando todo termine, cuando los cadáveres sean contados y el polvo se asiente sobre lo que fueron ciudades, ¿Qué quedará?
¿Qué historia se escribirá sobre ustedes?
No queremos discursos vacíos ni promesas recicladas. No queremos condolencias hipócritas ni reuniones diplomáticas llenas de gestos ensayados. Queremos acción. Queremos que dejen de jugar con vidas como si fueran simples números en sus balances de poder.
Porque el día en que sus muros se desmoronen, cuando la historia los alcance, lo único que quedará será la sangre en sus manos y el juicio implacable del tiempo.
Y cuando el último disparo haya sido efectuado, ¿habrá vencedores? ¿O solo quedarán ruinas, recuerdos y generaciones marcadas por su ambición?
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A LOS CREADORES DE MUNDOS, LOS ARQUITECTOS DE EMOCIONES, LOS GUARDIANES DE LAS PALABRAS
Hoy es vuestro día, un merecido homenaje a la noble y a la vez ardua tarea de dar vida a las ideas. Ser escritor no es solo poner palabras en papel, es abrir puertas a universos inexplorados, es tocar el corazón de aquellos que buscan consuelo, inspiración o simplemente compañía en las páginas.
Escribir es navegar por mares desconocidos, a veces con tormentas de dudas y bloqueos, otras con la calma de una brisa creativa que guía cada frase. Pero en cada palabra, en cada línea, yace el poder de transformar la percepción del mundo, de sanar heridas invisibles, de sembrar semillas de cambio.
A quienes luchan con el vacío de la página en blanco, que sepan que incluso en el silencio se gesta la magia. Cada pausa, cada intento, es un paso más en este viaje. Porque ser escritor es resistir, persistir y jamás dejar de buscar la verdad en las palabras.
Gracias por mostrar el alma del mundo a través de las tuyas. Que hoy encuentres un nuevo motivo para escribir, una chispa que encienda nuevamente esa pasión que llevas dentro. Porque cada palabra importa, y tu voz es necesaria.
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EL ECO DEL ALMA
No escribo versos por capricho, escribo para vaciar el alma, para que los silencios encuentren su voz y las emociones tengan un refugio en palabras.
Cada línea es un suspiro, un latido, un rincón de mi ser puesto al desnudo, es mi forma de llegar a ti, de hablarte en un idioma que va más allá de lo tangible.
El papel no es solo un papel, es confidente, espejo, amigo; y lo que nace de mi pluma son pedacitos de vida que comparto contigo.
Escribo para encontrarme, para sanar las grietas de mi ser, y tal vez, al leerme, tú también te encuentres en mis palabras.
Llevo mis sentimientos en un viaje sin fronteras, para que alcancen tus manos, tu mente, tu pecho, y, tal vez, te susurren algo que ya sabías, algo que siempre estuvo allí, pero necesitaba un poema.
Porque escribir no es solo desahogar, es compartir el peso y la belleza de la existencia, es abrir una ventana al alma y dejar que la luz, por fin, entre.
En cada verso, en cada línea, hay una parte de mí, y cuando tú lees, esa parte también se convierte en tuya.
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LA LLUVIA
La lluvia cae con suavidad, como si el cielo deseara susurrar secretos a la tierra. Su melodía, un delicado tamborileo, envuelve el mundo en una serenata que adormece el alma y alivia las inquietudes.
El aroma a tierra mojada se alza con cada gota, ese perfume único que despierta memorias dormidas. Me transporta a la infancia, a los días en que todo parecía posible, y cada rincón del mundo guardaba un misterio por descubrir. Aquel tiempo en que correr bajo la lluvia era más una danza que una simple travesura, y las nubes eran testigos indulgentes de nuestras risas.
Me gusta caminar bajo la lluvia, esa lluvia fina que moja mi rostro con delicadeza, como si la naturaleza misma quisiera acariciarme. Cada paso es un encuentro con la serenidad, un instante de conexión íntima con el mundo que nos rodea.
La lluvia no solo cae del cielo; también cala en el corazón. Nos recuerda la belleza en lo sencillo, el poder de los momentos tranquilos y la magia de dejarse llevar por el sonido, el olor y las emociones que nos conectan con lo más profundo de nosotros mismos.
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VOLVER A ESCRIBIR
Cada palabra es un paso hacia la recuperación, una forma de sanar desde adentro.
Volver a escribir después de una grave enfermedad es un proceso que va más allá de las palabras en una página. Es una reinvención de uno mismo, una danza entre la fragilidad y la resiliencia Cuando enfrentamos una enfermedad grave, nuestra relación con las palabras cambia. La escritura se convierte en un refugio, un espacio donde podemos expresar nuestras emociones, miedos y esperanzas.
La lucha contra el silencio: La enfermedad puede silenciarnos, robarnos la voz literal o metafóricamente. Volver a escribir es un acto de resistencia contra ese silencio. Es como abrir una ventana en una habitación oscura y dejar que la luz entre.
A veces, las palabras fluyen con facilidad; otras veces, luchamos por encontrarlas. Pero cada intento es una victoria sobre el vacío.
Escribir tras una enfermedad nos hace vulnerables. Nos enfrentamos a nuestras limitaciones, a la fragilidad de nuestro cuerpo y mente. Pero esa vulnerabilidad también es nuestra fuerza. En nuestras palabras, encontramos la valentía de compartir nuestra historia, de conectar con otros que han pasado por lo mismo. Nuestra voz puede cambiar tras una enfermedad. Quizás sea más suave, más pausada o incluso diferente. Pero no importa cómo suene; lo importante es que sigue siendo nuestra. La escritura nos permite reencontrarnos con esa voz, adaptarla y darle nuevos matices. Escribir es también un acto de memoria. Recordamos los momentos difíciles, pero también celebramos los pequeños triunfos. Cada palabra es un ancla que nos conecta con nuestro pasado y nos impulsa hacia el futuro. Volver a escribir es un regalo. Es un recordatorio de que estamos vivos, de que tenemos la oportunidad de seguir creando, explorando y compartiendo. Cada palabra es un agradecimiento por la vida que aún palpita en nosotros.
«Volver a escribir no es solo recuperar la voz perdida, sino descubrir una nueva. Cada palabra es un latido, una señal de que seguimos aquí, con historias por contar, con mundos por explorar. En la tinta y el papel, encontramos el reflejo de nuestra propia resiliencia. Escribir es vivir, y hoy, volvemos a vivir.»
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LOS HIJOS
Debemos educar a nuestros hijos para que naveguen por los mares de la vida y, cuando llegue el momento, dejarlos zarpar.
Cuando paseamos por un puerto y observamos los barcos, sabemos que están en un lugar seguro, abasteciéndose y preparándose para lanzarse al mar. Ese es su destino: surcar las aguas y encontrar sus propias aventuras. Dependiendo de lo que la naturaleza les depare, podrán ajustar su ruta, explorar nuevos caminos o buscar otros puertos.
Así son los hijos. Tienen en sus padres un puerto seguro, un refugio al que siempre pueden regresar. Pero, por más seguridad y protección que les brindemos, todos nacimos para navegar los mares de la vida, afrontar nuestros propios riesgos y vivir nuestros propios desafíos. En nuestro viaje llevamos los conocimientos y fortalezas adquiridas en nuestro hogar, que nos sirven de guía en la travesía.
Como padres, a veces queremos retener a nuestros hijos en el puerto, protegerlos para que no enfrenten tempestades. Sin embargo, ellos están hechos para zarpar cuando llegue el momento. La estancia en el puerto no es permanente, sino una etapa de preparación para la navegación.
Algunos padres temen soltar las amarras y permiten que el miedo les impida preparar a sus hijos para el viaje. Pero la vida exige que aprendan a encontrar su propio destino, construir su propio refugio y convertirse, algún día, en un puerto seguro para otros.
Los hijos nacen para ser ciudadanos del mundo. Podemos desear su felicidad, pero no podemos vivirla por ellos. Podemos contribuir a sus sonrisas, pero no podemos sonreír en su lugar. Deben partir, igual que los barcos abandonan el puerto en busca de sus propias conquistas.
Sin embargo, para enfrentar el viaje necesitan sentirse amados, seguros de sí mismos y fortalecidos en sus valores. Nuestra tarea es prepararlos para su travesía.
¡Qué difícil es soltar las amarras! Pero, como padres, podemos sentir orgullo al verlos partir, sabiendo que son barcos fuertes, independientes y capaces, listos para navegar con todo lo que les hemos enseñado. Porque los hemos educado para la vida, para la independencia.
Recuerda: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero.”
Con el tiempo, volverán más sabios y enriquecidos por las experiencias vividas y las culturas descubiertas. Y sabrán que, pase lo que pase, siempre habrá gente esperándolos en el puerto.
«Un hijo es un ser que llega al mundo para darnos un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos.»
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EL PODER DE LA PALABRA
El poder de la palabra es tremendo, no hay que olvidar que cuanto sale de nuestra boca tiene un valor. Así, lo más pequeño e insignificante puede hacer un gran daño. Sin embargo, una palabra puede contener en sí misma un poder enorme y, acompañada de más palabras, puede llegar a ser incluso demoledora.
La fuerza de las palabras es tal, que no son necesarias demasiadas para causar una profunda alegría o una honda tristeza. Muchas veces basta una frase que valide una emoción que sentimos o un párrafo corto que ataque nuestro punto más débil.
Nos guste o no, la palabra es la forma más usada para la comunicación. Además, es un intercambio que deja huella. ¿Quién de nosotros no recuerda alguna de esas frases que le ha causado un gran dolor o le ha alegrado el día? No obstante, no solo el poder de la palabra es grande cuando pretende herir. También sirve para describir sentimientos como el placer, la bondad, el amor o el agradecimiento. De hecho, hemos sido capaces de crear algunas de las palabras más bonitas del mundo para hablar de aquello que nos agrada: belleza, amistad, solidaridad etc
¿ Y las palabras de amor ?¿Qué sería del amor sin la palabra? ¿Hay algo más bello que decirle a la persona a la que quieres todo cuanto sientes por ella, y que sepa lo mucho que significa en tu vida?
Es evidente que el poder de la palabra es enorme para hablar con otras personas de todo cuanto es bueno en nuestra vida, este es probablemente uno de los mejores usos que tiene. Me gustaría referirme al poder de la palabra por su enorme capacidad para transmitir mentiras, tratando de captar la atención del interlocutor para decirle algo que en realidad no es cierto.
Es una pena que la riqueza lingüística con la que contamos se utilice en ocasiones para insultar, mentir, discriminar o falsear la realidad, pues ninguna palabra de este planeta merece una utilización tal. La palabra tiene un enorme poder. La palabra puede ser fuente de poesía, de creación, de amor, de vida, de alimento para el alma, de positivismo… Pero, como todo en este mundo, hay un lado oscuro que la retuerce y la oprime, la grita y la estrangula.
Por desgracia, cada día parece haber más voces que intentan que su mensaje quede por encima del resto, elevando el tono o la gravedad de las acciones con las que intentan respaldarlo. Atacando a los demás, pensando que la validez de su mensaje les confiere el resguardo moral necesario para sesgar las vidas de quienes se oponen o permanecen indiferentes al mismo.
La responsabilidad con la que ejerzamos y disfrutemos del poder de la palabra es nuestra. Utilizarla para crear construir, compartir, acariciar o abrazar en vez de para agredir, atacar o destruir, en el fondo, es nuestra decisión. Tanto practicarlo como censurarlo
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EL MATRIMONIO INFANTIL: Una Lucha por la Justicia y la Igualdad
Abordar la realidad del matrimonio infantil es un paso crucial para generar conciencia sobre esta problemática global. Algunos de los países donde esta práctica es más común incluyen Níger, Chad, República Centroafricana, Malaui, Sudán del Sur, Bangladesh, India y Yemen2. En muchos de estos lugares, aunque existen leyes que establecen una edad mínima para casarse, se permiten excepciones con el consentimiento de los padres o la autorización de un juez.
Las niñas son forzadas a casarse a edades muy tempranas, una práctica que perpetúa la pobreza, la desigualdad y la violación de derechos fundamentales. Él matrimonio infantil sigue siendo una práctica legal o tolerada en varios países debido a lagunas legales, tradiciones culturales o excepciones específicas.
Cuando visité el Mercado de los Pájaros en Kabul, fui testigo de una realidad desgarradora: niñas siendo vendidas por cantidades ínfimas, como si fueran mercancía. Esta imagen me quedó grabada, y es un ejemplo claro de cómo las niñas son privadas de su infancia y sus derechos básicos.
La gran mayoría son obligadas a abandonar la escuela, perdiendo la oportunidad de construir un futuro mejor.
Las niñas enfrentan embarazos precoces que ponen en riesgo sus vidas y las de sus bebés.
Es una violación flagrante de sus derechos, perpetuando el ciclo de abuso y desigualdad.
SERBIA/PROVINCIA DE LAGHMAN, Afganistán/ESKİŞEHİR, Türkiye –
¿Cuánto vale una niña? Si eres guapa, como Najat, la respuesta es que vales un pollo, un paquete de cervezas y 100€. Esa es la cantidad que su familia, que vive en un asentamiento romaní en Serbia, recibió a cambio de su mano «en matrimonio». En ese momento tenía 11 años. “Los beneficios económicos les duraron tal vez un mes, pero me crearon un problema para toda la vida”, se lamentó Najat, que ahora tiene 18 años. «A ninguna de mis tres hermanas le fue mucho mejor. Una dio a luz a los 13 años. Y la otra termino en el hospital la noche de bodas, porque su marido que le quintuplicaba la edad, la destrozó los órganos genitales.”
El matrimonio infantil sigue siendo una realidad devastadora para millones de niñas en todo el mundo. Cada año, más de 12 millones de niñas menores son forzadas a casarse, muchas veces con hombres mucho mayores.
Sin embargo, la esperanza reside en las iniciativas internacionales que luchan por erradicar esta práctica. Organizaciones y comunidades trabajan para educar, concienciar y presionar a los gobiernos para establecer leyes más estrictas. Es fundamental entender que no se trata solo de prohibir, sino de empoderar a las niñas y transformar las sociedades que perpetúan esta práctica.
Al hablar de este tema con empatía y respeto, podemos movilizar a más personas hacia un cambio. Es nuestro deber proteger a cada niña, asegurándonos de que pueda vivir su infancia plenamente, educarse y tomar sus propias decisiones sobre su futuro. Sólo juntos podemos erradicar el matrimonio infantil y construir un mundo donde ninguna niña sea obligada a casarse.
,«Cada niña merece algo más que sobrevivir: merece vivir plenamente, decidir su destino y construir su futuro. Erradicar el matrimonio infantil no es solo un desafío, es nuestra responsabilidad colectiva como humanidad.»
Los escritores y poetas poseemos un don invaluable: la palabra escrita, capaz de cruzar fronteras, de tocar almas y de llegar a los rincones más lejanos del mundo. Hoy más que nunca, necesitamos usar nuestra voz para hablar en nombre de aquellas que no tienen la oportunidad de hacerlo. Escribamos con el corazón, con valentía, y hagamos que cada palabra sea un faro de esperanza y justicia. Porque con nuestras letras podemos cambiar realidades y devolverles la voz a quienes han sido silenciadas.
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CARTA DESDE LAS SOMBRAS
Una Llamada a la Conciencia sobre la Trata de Seres Humanos
Queridos habitantes del mundo,
Os escribo desde un lugar que muchos preferirían ignorar, un rincón oscuro de la realidad donde la dignidad se comercia y la esperanza se desvanece. Soy la voz de aquellos que han sido arrebatados de sus vidas y sumergidos en el abismo de la trata de seres humanos.
Esta carta es un grito silencioso que busca atravesar las barreras de la indiferencia. La trata es un monstruo de mil caras: tráfico de órganos, niños arrancados de sus hogares para convertirse en esclavos o soldados, almas forzadas a trabajar en minas, hogares y campos, y cuerpos vendidos contra su voluntad para el placer de otros.
Las conferencias mundiales y las instituciones como la ONU han levantado la alarma, pero aún así, la esclavitud moderna se extiende como una sombra, adoptando formas más sofisticadas para engañar y explotar. Es una violación flagrante de los Derechos Humanos que desafía a nuestra sociedad a actuar, no solo a nivel legal, sino en el corazón de nuestra humanidad.
El Protocolo de Palermo nos abrió los ojos, pero aún hay quienes dudan de las palabras de las víctimas, quienes juzgan sin entender la profundidad del engaño y la coacción. No hay víctimas de primera o segunda clase; todas merecen ser escuchadas, respetadas y liberadas.
Los Derechos Humanos son más que un legado; son el faro que guía nuestra lucha. No basta con conocerlos; debemos vivirlos y exigir que se cumplan. Cada mujer, cada niño, cada ser humano atrapado en esta red tiene derecho a un futuro, a la libertad de elegir y a la oportunidad de reconstruir su vida.
La información es poder. Sabemos que los niños y las mujeres son los más afectados, explotados en condiciones inhumanas, perdidos en un mercado negro que devora su inocencia. Internet ha abierto nuevas puertas para los traficantes, pero también nos ofrece la posibilidad de educar y proteger a los vulnerables.
Nuestro objetivo es claro: concienciar y erradicar este crimen contra la humanidad. Los desplazados, los empobrecidos, los marginados son los más susceptibles, pero juntos podemos construir un muro de solidaridad y acción.
Preguntémonos, ¿qué nos hace humanos si no es la compasión y la justicia? ¿Cómo podemos mirar hacia otro lado cuando hay vidas en juego? La trata de seres humanos es una mancha en nuestra civilización, y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de borrarla.
Con esperanza y determinación, alcemos todos la voz en la lucha contra la trata de seres humanos.
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¿ QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SIN LOS LIBROS ?
Los libros han sido, desde tiempos remotos, faros de conocimiento, refugios de emociones y ventanas hacia mundos imposibles. Si no existieran, ¿Qué perderíamos realmente?
Sin ellos, el pensamiento humano no tendría el mismo alcance, la imaginación se reduciría a lo cotidiano, y la memoria colectiva se desvanecerá con el tiempo. Seríamos huérfanos de historias, de sueños escritos, de la sabiduría que nos conecta con quienes vivieron antes que nosotros.
Los libros nos enseñan, nos conmueven, nos transforman. Son un espejo donde reflejamos nuestras propias incertidumbres, donde encontramos respuestas que no sabíamos que buscábamos. Sin ellos, la humanidad sería más frágil, más limitada, menos consciente de sí misma.
Cada página nos permite viajar sin movernos, sentir sin haber vivido, aprender sin haber experimentado. Nos dan el poder de entender mundos lejanos, de explorar la mente de los grandes pensadores, de reconstruir el pasado y reinventar el futuro.
Si los libros no existieran, los silencios serían más largos, la historia quedaría en sombras y la imaginación perdería su libertad. Pero afortunadamente, los libros están aquí. Y mientras haya palabras impresas o digitales, mientras existan quienes los escriban y quienes los lean, seguiremos creando mundos, emociones y conocimiento que nos acompañarán por siempre.
Porque sin los libros, simplemente, no seríamos los mismos.
Imagínalo por un momento. Un mundo sin libros. Sin historias, sin pensamientos escritos, sin huellas de quienes nos precedieron.
Sin ellos, el conocimiento no podría trascender de generación en generación. Cada descubrimiento quedaría atrapado en la mente de unos pocos, sin posibilidad de ser compartido. La humanidad no aprendería del pasado, repetiría los mismos errores y avanzaría a ciegas.
Sin los libros, la historia perdería su voz. No sabríamos quiénes fuimos, ni cómo llegamos hasta aquí. Las grandes civilizaciones quedarían relegadas al olvido y el tiempo borraría los logros, las batallas, las victorias y los fracasos.
Sin los libros, la imaginación se vería limitada. No existirían mundos fantásticos, ni personajes que nos acompañan en cada etapa de nuestra vida. La creatividad quedaría reducida a lo inmediato, sin la riqueza de los relatos que inspiran, que transforman, que nos hacen sentir y pensar.
Sin ellos, no podríamos viajar sin movernos, ni vivir experiencias ajenas como si fueran propias. La literatura nos permite ver con otros ojos, sentir lo que otros han sentido, conectar con culturas, pensamientos y emociones que de otra forma jamás conoceríamos.
Un mundo sin libros sería un mundo más vacío. Más frío. Más incompleto.
Porque los libros no solo nos enseñan, nos hacen humanos.
Por suerte, existen. Y mientras haya quienes escriben y quienes lean, la humanidad seguirá creciendo, soñando y recordando.
«Los libros nos recuerdan que cada página es una oportunidad para reinventarnos, que cada historia nos transforma y que, mientras haya palabras por escribir y sueños por leer, siempre habrá esperanza.
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EL ARTE DE ESCRIBIR
El acto de escribir es catártico y es en sí una forma de reflexión. Sirve para digerir ciertos hechos. Dialogar conmigo misma y al mismo tiempo con el mundo. Me ayuda a desenfocar la realidad y, de esta manera, encontrar aquellos otros significados que solamente, en ocasiones, se guardan en el subconsciente.
El proceso introspectivo que se realiza al escribir, se va desarrollando en cada una de las líneas que voy dejando en el camino. Este camino que se ensancha a medida en que logro descifrar el verdadero contenido de mis palabras, de lo que quiero decir. Porque escribir es quitarnos las capas de suciedad que se nos van impregnando con el día a día Escribir es meditación activa. Es ir al encuentro con el sentido de las palabras donde habitamos. Pensar sobre el papel también es una forma de lectura pues, no solamente logramos darnos cuenta del valor que tiene en sí misma la escritura, sino que seremos testigos de lo beneficioso que resulta leer. Leernos. Escribir, entonces, para valorar la fuerza de la palabra. Escribir para desnudarnos ante el mundo. Escribir para ser juzgado por los demás. Escribir para quitarse máscaras. Escribir para ser más críticos. Escribir para lograr entendernos. Escribir para llegar al otro lado donde también alguien nos espera. La escritura es una válvula de escape, el volcán en activo que nos permite seguir siendo para no reventar de un momento a otro. Tendré que intentar desnudarme ante la hoja en blanco, valdrá la pena el ejercicio para ver qué es lo que tengo que decirme. Hablar claro es lo que exige la escritura. Ante la hoja en blanco no se puede tartamudear ni salirse por la tangente. El espacio vacío que es la página en la que se escribe, me invita a regenerar nuevamente nuestro mundo interno. Así, veré qué es aquello que contengo.
Escribir para poder hablar con claridad Hagámoslo para no quedarnos únicamente con la visión que proyectamos delante del espejo. Con la percepción superficial de nosotros.
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https://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00el-administradorhttps://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngel-administrador2025-06-13 13:38:112025-10-01 21:38:55MAREA DE PALABRAS
El mar es un poema infinito, escrito en espuma y viento, esperando ser leído por almas inquietas.»
«Todo el contenido de esta página está protegido por derechos de autor. Se permite compartirlo, siempre y cuando se cite la fuente y se reconozca la autoría. No copies sin atribuir, respeta el esfuerzo y la creatividad detrás de cada palabra. Si lo llevas contigo, hazlo con honor y reconocimiento.»
EL MAR EN OTOÑO E INVIERNO
E
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El mar, ese vasto espejo de la naturaleza, cambia su rostro con las estaciones. En otoño, sus aguas se tornan un manto de serenidad, reflejando los tonos dorados y rojizos del cielo al atardecer. Las olas, con su ritmo pausado, parecen susurrar secretos antiguos al viento. Caminamos por la orilla, sintiendo la caricia fresca de la brisa otoñal en nuestras mejillas, y nos dejamos llevar por la calma que solo el mar puede brindar.
Pero a medida que el invierno se acerca, el mar se transforma. Se despierta de su letargo otoñal y se muestra en toda su majestuosidad y ferocidad. Las olas se alzan imponentes, recordándonos su poder indomable. Nos encontramos en la orilla, viendo cómo se desencadenan los elementos, y no podemos evitar sentir una mezcla de asombro y respeto. El corazón se nos encoge al presenciar la furia de esas aguas que, al desatarse, arrasan con todo a su paso.
El mar, nuestra despensa natural, nos provee con su abundancia y belleza. Sin embargo, somos conscientes de que no siempre lo tratamos con el cuidado y el respeto que merece. Es nuestra responsabilidad protegerlo, porque en sus aguas no solo encontramos sustento, sino también un refugio para el alma.
Así es el mar en otoño e invierno: un ser vivo que respira, que siente, que nos habla con su lenguaje de olas y mareas. Nos invita a contemplar su grandeza y a recordar que, aunque nos dé vida y calma, también puede mostrarnos su lado más indómito y salvaje. Porque, al final, somos nosotros quienes debemos cuidar de él, para que continúe siendo la despensa del mundo y el espejo de nuestros sueños y anhelos.
El mar nos regala una lección constante sobre la dualidad de la vida. En su vastedad, refleja tanto la calma serena como la furia indómita de la naturaleza. En otoño e invierno, cuando el mar se torna más turbulento, nos recuerda la importancia del equilibrio.
Nos enseña que, aunque buscamos paz y serenidad, debemos estar preparados para enfrentar las tempestades. Al observar su belleza y poder, aprendemos a apreciar los momentos de calma y a respetar la fuerza incontrolable que también forma parte de la vida.
El mar es un reflejo de nuestra propia existencia: lleno de contrastes, con días de tranquilidad y otros de agitación. Es un recordatorio constante de que debemos cuidar y proteger lo que amamos, no solo por lo que nos ofrece, sino por el equilibrio que trae a nuestras vidas. Al valorar y respetar el mar, aprendemos a valorar y respetar nuestra propia vida y el mundo que nos rodea.
En última instancia, el mar nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como guardianes de la naturaleza. Nos muestra que, aunque somos pequeños en comparación con su inmensidad, nuestras acciones tienen un impacto profundo y duradero. Debemos ser conscientes de nuestro papel en la preservación de este tesoro natural y hacer todo lo posible para asegurarnos de que siga siendo una fuente de vida y maravilla para las generaciones futuras.
El Gigante Azul
El mar es un gigante azul que abraza la tierra con su manto de vida. Es el hogar de millones de especies que conviven en armonía y equilibrio. Es el origen de la vida y el sustento de culturas que dependen de sus recursos.
Pero el mar también sufre. Sufre por la acción del hombre, que lo contamina con desechos, plásticos, químicos y metales. Sufre por el cambio climático, que lo calienta, lo acidifica, lo desoxigena. Sufre por la sobrepesca, que lo vacía, lo desequilibra, lo empobrece.
El mar llora en silencio, mientras sus habitantes mueren, se enferman, se extinguen. Grita en vano, mientras sus olas se tornan violentas, sus corrientes se alteran, sus niveles se elevan. Se rebela, mientras sus costas se erosionan, sus arrecifes se blanquean, sus ecosistemas colapsan.
El mar nos necesita. Necesita que lo cuidemos, que lo respetemos, que lo protejamos. Que reduzcamos nuestra huella ecológica, que reciclemos nuestros residuos, que evitemos productos nocivos. Que frenemos el calentamiento global, que disminuyamos nuestras emisiones, que impulsemos energías renovables. Que regulemos la pesca, que respetemos las cuotas, que promovamos áreas marinas protegidas.
El mar nos da la vida. Démosle una oportunidad. Cuidémoslo, porque el mar es VIDA.
A ESTE MAR QUE ME ACARICIA Y ME MECE EN SUS OLAS
Todas las mañanas paseo por tu orilla, disfrutando de la brisa, dejando que empape mi alma y alcance mis sentimientos más escondidos. Tu olor es inconfundible, se cuela en mi memoria y me habla de esa “agua quieta”, donde guardas a los hombres que han perdido su vida entre tus olas.
Me susurras historias de batallas que han marcado tus aguas a lo largo de los siglos. Me hablas de los maravillosos saltos de los delfines, del canto de las ballenas, de sirenas adornando su cabello con corales y de Neptuno, que agita las olas para luego cabalgar sobre ellas en sus caballos blancos.
Veo al sol esconderse en tu inmensidad al anochecer y cómo la luna lo busca con sus rayos plateados. Contemplo cómo las estrellas caen en tu abismo cuando deben cumplir un deseo.
Tengo por ti un amor inmenso y un profundo respeto. Me fascina sumergirme en tus aguas—unas veces bravas, otras calmadas—sin saber cuáles prefiero. ¿Las aguas furiosas, que al ser empujadas por la brisa en su discusión con el viento, levantan murallas y sacuden todo a su paso? ¿O esas aguas tranquilas, que transmiten silencio y paz, recordándonos que, ante ti, nuestra fuerza y orgullo son solo una sombra de tu inmensidad?
Sin embargo, no puedo dejar de mirarte… de sentirte… de escucharte…
Es el sonido de las olas quien me mece en un largo deseo, mientras la brisa acaricia mi cuerpo y despeina mi cabello. Mis pies dejan huellas en la arena, pero tus olas las borran a mi paso, llevándolas contigo con ternura, con pasión… no sin antes acariciar mi piel con tu espuma blanca, haciéndome estremecer.
Esa espuma se queda pegada a mí, como si quisiera recordarme que siempre estás ahí, que vas y vienes, meciéndome en tu cántico. No sé qué hacer… si dejarme arrastrar por ti hasta las profundidades y convertirme en sirena, o quedarme en la arena para seguir soñando contigo.
La brisa me susurra tus anhelos. Yo le susurro mis miedos.
Mírame, mar… soy tuya.
Déjame bañarme en tus aguas mientras juegas con mi cuerpo y mi alma. Y si no quiero salir de ellas, llévame contigo… hacia donde escondes al sol cada noche, a jugar con las estrellas llenas de deseos.
Me llevaré tu espuma blanca pegada a mi piel… hacia donde la luna mira al sol, consciente de lo que no pudo ser.
De inmortal a mortal, me susurras inclemente: «En cada pequeña cosa me tendrás a mí. Sentirás mi poder y mi ternura en el viento, en la lluvia, en el olor a tierra mojada, en una sonrisa, en una mirada perdida… Vete. Vive. Ama.»
CONTEMPLANDO EL MAR
Mientras paseaba por la orilla de la playa, mis pies se hundían suavemente en la arena mojada, sintiendo el vaivén de las olas que se estrellaban contra las oquedades de las rocas, lanzando rugidos como una bestia primordial. Me detuve, maravillada ante la divinidad insondable del océano. En ese instante, suspendida en una profunda serenidad, comprendí que estaba viviendo uno de los momentos más plenos y puros de mi existencia. Ante tanta magnificencia, me invadió un pensamiento: quizás, en el vientre de estas aguas eternas, nacieron los primeros dioses.
El vaivén rítmico del agua narraba un secreto antiguo, un canto hipnótico que se clavaba en el alma. Arrullada por su murmullo, me vi de pronto imaginando al hombre primitivo, ese ser que, en algún punto del pasado, descubrió dentro de sí algo inmaterial y poderoso: un alma.
Esa alma, eterna compañera de nuestra existencia, parecía haber sido inventada como un intento desesperado por encontrar significado en el caos. Una creación humana, tan maravillosa como trágica, destinada a despreciar el cuerpo en favor de una promesa de redención. Así nació también la idea del pecado, el miedo y el castigo, alimentando una maquinaria que ha moldeado dioses y mitos… una maquinaria que, tal vez, desaparecerá con el último aliento de la humanidad, llevándose consigo el temor a aceptar la muerte como un final natural.
El mar, con su vastedad inabarcable, guarda a sus testigos mudos: criaturas misteriosas que han persistido a lo largo de milenios. Adaptándose o pereciendo bajo el peso implacable del medio, son testigos de la danza cíclica de transformación y renovación. Desde la orilla, observé cómo las olas bramaban furiosas, retorciéndose con espuma blanca entre las estrechas callejuelas de los escollos. Bajo su manto de jade, iluminado por el sol poniente, destellaban reflejos dorados y transparencias iridiscentes, como si el océano se vistiera con joyas vivas. Imaginé, en las profundidades de su abismo, criaturas legendarias habitando bosques de coral y una vegetación que susurra relatos de eras olvidadas.
Mis pensamientos se dirigieron a los remotos antecesores de la humanidad, quienes, enfrentándose a una naturaleza hostil, emprendieron su lucha por la existencia. Una lucha desprovista de sentimentalismos, donde el fuerte sobrevivía y el débil perecía bajo las reglas inapelables de un poder supremo. La rueda de la vida, tan antigua como el tiempo, giró para ellos igual que lo hace para nosotros, quienes ahora, orgullosos de nuestro supuesto control sobre el mundo, seguimos siendo prisioneros de esa misma rueda eterna.
En aquel momento, frente al mar, me sentí diminuta. Tan diminuta como esas criaturas abisales que danzan en un universo indiferente. La diferencia entre ellas y nosotros es meramente el tiempo y nuestra capacidad de adaptación. Recordé las críticas que enfrentó Darwin en su época, y cómo, pese a todo, sus teorías perduraron, desafiando a las creencias más firmes y abriendo camino a una comprensión más amplia de nuestro lugar en el cosmos.
Cuando el sol finalmente se escondió tras el horizonte, el mar se tornó negro como el ónix, y el cielo, teñido de gris plomizo, fue rasgado por relámpagos que zigzagueaban hacia las olas espumosas. Permanecí allí, inmóvil, atrapada entre la fascinación y una vaga incomodidad ante la inmensidad y la inevitable fatalidad. Comprendí, entonces, que los mitos no surgieron del vacío; los creamos para llenar ese espacio insondable, transformando sueños en esperanza, construyendo refugios frente al abismo del vacío.
Antes de los dioses monoteístas, la humanidad ya había tejido mitologías, historias nacidas del ingenio y la necesidad. Frente al océano, entendí que ese impulso de narrar, de otorgar sentido, de vestir el silencio con palabras, es lo que define nuestra naturaleza humana.
EL MAR Y SU LAMENTO SILENCIOSO
En un rincón del vasto océano, donde las olas susurraban secretos al viento, el mar sentía una tristeza profunda e inconmensurable. Este inmenso cuerpo de agua, que había sido testigo de la evolución de la vida y el surgimiento de civilizaciones, ahora se encontraba impotente ante la devastación que los humanos infligían sobre él.
El mar, antaño lleno de vida y maravilla, observaba cómo sus aguas se llenaban de basura y plástico. Las criaturas que una vez nadaban libres entre sus corrientes, ahora luchaban por sobrevivir en un entorno cada vez más hostil. Los corales, que eran jardines submarinos de colores vibrantes, se blanqueaban y morían, víctimas del aumento de la temperatura y la acidez del agua.
Cada ola que rompía en la costa llevaba consigo un lamento silencioso, un grito de auxilio apenas audible en el bullicio del mundo moderno. El mar recordaba con nostalgia los tiempos en que los humanos lo respetaban y veneraban, cuando los pescadores cantaban canciones de agradecimiento y las historias de criaturas marinas eran contadas con admiración.
Ahora, el mar observaba cómo las costas se llenaban de construcciones y las industrias vertían sus desechos sin remordimiento. Sentía la tristeza de perder a sus hijos marinos y ver cómo las playas se convertían en vertederos. Las aguas, una vez prístinas, eran ahora caminos de muerte para los que en ellas habitaban.
A pesar de su inmensidad y poder, el mar se sentía impotente. Sabía que su furia podría causar destrucción, pero no deseaba vengarse de la humanidad. Anhelaba que los humanos abrieran los ojos y vieran el daño que estaban causando. Anhelaba que volvieran a sentir la conexión con él y recordaran la belleza y la vitalidad que una vez habían compartido.
En su tristeza, el mar decidió que, aunque sus lamentos parecieran en vano, seguiría enviando mensajes a través de sus olas. Cada gota de agua, cada susurro del viento, llevaba consigo una súplica de esperanza. Porque, aunque el mar se sentía solo en su dolor, sabía que en algún lugar, había corazones humanos que todavía escuchaban su llamada.
La verdadera belleza del mar reside en su capacidad para regenerarse y sostener la vida. Si escuchamos su lamento y respondemos con acciones responsables, podemos devolverle la vitalidad y la alegría que una vez tuvo. Es nuestra responsabilidad y privilegio cuidar del mar, para que futuras generaciones puedan disfrutar de su esplendor y aprender de su sabiduría.
«El mar, en su infinita paciencia, aguarda el día en que la humanidad despierte y vuelva a cuidarlo como antes. Porque sabe que, juntos, podemos restaurar la armonía perdida y devolverle al mar la sonrisa que alguna vez brilló en sus aguas cristalinas. Pero, ¿lo escucharemos a tiempo?»
MAR AZUL
En un rincón olvidado del mundo, donde el mar besa tiernamente la tierra y el cielo se inclina para escuchar los susurros de la naturaleza, existía un pueblecito pesquero, tan pequeño que apenas figuraba en los mapas. Este lugar, conocido como Mar Azul, era un lienzo en blanco para los sueños y las leyendas.
La vida en Mar Azul transcurría con la monotonía de las olas: siempre presentes, pero raramente se veían. Los habitantes de este lugar, aunque bendecidos con la belleza de su entorno, habían caído en la trampa de la cotidianidad, incapaces de ver la magia en la simplicidad de sus días.
Pero la niebla llegó, no como un manto frío y sin vida, sino como un ser consciente, una entidad antigua que buscaba recordarles el valor de lo que habían olvidado. Se deslizó entre las casas y las calles, tocando cada corazón con dedos de bruma, susurrando secretos largamente perdidos.
Los aldeanos, ahora ciegos a su mundo, pero con una nueva visión interna, comenzaron a percibir la vida de una manera diferente. La niebla les enseñó que cada grano de arena, cada gota de rocío, cada sonrisa compartida, era un tesoro invaluable.
Sara, la bruja del pueblo, conocía bien el lenguaje de la niebla. Ella sabía que este fenómeno no era un castigo, sino un regalo. Con su sabiduría ancestral, guio a los aldeanos a través de la niebla, no para disiparla, sino para abrazarla.
Bajo su tutela, los habitantes de Mar Azul aprendieron a bailar con la niebla, a cantar con las olas, y a pintar sus sueños en el cielo. La niebla se convirtió en su maestra, y ellos, sus ávidos estudiantes.
Y así, cuando la niebla decidió retirarse, dejó tras de sí un pueblo transformado. Mar Azul ya no era solo un punto en el mapa, sino un faro de esperanza y maravilla, un testimonio de que incluso en la más densa de las brumas, la luz puede encontrarse dentro.
Sara, habiendo cumplido su propósito, se desvaneció con la niebla, dejando solo la leyenda de su existencia. Algunos dicen que se convirtió en parte del mar, otros que ascendió a los cielos. Pero todos están de acuerdo en una cosa: su espíritu vive en cada brizna de magia que ahora impregna Mar Azul
En los días que siguieron a la partida de Sara, Mar Azul se convirtió en un santuario de maravillas. Los pescadores, que antes lanzaban sus redes con desgana, ahora veían en cada captura una danza de colores y formas. Las redes no solo traían peces, sino también historias del abismo, relatos de criaturas luminosas y tesoros sumergidos que solo la niebla podía revelar.
Los niños, que antes jugaban en las calles con la indiferencia de la costumbre, ahora exploraban cada rincón como si fuera un nuevo mundo. La niebla les había enseñado a ver lo invisible, a escuchar lo inaudible. Encontraban caracolas que susurraban melodías antiguas y piedras que brillaban con la luz de las estrellas caídas.
Las mujeres de Mar Azul, que tejían y bordaban en silencio, ahora lo hacían al ritmo de antiguas canciones de cuna, entonadas por la brisa marina. Sus manos no solo creaban ropa, sino que tejían sueños, bordaban esperanzas y cosían fragmentos de leyendas en cada puntada.
Los ancianos, sabios y cansados, encontraron un nuevo propósito en sus relatos. Sus historias ya no eran solo recuerdos, sino profecías y enseñanzas. La niebla les había devuelto la voz, y con ella, la certeza de que su legado sería eterno.
Y así, Mar Azul se convirtió en un lugar de peregrinación. Viajeros de todos los rincones del mundo venían a experimentar su magia. Cada visitante partía con una historia que contar, un sueño que perseguir, y la promesa de que, en algún lugar entre la niebla y el mar, la esperanza siempre encontraría su camino.
La leyenda de Sara, la bruja que se convirtió en niebla y mar, en viento y cielo, se extendió más allá de los confines del pueblo. Se decía que en las noches de luna llena, si escuchabas con atención, podías oír su risa mezclada con el murmullo de las olas, recordándote que la magia está en todas partes, esperando ser descubierta..
EL Faro de Mar Azul, que una vez fue guía de marineros y centinela contra las tormentas, había compartido el destino de olvido del pueblo. Pero con la llegada de la niebla y la transformación de los aldeanos, el faro también encontró un nuevo propósito.
Mientras la niebla enseñaba a los habitantes a ver la magia en lo cotidiano, el faro, que había permanecido inactivo durante años, comenzó a sentir un cálido cosquilleo en su estructura. Las piedras, bañadas por la sal y el viento, susurraban entre ellas, recordando los días en que su luz era esperanza en la oscuridad.
Una noche, cuando la luna se ocultó tras un velo de nubes y las estrellas parpadearon con curiosidad, el faro despertó. Su luz, que había sido tenue y vacilante, ahora brillaba con la fuerza de mil soles. La niebla, lejos de opacarla, se tornó en un lienzo donde la luz del faro pintaba auroras y constelaciones.
Los viajeros que llegaban a Mar Azul se maravillaban ante el espectáculo. El faro no solo les mostraba el camino, sino que les contaba historias de navegantes valientes, de mares embravecidos y de calmas profundas. Cada rayo de luz era un verso, cada destello, un capítulo de una epopeya marina.
Con el tiempo, el faro se convirtió en el corazón de Mar Azul. Los aldeanos celebraban festivales en su honor, donde las luces de papel y las antorchas danzaban al son de la luz del faro. Los niños jugaban a ser héroes de leyendas, navegando en barcos imaginarios hacia tierras desconocidas, guiados por la luz infalible del faro.
Y así, el faro de Mar Azul se erigió no solo como un monumento a la guía y protección, sino como un símbolo de la inspiración y la creatividad que la niebla había despertado en el alma del pueblo. Se decía que su luz era tan poderosa que podía alcanzar incluso los rincones más oscuros del corazón humano, recordándoles que siempre hay un faro que ilumina el camino hacia casa.
EL LATIDO AZUL DEL MUNDO
El mar, eterno y majestuoso, es una sinfonía de azul y verde que se extiende hasta donde alcanza la vista. Es el aliento del planeta, un océano sin límites que guarda en sus profundidades los secretos de la vida misma. Con cada ola que besa la orilla, el mar susurra historias de tiempos antiguos, de criaturas misteriosas y de aventuras que laten bajo su superficie.
Hay una magia en el sonido rítmico de sus olas, un consuelo en su constancia, una inspiración en su vastedad. El mar no conoce fronteras; sus corrientes tejen lazos invisibles entre continentes y culturas, recordándonos que, más allá de nuestras diferencias, somos hijos de su inmensidad.
A la luz del sol, el mar brilla como un manto de diamantes, y bajo la luna, se convierte en un espejo de plata donde las estrellas se contemplan a sí mismas. Cada amanecer y cada atardecer sobre sus aguas es un cuadro en movimiento, un estallido de colores que maravilla y conmueve, un recordatorio de la belleza infinita de la naturaleza.
El mar es un reflejo de la vida misma, con su calma y su tempestad, con sus pausas y sus embates. Nos enseña paciencia, nos recuerda la fuerza, nos inspira a abrazar el cambio. En su abrazo salado encontramos paz y renovación; en su inmensidad, comprendemos la pequeña pero infinita importancia de nuestra existencia en el vasto universo.
ELSUSURRO DE LA TIERRA: EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS HUELLAS
En cada rincón del planeta, la Tierra nos habla en un lenguaje de fenómenos naturales. Susurros de alerta, gritos de desesperación y, a veces, llantos de tristeza. El cambio climático ha alterado el ritmo de estos mensajes, haciendo que los fenómenos naturales sean más intensos y frecuentes. Como guardianes de este hogar, debemos escuchar y actuar.
Imagina un mundo donde las olas del mar, antes serenatas para las playas, ahora rugen con fuerza devastadora, invadiendo hogares y ciudades costeras. Los bosques, que solían ser refugios de vida, ahora se enfrentan a incendios furiosos, alimentados por el calor implacable y la falta de lluvia. En las tierras agrícolas, las inundaciones y sequías compiten por el protagonismo, dejando tras de sí un rastro de desolación.
Cada huracán que azota, cada incendio que devora, cada inundación que ahoga, lleva consigo una historia de seres humanos afectados, de vidas cambiadas para siempre. Las pérdidas no son solo materiales; son también de sueños, de esperanzas y de futuros que se desvanecen en el humo y las aguas turbulentas.
Nuestra respuesta a estos fenómenos debe ser tan apasionada como la naturaleza misma. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, abrazar energías renovables y adoptar políticas sostenibles son solo el comienzo. Necesitamos una revolución de conciencia, donde cada individuo sienta la responsabilidad de proteger este maravilloso planeta.
El cambio climático no solo es un desafío ambiental, es una prueba a nuestra humanidad. ¿Podemos aprender a vivir en armonía con la Tierra? ¿Podemos dejar un legado de esperanza y no de destrucción? La respuesta depende de nosotros, de nuestra capacidad para escuchar los susurros de la Tierra y transformar esas señales en acciones concretas.
En resumen, la Tierra nos habla, y es nuestro deber responder. El cambio climático es real y presente, y solo con un esfuerzo colectivo podremos enfrentar sus desafíos. Escuchemos, actuemos y cuidemos de nuestro hogar
«El cambio climático no es solo un desafío ambiental, sino un eco de nuestras acciones reflejado en las aguas del mundo. El mar, testigo silencioso de nuestra historia, ruega por un cambio antes de que su furia sea la única respuesta. ¿Seremos capaces de escuchar su llamado a tiempo?»
EL MAR MI REFUGIO
El mar es mi refugio, mi lugar favorito en el mundo. Me encanta pasear por la arena, sentir el agua fría en mis pies, el sol en mi rostro, el viento en mi pelo. Camino hasta donde la espuma alcanza mis huellas, mientras el horizonte me llama con su abrazo infinito. Las olas murmuran secretos, las gaviotas entonan su canto, y el aroma salado envuelve mis sentidos en un suspiro de eternidad.
El mar es mi pasión, mi fuente de inspiración. Me gusta escribir sobre él, contar sus historias, desentrañar sus misterios. Cada ola lleva un relato, cada brisa es un verso que el agua susurra a quien sabe escuchar. Sueño con sus mundos escondidos, con criaturas que danzan bajo la luna y aventuras que se despliegan en su inmensidad.
El mar es mi amor, mi compañero fiel. Me acompaña en mis alegrías, en mis penas, en mis esperanzas. Su presencia es fuerza, ternura y hogar. Le digo te quiero, te admiro, te agradezco. Porque sin él no existiría, no tendría sentido, no sería feliz. El mar es mi todo, y yo soy su nada. Pero juntos, somos uno.
Somos suspiros en la orilla del tiempo, ecos de un pasado que el mar ha guardado. En cada ola que besa la arena, nuestra historia juntos es recordada. En la inmensidad del azul profundo, donde el cielo se funde con el agua salada, somos estrellas que brillan en el cosmos, danzando entre brisa y marea.
El mar me susurra canciones de cuna, relatos de marineros, historias de naves perdidas. Bajo su vasto reino, bajo la luna, mis sueños navegan, como vidas compartidas.
Juntos, somos más que la suma de nuestras partes. Me uno a él por la marea, por la brisa marina. El mar, es mi lienzo.
Así, en la orilla, el eco de mi alma se expande. En la inmensidad, no hay distancias. Solo el mar, yo, y mis esperanzas.
https://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00el-administradorhttps://elspethgormley.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngel-administrador2025-06-10 19:16:552025-10-22 20:38:23HISTORIAS DESDE LA ORILLA
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MIS AMIGOS POETAS
Esta entrada, la dedico a los poetas que han tocado mi alma. Algunos ya partieron, pero sus versos aún caminan conmigo. Otros siguen bordando luz con cada palabra. Este rincón les pertenece, porque en cada línea hay una huella suya. Gracias por regalarme la belleza del mundo dicho en poesía.
Con gratitud A todos los poetas que han alumbrado mis días con sus palabras, esta entrada es un reflejo, un homenaje, un rincón de ternura. Que sus versos sigan trazando caminos en cada corazón que los lea.
✦✿✦
INÉS BLANCO
(Luna de Abril) – Colombia
Inés Blanco, conocida como Luna de Abril, escribe con dulzura y profundidad desde Bogotá. Su poesía es un regreso a la infancia: aromas, afectos, y memorias que aún brillan como luciérnagas. En su poema La niña y yo, el diálogo entre su presente y su niñez teje ternura sin nostalgia, como si ambas aún jugaran con la luna.
“Ella aún juega con la luna y yo, deletreo palabras en procura de un poema.«
LA NIÑA Y YO
Busco en la memoria
las palabras empolvadas
de la niña frágil,
temerosa y dulce
que me habita.
También los aromas
de eucalipto y mejorana;
del surco y la cosecha.
Las manos de la abuela
y sus silencios repetidos.
Las añosas campanas
con sus voces centenarias;
el vuelo luminoso
de las luciérnagas…
el perro fiel y desnutrido.
Las sombras fantasmales,
las quejas, los rezos,
los mimos y las voces;
el vestido del domingo,
el pan y el café recién colado.
Juntas, la niña y yo,
entre llanto y risas
hemos crecido:
Ella, aún juega con la luna
y yo, deletreo palabras
en procura de un poema.
❃❃❃
✦
ISIDORO BARRERA MOLINA – MÉXICO
Su poesía captura el instante como una fotografía con alma. En La mujer y su foto, el gesto mínimo —recoger una imagen caída— se transforma en escena poética de encuentro, admiración y elegancia. Sus versos narran con cadencia y delicadeza el asombro contenido ante la belleza fugaz que deja huella.
“Vi los ojos más bellos… su sonrisa mostró su elegancia.”
Isidoro escribe con mirada noble y ritmo suave, donde cada paso es verso y cada recuerdo, poema.
LA MUJER Y SU FOTO.
Caminaba aquella tarde
con su paso cadencioso
al ritmo su pelo hermoso
jugueteaba con el aire
al tiempo que de su bolso
caía una foto en la calle.
Con la foto entre mis dedos
seguí a la bella mujer
lo notó y quiso correr
como queriendo y no quiero
después me regresó a ver
y vi los ojos más bellos.
Su voz se escuchó agradable
cuando preguntó ¿Qué quiere?
darle esta foto que pierde
cuando de su bolso sale
de paso yo saludarle
y mi admiración presentarle.
Suave sonrisa y discreta
así mostró su elegancia
libre de toda arrogancia
toda una dama perfecta
suavemente dijo gracias
y se dió la media vuelta.
Solo me quedé pensando
en su perfecta celsitud
que con callada actitud
de mi se estaba alejando
y yo en mi total quietud
parado y nomás mirando.
❃❃❃
MATÍAS BONORA – Argentina
Poeta, dramaturgo y docente nacido en Buenos Aires, cuya voz recorre los márgenes de la poesía social con una fuerza visceral y lúcida. En Segados, transforma el paisaje urbano en escenario de denuncia, resistencia y verdad. Su palabra no consuela: despierta.
“Levanta y camina.”
❃
SEGADOS
Segados de horizontes,
desolados se derrumban
en la soledad del asfalto.
Se derrama la mansedumbre
sobre un cieno de sangre,
de orfandades
y bajo la pólvora del desprecio.
Nos derrota la Historia
en la ajena banalidad de una indiferencia
que opaca porvenires,
desde un piélago de miseria,
tendidas crueldades del desamparo
y una desatada ruindad
sin calma.
Se desvanece la euforia
de una ilusión nonata,
derramada como sangre
en el hastío,
de madrugadas sin lumbre.
Las veredas son baldosas
sin hogares,
aloja peregrinos de la noche insomne;
expatriados en la frontera
del hambre y el desprecio.
En el altar de la mezquina mentira,
tendidas familias se refugian
entre cartones y despojos;
espontáneos desterrados
sin porvenires
ni colores.
Resisten
en la perentoria, última hora
del naufragio social,
que los arroja a la orilla
de una Historia tendida,
ardida entre caídos siglos
del llanto esclavizado
y un linaje que respira,
todavía,
entre reflejos de una prole
que se mira, se encuentra…
Levanta
y camina.
❃❃❃
ANTONIO CAMACHO GÓMEZ
España- Argentina ( !930-2023 )
No solo me enseñó a escribir… me enseñó a ver la vida con ojos de poeta. Antonio fue más que un maestro: fue brújula, raíz y faro desde la distancia. Sin haber pisado la misma tierra, logró tocar mi alma. Su poema Poeta Caído, dedicado a García Lorca, es una antorcha que aún arde con fuerza lírica y sensibilidad comprometida.
“Al alba lo mataron… No llores, Federico, que tu canto no acaba.”
POETA CAÍDO
A Federico García Lorca
Al alba lo mataron, al alba
La paloma y el ciervo se escondieron,
y el escorpión bajo la piedra fría
Las fuentes de Granada
gimieron malheridas
y la noche huidiza rompió por peteneras.
El camino se abría como un pozo de sombra
y un ruiseñor ciego voló despavorido.
Al alba lo mataron con fusiles oscuros,
/medalla irrepetible, sonrisa inacabada
sin balcón y sin luna,
con los ojos abiertos sobre la madrugada.
Tiritaron navajas /en las alamedas
y lloró el Albaicín en corro de gitanos
la sangre derramada.
No llores, Federico, que tu canto no acaba,
que eres memoria viva con tu muerte temprana.
Al alba lo mataron, al alba
❃❃❃
MARÍA ELENA CAMBA- ARGENTINA
Poeta, narradora y educadora cuya voz abraza lo íntimo con una madurez luminosa. María Elena escribe con firmeza y ternura, como quien ya ha danzado con el viento sin temor. Su poema Plenitud es un canto a la libertad conquistada, a la belleza de lo vivido, y a la dignidad de la piel que ya sabe quién es.
“Ese saberme mía, aceptar mi piel madura, encontrar la belleza de lo vivido y soñar lo que quede por vivir.”
PLENITUD
Transito este cuerpo
sin atajos ni laberintos.
Mi tardía primavera
florece reverdecida .
La vida avasalla en su fragor
sin lastres que acarrear.
Esa libertad conseguida,
ese saberme mía,
aceptar mi piel madura,
encontrar la belleza de lo vivido
y soñar lo que quede por vivir.
Amo el vuelo de la gaviota
que se mece en el lecho marino
Enarbolo alas y continúo el vuelo.
Aunque el viento arrecie
no torceré el curso.
Este instante es mi plenitud.
❃❃❃
LIBIA B. CARCIOFETTI – ARGENTINA
Libia transforma cada verso en plegaria. Su poesía espiritual eleva y abraza, como en Aurora de Paz, donde el amanecer se convierte en mensaje divino. Su obra refleja una búsqueda constante de luz interior y fe viva, convirtiendo el poema en espacio de contemplación y renovación.
“Está naciendo una alborada… yo alabo al que me dio el don de la palabra.”
AURORA DE PAZ
Ya se oyen los ecos del concierto,
están en pleno ensayo
puedo oír a lo lejos…
La distancia ya es un mito.
Se encienden las estrellas
la luna resplandece,
la piel de mi cuerpo se eriza
y el rocío la humedece.
Está naciendo una alborada.
Aurora que despierta a las cigarras.
En un mundo que se abstrae y evade lo divino.
Yo me acerco a oír correr el río.
¡Por DIOS! Que mensajes
me traen del olimpo.
Un concierto que interpreto y descifro pues los ángeles
escriben en mi libro.
Cada nota en mi pentagrama alisto
las redondas, las fusas, semifusas
las corcheas, las negras ya comienzan a danzar solas
y yo alabo al que me dio el don de la palabra.
Al concierto digo ¡LISTO!
Me rodea la escoria y no la miro
porque mi alma transmuta y levita al paraíso…
Allí donde la maldad del hombre no tiene acceso
porque todo es perfección
y sano juicio…
❃❃❃
ENRIQUE FREDY DÍAZ CASTRO – MÉXICO
Poeta de mirada elevada y palabra firme. Enrique cultiva una lírica espiritual y reflexiva que invita a levantar el rostro, a caminar con nobleza, y a mantener el corazón sereno ante los desafíos. En Mira al cielo, su verso se convierte en brújula, consejo y raíz
“No claves tus ojos en el suelo, levanta la cara y mira al cielo.”
Su poesía es guía luminosa, un canto sereno que recuerda la fuerza interior y la sabiduría heredada.
MIRA AL CIELO
No claves tus ojos en el cielo,
levanta la cara y mira al cielo,
no dobles la cerviz, no tengas miedo,
que el viento sea caricia y sea denuedo.
La vida un día se abrió para retarte,
poniéndote a la vera, desafíos.
El sol, la luna, el cerro, el ancho río
son forja en el criterio y el carácter.
Sé férreo cual la roca en la montaña,
ve seguro como el águila en el vuelo,
no ignores consejos de los abuelos,
y se noble en la lid desde la entraña.
Si el surco la planta se abre paso
y arraigada y valiente busca el agua,
como el remo que impulsa la piragua
desgarrando las redes del sargazo.
De ese modo tú debes ser constante,
separando lo malo de lo bueno,
no te exaltes, compórtate sereno,
analizando sin precipitarte.
Usan mil rostros el odio y engaño,
no te fíes de cualquiera al momento,
revisa los comerciales y gestos
sé cauteloso al pisar el peldaño.
Y no confundas con ser desconfiado
vivir aislado del resto del mundo,
hay en tu esencia potencial profundo
para rodearte del afecto honrado.
Recuerda que tus padres son el puerto
para zarpar y para guarecerte
cuando las tempestades sean fuertes,
ya pasarán para ir a mar abierto.
Escucha también del tiempo el consejo,
la formula se nutre en la experiencia,
de ti dependerá llegar muy lejos
con determinación y con sapiencia.
Que ni el halago banal o burla hiriente
hallen cabida en tu corazón sano,
cada quien posee lo honesto y lo vano
que lo identificará ante la gente.
Tienes derecho a caer no a quedarte
ahí tirado viendo la derrota,
la dignidad es principio que brota
para con nuevos bríos levantarte.
Sé agradecido con DIOS, no lo olvides,
es un valor de todo ser humano;
al que ha caído bríndale la mano
pues la verdad es cáliz que pervive.
❃❃❃
CARLOS GONZÁLEZ SAAVEDRA–ARGENTINA
Poeta del alma cotidiana, cuya obra abraza la ternura y la autenticidad del amor sin disfraces. En Tu verbo, el deseo y la dignidad se entrelazan en un canto claro y directo, donde amar se vuelve acto merecido y esencial.
Mi verbo tiene una palabra que se escribe: MEREZCO.”
Su poesía, sencilla pero intensa, conecta desde lo profundo con quienes aman sin rodeos.
TU VERBO
Hagamos la poesía con,
lo que estamos sintiendo.
Escríbeme los poemas
porque sin ellos, muero.
Voy por todo el universo
Gritando Te quiero
O susurrando a los vientos
Para que llegue a ti, mis versos
Mi verbo tiene una palabra
Que se escribe , MEREZCO
Ahí va mi impronta.
Merezco un amor como el tuyo
Merezco unos ojos negros
Merezco tus caricias, tu espera,
Merezco caminar juntos,
Contigo un sendero.
Con las cabezas gachas
Mirando el suelo
Riéndonos de nosotros y
Contándonos cuentos.
Merezco de ti un TE QUIERO
Merezco de ti, un verbo.
❃❃❃
JAIME HOYOS FORERO-COLOMBIA
Poeta de soneto impecable y emoción vibrante. Su obra funde la forma clásica con una ternura precisa, convirtiendo cada verso en geografía del alma. En El milagro de tu risa, transforma la sonrisa amada en punto cardinal y el amor en brújula lírica.
“El quinto punto cardinal del mundo son tus labios que besan bajo el peso del amor, en su vértice profundo.”
Su poesía es arquitectura del sentimiento, donde lo humano y lo divino se abrazan sin fronteras.
EL MILAGRO DE TU RISA
Despierta ríes, y al reír, tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Si no existieras más que en tu sonrisa
“y solo conociera yo tu boca,”
viviría del goce que provoca
el pájaro canoro de tu risa.
Su dulce timbre musical, hechiza
todo lo que al vibrar su risa toca:
la flor, el alma, el manantial, la roca
y las cuerdas de lira de la brisa.
El quinto punto cardinal del mundo
son tus labios que besan bajo el peso
del amor, en su vértice profundo.
Tu boca es milagrosa como el vino:
se hace en la copa de tus labios, beso,
y honda embriaguez de amor en mi camino.
❃❃❃
LAMBERTO IBÁREZ- MÉXICO
Poeta romántico de alma luminosa. Su palabra acaricia como brisa cálida, exaltando el amor con dulzura y devoción. En Ojos color de miel, convierte la mirada amada en faro, espejo y universo, donde cada verso es suspiro y celebración de lo divino en lo humano.
«Ojos que acarician el mundo, la vida; mírame mujer, el cuerpo que te aclama.”
Su poesía es caricia, luz y suspiro.
OJOS COLOR DE MIEL
Me enamoré de tus ojos color de miel
en ellos vislumbro mi horizonte claro;
son dos linternas que parecen un faro
que recorren amorosos toda mi piel.
Ojos bellos, hermosos, lindos de gato
que Dios colocó debajo de tus cejas;
quisiera que me aprisionen como rejas
y ver el mundo a través de ellos un rato.
Deseo mirarme en ellos y sean mi espejo;
peinarme en ellos mi pelo ensortijado;
ver el horizonte; el cielo despejado,
las estrellas y la luna en su reflejo.
Ojos que acarician el mundo, la vida;
mírame mujer el cuerpo que te aclama;
mírame en la luz y el amor que te llama;
mírame en las noches de lluvia crecida.
Tus ojos; dos angelitos en tu cara;
ellos cuidan tu rostro, cuidan tus manos,
la tierra, las flores y sus campos llanos;
miran el agua que en manantial brotara.
Si no puedo conquistar tus bellos ojos;
no me importa tanto; me enamoré de ellos;
son ojos pardos, cafés y son tan bellos
que cuando ellos me miran… me sonrojo.
❃❃❃
ANDREA KIPERMAN- ARGENTINA
Poeta de voz directa y emocionalmente vibrante. Su estilo confesional revela tensiones íntimas, deseos profundos y contradicciones humanas. En Tu frialdad es como una nevada, transforma el silencio y el deseo en territorio poético, donde el amor late en lo no dicho
“Esa frialdad que me toca, que me quema… Ese abrazo que derrite mi alma.”
Su palabra es espejo que arde, susurra… y permanece.
TU FRIALDAD ES COMO UNA NEVADA
Esa frialdad que me toca, que me quema,
esa frialdad de tus ojos de hielo,
esa frialdad que traspasa mi dureza,
ese abrazo que derrite mi alma,
ese baile que deja mis noches en vela,
esa dulzura en tu mirada,
envuelta en témpanos de hielo.
Esa piel que envuelve mi cuerpo.
¿Pero quién eres? ¿De dónde te conozco?
¿Por qué siento esto?
Tus palabras, duras y crueles,
hombre de todos y de nadie,
que tampoco eres mío.
Aunque siento que derribé tu helada,
con una sola mirada, con un solo baile,
con un solo suspiro.
No lo vas a admitir, y yo tampoco.
No lo susurras, porque al hacerlo,
caes rendido.
Por eso el silencio,
por eso las palabras no dichas,
por eso el intento de olvidar,
en otros labios, en otros cuerpos.
Pero ahí, en tu memoria, estaré.
Porque yo no soy igual,
y tú lo sabes bien,
aunque no me lo digas,
aunque yo no te lo diga.
Te pienso, te siento,
te extraño, te espero
Me freno, me frenas, me acallas.
Y, sin embargo, te siento.
Quiero verte,
quiero bailar contigo,
quiero abrazarte,
quiero mirarte.
Todo eso quiero.
Y tú te escondes en otras personas,
porque nuestras miradas queman,
queman el corazón.
No te quiero ver.
No te quiero pensar. Como si se pudiera….
Déjame en paz.
❃❃❃
LILIANA LORÁN – ARGENTINA
5embró belleza… y su poesía sigue brotando como lluvia serena sobre la memoria.
Su obra celebra lo sencillo con belleza, convirtiendo el campo y la lluvia en metáforas de renacimiento. En Llegó la lluvia, sus versos caen con la suavidad de una esperanza sembrada, como si cada gota anunciara el regreso de la vida.
“Última humedad deseada para que el fruto gestado guarde el sabor de la tierra que lo acunó en su regazo.”
Su poesía es brisa fértil, canto a la tierra… y memoria que florece entre silencios.
LLEGÓ LA LLUVIA
Tras muchos días de espera
las nubes vienen llegando,
las resetea el viento norte
con su rebenque entibiado.
Vienen bajando tranquilas
y al llegar hasta los llanos,
lluvias copiosas y mansas
bendecirán los sembrados.
Lluvia ansiada de Noviembre
sobre los campos preñados,
de frutales y gramíneas
prestos a ser cosechados.
Última humedad deseada
para que el fruto gestado,
guarde el sabor de la tierra
que lo acunó en su regazo.
Cuando llegue el nuevo sol
sobre los campos regados,
su brillo se hará fragancia
en plantíos aún mojados.
ELSA LORENCES – ARGENTINA (1943–2025)
Elsa escribía con ternura valiente y voz que abraza. Su obra respira amor maternal, luz interior y dignidad silenciosa. En Mi pequeño hijo, convierte la maternidad en un acto de fuerza y plenitud, donde cada verso cobija como un susurro.
“Eres la luz que me alumbra en mi triste caminar.”
Sus poemas siguen cayendo como lluvia suave sobre los días… y en cada palabra suya, palpita una presencia que no se ha ido.
❃❃❃
MI PEQUEÑO HIJO
Mira mis ojos pequeño
y sonríe a tu mamá,
eres la luz que me alumbra
en mi triste caminar.
Si no te tuviera, mira,
yo no sabría que hacer
¡Que sola me sentiría
sin tu anhelado querer!
Cuando te aprieto a mi pecho
deleita todo mi ser
el ansia de protegerte
y a Dios las gracias le doy
que me ayuda a mantenerte.
Sé que muchos me critican
porque no tengo pareja,
pero a ti te tengo hijo
que alivias todas mis penas.
Si hablar pudiera a otras madres
que dudan sobre tenerlos,
les diría que un hijo
es un pedazo de cielo
y aunque cueste sacrificios,
lágrimas dolor y pena,
una sonrisa del niño
vale más que mil estrellas.
Mira mis ojos pequeño
y sonríe a tu mamá,
eres la luz que me alumbra
en mi triste caminar.
❃❃❃
MANUEL LLANEZA BLANCO – ESPAÑA-ARGENTINA (1942-223)
Poeta de raíz filosófica y visión humanista. En Interrogante, Manuel explora las grandes preguntas del ser con una lucidez que abraza el misterio. Su palabra cuestiona sin dogma, y en ese preguntar constante, nos invita a habitar la paradoja de lo humano.
“Éramos, fuimos y somos sin saber lo que seremos.”
Su legado es pensamiento que pulsa, verso que indaga, y huella que trasciende el tiempo.
INTERROGANTE
Desde el fondo de los tiempos
viajamos hacia el destino.
Ahítos de interrogantes
transitamos el camino.
¿Qué éramos antes de ser?
¿Qué somos al estar siendo?
Éramos, fuimos y somos
sin saber lo que seremos.
Acaso fuerza que surge
de un misterio atemporal.
Intentamos explicarnos
nuestro inicio y el final.
Somos la gran paradoja
capaces de amar sin freno.
Cultivar odios sin límites,
mezclando malo con bueno.
Podemos tender la mano
mitigando el sufrimiento.
Qué previamente engendramos
por poder y por dinero.
Cambiamos cual la veleta
para donde sopla el viento.
Sin medir las consecuencias
que llegarán con el tiempo.
La influencia del entorno
condiciona nuestro acervo.
Más eso no nos disculpa
para olvidar lo que hacemos.
No juzgues con inclemencia
si no quieres ser juzgado.
Usando la misma vara
que para ello has usado.
Ni el tiempo con su cedazo
ha sido capaz siquiera,
de tamizarnos las dudas
y aliviar nuestra ceguera.
❃❃❃
MARGA MANGIONE – ARGENTINA
La poesía de Marga Mangione destila melancolía luminosa. En Si no estás, amor…, transforma la ausencia en un canto sutil, donde la naturaleza se convierte en testigo del vacío y cada verso acaricia con delicadeza la herida del amor ausente. Su obra revela una sensibilidad profunda, capaz de mostrar belleza incluso en lo que duele.
“Todo es tan maravilloso que no entiendo por qué estoy tan triste. Debe ser porque no estás».
Sus versos laten en el silencio… y nos hablan desde la sombra que aún guarda ternura.
SI NO ESTÁS, AMOR …
El sol me besa,
el viento me acaricia,
la arena me contiene
el cielo me subyuga
y una gaviota me sorprende.
Todo es tan maravilloso
que no entiendo por qué
estoy tan triste.
Debe ser porque no estás.
Y si no estás, amor…
nadie me besa,
nadie me acaricia,
nada me contiene,
ni me subyuga
y nadie me sorprende.
¿Será por eso
que estoy tan triste?
❃❃❃
SARAH PETRONE – ARGENTINA
Poeta reflexiva, cuya palabra nace desde la conciencia y la ternura silenciosa. En …Y me callo!!, Sarah confronta con firmeza la pérdida de ideales y la indiferencia del mundo moderno, pero lo hace desde un susurro que resiste. Su poesía no busca el grito: elige el silencio como forma de verdad.
El eco de gastados villancicos resuena en mis oídos… y he callado mi voz de poeta porque el mundo no quiere escuchar verdades que me guardo.
Sus versos observan, duelen… y dejan huella como caricias que nacen de la herida.
¡¡ Y ME CALLO!!
Ha pasado un año más sobre la tierra
dejando huellas que son como arañazos,
vestigios de una lucha que germina
y en el alma impiadosa se derrama.
Las luces de algún árbol, todavía
titilan a lo lejos. Sus guirnaldas
nos recuerdan
nos recuerdan la perfecta cercanía
del Niño que en el Pesebre fue acunado.
El eco de gastados Villancicos
resuenan en mis oídos, y he callado
mi voz de poeta porque el mundo
no quiere escuchar verdades
que me guardo.
Retomaron pasiones repetidas
después de la Navidad , y desnudaron
la misma mezquindad que los margina,
en cuanto los Reyes Magos se marcharon.
la Estrella de Belén perdió de vista
la dulce sonrisa que alumbraba
y partió alejándose sin prisa,
por si alguien, aún quisiera reencontrarla.
Detrás de la vorágine de la vida,
todo es valía para el ser humano
que esconde en oscuros corazones
las ansias de morir sin ideales.
Importan más las guerras fratricidas,
los sueños sin compartir, los días vanos
en la búsqueda de la razón que ya han perdido
malogrando el futuro de su raza.
En medio de alguna nube, se empecina alguien
que mira tendiéndoles las manos,
que sólo se arrodilla y se persigna.
Y lo veo ante mis ojos…
Y me callo!!
❃❃❃
SUSANA PIÑEIRO – ARGENTINA
Poeta luminosa y espiritual. Su obra invita a la renovación interior y a la esperanza activa, donde la fe y el amor son el motor de cambio. En Nueva Aurora, convoca al Espíritu a disolver la sombra y sembrar luz en cada corazón. Su verso es oración que se transforma en impulso vital.
“Solo el Amor nos eleva y solo es él quien nos construye.”
Sus poemas florecen como amaneceres: calmos, fértiles… y decididos a transformar.
NUEVA AURORA
¡Sople, sople Tu Espíritu trayéndonos nuevos aires,
llévese todo el odio, la violencia y desazón,
renuévese la Tierra desde su propio centro
y resurja lo bueno en cada corazón!
Es el Amor del Creador, el que todo lo sostiene
aquél que nos da la fuerza para intentarlo otra vez,
para apostar a lo bello buscando nuevos caminos
para que todo lo yerto hoy vuelva a reverdecer.
Solo el Amor nos eleva y solo es él quien nos construye,
a veces ganamos más cuando aceptamos perder…
pues pongámonos en marcha, ya cesemos tanta queja
para que juntos veamos un radiante Amanecer.
❃❃❃
MARÍA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ – ESPAÑA
Poeta de sensibilidad profunda, cuya voz abraza la esencia femenina con luz y dignidad. En Mujer, sus versos celebran la entrega, la fuerza y el renacimiento, convirtiendo cada palabra en homenaje a la vida que pulsa y transforma.
“Eres ola que besa las orillas, llama que abrasa… y tierra que se abre en alegrías.”
Su poesía es fuego sereno, raíz fértil… y canto que florece en cada alma que busca verdad.
MUJER
Se abrieron los panales de los cielos
y surgiste cual gota derramada
de una celda de mieles desbordada
anegando en dulzura áridos suelos.
Fuerte roca tallada en los anhelos
de dar amor y entrega en la escalada
de una vida por siempre enamorada
alcanzando tu cenit con desvelos.
Eres ola que besa las orillas
de las playas sedientas y vacías.
Eres llama que abrasa con su aliento
Las cúspides heladas y amarillas.
Y eres tierra que se abre en alegrías
cuando la vida en ti es resurgimiento.
❃❃❃
Y si alguna vez el silencio pesa, deja que estos versos te abracen. Aquí, la poesía siempre tiene voz.
TODO POESIA
«Donde la palabra es marea y el poema es puerto, aquí todo es poesía. Que cada ola traiga un verso y cada brisa susurre inspiración.»
«Todo el contenido de esta página está protegido por derechos de autor. Se permite compartirlo, siempre y cuando se cite la fuente y se reconozca la autoría. No copies sin atribuir, respeta el esfuerzo y la creatividad detrás de cada palabra. Si lo llevas contigo, hazlo con honor y reconocimiento.»
⋆。°✩。⋆
Los hijos son palabras que se hicieron carne,
versos que salieron del pecho sin borrador,
miradas que aprendieron a nombrar el mundo
con la voz que un día les cantó amor.
Son espejos que no devuelven lo mismo,
porque en ellos vemos lo que fuimos
y también lo que nunca seremos,
como si el tiempo tuviera doble ritmo.
Los hijos son viento que ya no se detiene,
pero aún huele a casa cuando pasa,
son preguntas que ya no necesitan respuesta
y abrazos que curan sin decir nada.
Nos enseñan a soltar sin perder,
a mirar sin exigir,
a amar sin condiciones,
como quien riega sin saber si florecerá.
Yo les miro desde mi otoño sereno,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “Gracias por ser camino,
aunque a veces no sepa dónde acaba.”
⋆。°✩。⋆
LOS NIETOS
Los nietos llegan como brisa nueva,
con risas que despeinan la nostalgia,
con pasos que no saben de fronteras
y abrazos que desarman la distancia.
Son preguntas envueltas en caricias,
miradas que aún no temen al abismo,
y cuentos que se inventan sin malicia
como si el mundo fuera puro optimismo.
Nos miran como quien descubre un mapa,
como quien huele el pan recién horneado,
y en sus juegos nos devuelven la capa
de héroes que creímos ya olvidado.
Los nietos no saben que son milagro,
pero lo son, en cada gesto suyo:
cuando ríen, cuando lloran, cuando halagan,
cuando nos enseñan a ser más tuyos.
Yo les miro desde mi otoño lento,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “Gracias por el viento
que me devuelve la calma.”
⋆。°✩。⋆
LOS NIÑOS
Los niños caminan sin saber
que sus pasos ya dibujan mapas,
que sus risas tienen el poder
de mover las nubes y abrir ventanas.
No saben que son mar en miniatura,
con olas que aún no rompen del todo,
con espuma que se ríe de la altura
y sal que cura sin pedir modo.
Llevan charreteras invisibles,
hechas de barro, de sol y de preguntas,
y cuando tropiezan, no caen:
se transforman en cuentos que buscan respuestas.
Los niños no saben que son poetas,
pero escriben con migas, con crayones,
con silencios que dicen más que mil letras
y gestos que sanan corazones.
Yo les miro desde mi otoño,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “No corráis tanto,
que el mundo os espera con calma.”
⋆。°✩。⋆
OTOÑO EN MIS SIENES
Tengo el otoño en mis sienes,
hojas doradas que el tiempo ha posado
como coronas de sabiduría
sobre mi frente que ya no corre,
pero aún contempla.
El viento me habla en voz baja,
me dice que no todo lo que cae se pierde,
que hay belleza en la desnudez del árbol
y paz en la lentitud del paso.
Pero mi corazón,
ay, mi corazón,
sigue brotando como abril sin calendario,
como jardín que no se rinde,
como flor que no pregunta si es otoño.
Late con la fuerza de lo que ha amado,
con la ternura de lo que ha perdonado,
con la alegría de lo que aún espera
sin exigir promesas.
Tengo el otoño en mis sienes,
pero el alma no se enfría.
Y si el cuerpo se cubre de ocres,
el corazón se viste de pétalos.
Porque hay primaveras que no dependen del clima,
ni del reloj, ni del mapa.
Hay primaveras que nacen
donde alguien decide seguir amando.
⋆。°✩。⋆
BUENOS DÍAS ALMA VIAJERA
Hoy el sol se ha despertado con ganas de escribir contigo.
Ha extendido sus rayos como versos tibios sobre la piel del mundo,
y cada rincón parece susurrar: “Despierta, que la belleza te espera.”
Que este día te abrace con la dulzura que tú regalas al universo.
Que cada gesto que hagas —por pequeño que parezca—
sea un hilo más en el telar invisible de la esperanza.
Hoy no hace falta correr.
Basta con mirar el cielo y recordar que estás viva,
que tus palabras tienen peso,
que tu silencio también canta.
Si tropiezas, que sea con una flor.
Si lloras, que sea de emoción.
Y si dudas, que sea solo para volver a elegirte.
Porque tú, alma luminosa,
no solo caminas por el mundo:
lo transformas
⋆。°✩。⋆
EL MAR QUE ME HABITA
Aunque no lo vea, sé que está ahí,
como un latido azul bajo mi piel,
como un susurro antiguo que me llama
desde la orilla invisible de mi ser.
El mar me nombra sin voz ni rostro,
me envuelve en su aroma de sal y viento,
y aunque la distancia lo esconda un poco,
yo lo siento cerca… lo llevo dentro.
Puedo pasear por su arena sin moverme,
jugar con las olas en mi pensamiento,
dejar que me acaricie los pies el recuerdo
de cada espuma que rozó mi tiempo.
Escucho su canto en el silencio,
en el rumor de hojas, en el vaivén del alma,
y su perfume llega como un milagro
cuando el aire se vuelve calma.
Vivir cerca del mar no es geografía,
es pertenecerle sin condición,
es saber que en cada paso que doy
hay una ola esperándome con devoción.
Porque el mar no es solo agua y horizonte,
es refugio, es juego, es contemplación,
es ese lugar donde todo se entiende
sin palabras, sin miedo, sin explicación.
⋆。°✩。
CUANDO EL VERANO SE DESPIDE
El verano se va, sin prisa, sin ruido,
como un huésped que deja la casa en orden,
con la arena aún tibia y el sol en los hombros,
pero con la mirada ya puesta en septiembre.
Se despide en susurros, en tardes más cortas,
en la brisa que cambia de aroma y de tono,
y en el mar que aún canta, pero más despacio,
como si supiera que el otoño se asoma.
Y llega él, el otoño, con su paso sereno,
con sus hojas que caen como cartas del tiempo,
tapizando el suelo de memorias doradas,
con su melancolía que no duele, que abraza.
El árbol se desnuda, pero sigue en pie,
resiste la lluvia, el viento, el silencio,
y en su quietud nos enseña que perder
también puede ser una forma de paz.
El otoño me invita a pasear por la orilla,
a escuchar el rumor de lo que ya fue,
a oler la nostalgia sin miedo ni prisa,
a saber que todo vuelve, aunque cambie de piel.
Y yo lo recibo con los brazos abiertos,
como quien entiende que el ciclo es sagrado,
que el verano se va, sí… pero deja semillas,
y el otoño las cuida, las mece, las guarda.
⋆。°✩。⋆
EL OTOÑO EN MI ALMA
Los años pasan como hojas al viento,
y los sueños, que antes ardían intensos,
se tornan susurros, se visten de calma,
se acomodan en rincones del pensamiento.
Ya no persigo estrellas inalcanzables,
ni corro tras promesas que se desvanecen;
ahora contemplo el cielo con otros ojos,
y agradezco la luz que aún permanece.
El otoño ha llegado a mi vida sin ruido,
con su manto de ocres, con su paz dorada,
y aunque las hojas caen, el árbol sigue en pie,
firme, sabio, con raíces bien ancladas.
Ya no temo al viento ni a la lluvia fría,
porque sé que cada tormenta trae enseñanza,
y que la melancolía no es tristeza pura,
sino el arte de mirar con esperanza.
Camino despacio por la orilla del tiempo,
dejando que las olas me cuenten historias,
y en cada paso descubro que vivir
es aceptar los cambios sin perder la memoria.
El otoño no es final, es transformación,
es la estación donde el alma se desnuda,
y en su silencio, en su ritmo pausado,
encuentro la belleza más profunda.
⋆。°✩。⋆
DESDE NIÑA EL MAR ME LLAMABA
Tuve una infancia feliz, bordada de espuma,
con el Cantábrico rugiendo tras mi ventana,
y yo, pequeña, lo miraba en silencio,
quizá asustada… pero siempre fascinada.
Cuando bajaba a la playa, lo contemplaba
como quien escucha un secreto antiguo,
y sentía que él también me miraba,
con sus ojos de sal y su aliento infinito.
Me adentraba muy despacio en su orilla,
dejando que su frescor me despertara,
y cada ola era un abrazo sin palabras,
una caricia que el alma recordaba.
Desde niña, el mar me llamaba,
con voz de viento y perfume de algas,
y yo acudía, como quien vuelve a casa,
como quien encuentra su raíz más clara.
Despertó en mí un amor hecho de miel,
de juegos, de calma, de contemplación,
y aún hoy, cuando lo escucho desde lejos,
mi corazón responde con devoción.
Porque el mar no fue paisaje ni frontera,
fue compañero, refugio, revelación,
y en cada ola que rompe en mi memoria
vuelve a nacer mi primera canción.
⋆。°✩。⋆
APRENDIZAJE
La vida me ha enseñado que todo es pasajero
y las palabras son como un suspiro al viento;
a no rendirme a ciegas al verbo lisonjero
y que el mayor milagro es el primer aliento.
Que tan sólo los ríos siguen un rumbo fijo
y todos los caminos conducen a un final;
También que no es la fe aferrarse a un crucifijo,
sino tomar conciencia de qué es el bien y qué es el mal.
Que el llanto es medicina que dulcifica el alma
y la risa es un modo de agradecer a Dios,
que toda tempestad trae una inmensa calma
y para iniciar guerras se necesitan dos.
Que amores verdaderos son cual verano ardiente
con gotas de rocío que donan su frescor,
y son grata tibieza en un invierno hiriente;
la mano que sostiene cuando falta vigor.
Que al alma, igual que al río, la ensucia el recorrido,
es clara y pura el agua al salir del manantial,
si el paso va dejando al espíritu abatido
el cuerpo es sólo lecho, el alma es inmortal.
Y si vivir nos lleva a etapas de renuncia
también hay estaciones colmadas de bonanza;
aun el cielo más negro la claridad anuncia,
el tiempo sana heridas y brota la esperanza.
Si lo ignoto amedrenta el exiguo entendimiento,
la vida es como el cielo… con cenit y nadir,
es un suspiro, un viaje, es un fugaz momento,
con el amor que llega empezaré a vivir.
⋆。°✩。⋆
DESDE LA MADUREZ
El amor con el tiempo es subyugante,
avanza a paso firme, sin apuro,
envuelve cual elixir embriagante
hilvanando con sueños el futuro.
Se reviste de fuego y de inocencia,
de vehemente pasión y de quietud;
conoce de placer y penitencia,
conoce de arrebato y de virtud.
Se anida en el silencio de las horas
para expresar con férvida pasión
que un beso tiene luz de mil auroras,
que un beso es infinita seducción.
Y sabe que la luz de una sonrisa
envuelve sutilmente entre sus velos
el mágico placer de una caricia,
las notas más sublimes de un te quiero.
Así te quiero yo, con mis silencios,
con el invierno besándome las sienes,
reviviendo con el néctar de tus besos,
ansiando siempre de tu boca mieles.
Así te quiero yo, serenamente,
con el ímpetu de la ida juventud,
y te amaré en el tiempo, eternamente,
con la calma de la pronta senectud.
⋆。°✩。⋆
CANTO MARINO
Profundo, silencioso, soñoliento,
de hechizante quietud, fuerte, imbatible;
tus sutiles susurros trae el viento,
como un canto de amor, suave, invisible.
No tienes la altivez de la montaña
pero ostentas visión de lo infinito;
si misterios ocultan tus entrañas
hoy mi pesar en ti yo deposito.
Eres cual seductor irresistible;
yo, átomo imperceptible en el oleaje,
te muestras por momentos apacible,
en otros tienes arrojos de salvaje.
Ante tu vastedad y poderío
nada se te resiste si despiertas;
sucumbe frente a ti todo navío
y quedan ante ti playas desiertas.
Al ver tu inmensidad y tu prestancia
se entrega el alma al éxtasis, serena,
mas sometes tu porte de arrogancia
al cubrir de besos blancos esa arena.
Quiero adentrarme en ti, libre, sin velas,
sin remos, sin timón, ir a tu origen…
mirar estrellas brillar cual lentejuelas
y sentir que cielo y mar mi vida rigen.
Esa extraña atracción tan embriagante
de apariencia de un mundo sempiterno
sea tal vez la proyección distante
de la paz que nos dio el vientre materno…
⋆。°✩。⋆
AMOR ATARDECIDO
Amor, dulce amor atardecido
que llegas cual aurora en el invierno;
despertar de un tiempo adormecido,
fruto silvestre que brota dulce y tierno.
Evocación de gratas sensaciones
que los años cubrieron con olvido;
amor que llega sin precisar sus razones
como el aroma tan fino del rosal escondido.
Un sueño eres, eres mi querido sueño
que inunda el pensamiento de ilusiones;
un canto abstracto, mágico y halagüeño
que se abre tan libre, exaltando emociones.
Fantástica ilusión, quizá un espejismo,
distante oasis, un cálido lamento;
caminar entre un cielo y un abismo,
beso que se convierte en un suspiro al viento.
Si es que el destino ya viene establecido
y un amor predispuesto se extravía,
aunque camine confuso y aterido
quizá al llegar a su puerto al fin sonría.
Pero el silencio se torna en enemigo
enterrando el sentimiento y la esperanza;
pudo ser un edén vivir contigo…
pudo ser, pero todo es remembranza.
Tarde te amé, quizá así estaba escrito,
fue la palabra una lenta caravana
pero el amor nunca acaba, es infinito
y será un grato recuerdo del mañana.
⋆。°✩。⋆
DESNUDEZ
Son mis versos simples frases, cual cometas de papel
pretendiendo ser estrellas con destellos de oropel;
son suspiros en el aire, simples pompas de jabón
son castillos en la arena, una historia, una ficción.
Son vaivenes apacibles de algún barco sin anclar
que surcando los océanos no tiene fijo un lugar;
mas si acaso un remolino lo sumerge sin piedad
surge intacto de las aguas y navega en libertad.
Son tristeza que se borda con sonidos de cristal,
que impotente y abatida se transforma en metal;
otras veces son jazmines intentando perfumar
la amargura de una pena que lastima sin cesar.
Son amores silenciosos ocultos en el umbral
que aferrados a esperanzas no tendrán nunca final;
un bello ángel que sonriente se ha escapó del edén,
son las manos pequeñas que me dieron sostén.
Yo quise pintar diamantes y oro envuelto en resplandor
proyectando luz brillante y del campo su verdor;
y aunque sé que mis afanes no alcanzaron su misión
sólo desnudé mi alma, sólo habló el corazón.
Acaso tan sólo sean cantos vanos de un ayer,
estertores de un volcán que se quiere adormecer;
o la búsqueda extenuante de una sacra melodía
que en sus notas me devuelva la magia y la fantasía.
Quiero luz en mi ventana, quiero el vuelo del halcón,
un árbol que me dé abrigo, quiero un sueño, una visión;
si se me extravió el camino fue por propia voluntad,
porque amé con los sentidos, con el alma, con verdad.
Hoy dejo desde mis sombras sólo un canto de amor,
un por siempre… un hasta pronto, un abrazo… una flor;
si la rima se escapa queda aún la palabra;
quizás al dormir los versos otra puerta se me abra.
⋆。°✩。⋆
A MI MADRE
Mujer que disfrazaste la tristeza
con la sonrisa en tus labios dibujada
y aun rendida encontraste fortaleza
para iniciar del día la jornada.
No izaste la bandera de igualdades
ni de luchas absurdas y pueriles;
me enseñaste de amores y bondades
que debemos servir, no ser serviles.
Que nunca es tarde para vivir un sueño
y que aun la gota de agua encierra un canto;
que no se mira al humilde con desdeño
y que se aprende una lección del llanto.
Que el silencio no siempre es cobardía
sino astucia que frena una batalla,
porque la ira nubla un claro día
y hay sabiduría en el que calla.
Que no es encanto una grácil figura
ni linda faz de suave terciopelo;
bella es también una fina escultura
y alberga dentro un corazón de hielo.
Y que la soledad nos va puliendo
como se bruñe al metal para que brille,
que aun con mis demonios combatiendo
no permita que nada mi fe trille.
Que una lisonja es frase pasajera
como la flor cortada de la planta,
grande no es quien llora una quimera
si no quien de las ruinas se levanta.
Nadie de ti cifró ningún capítulo
eres historia con pasión vivida
con tu nata humildad, así, sin título
me graduaste en la escuela de la vida.
⋆。°✩。⋆
ME PREGUNTAS…
Me preguntas quién soy,
con tus ojos negros
prendidos en los míos.
¡Y tú me lo preguntas!
Soy aquella de risa desbordada,
como alegre torrente de azúcar,
de labios encendidos y bucles rojizos.
Soy aquella que un día,
sin pájaros ni sol,
se vistió con las alas
azuladas del viento,
soltó sus amarras,
atravesó los mares,
coronó las cumbres
y vivió entre las nubes,
buscándote después
de muchas décadas.
Volé alto… tan alto,
hasta encontrarte
entre la multitud.
Y te hablé muy quedo,
hasta tocar tu alma.
Y entonces supiste…
Y acariciaste mares,
y con plumas azules,
que danzaron como olas,
escribiste versos de espuma
en la dorada arena.
⋆。°✩。⋆
NO ME LLORES
No me llores por favor cuando me haya ido,
piensa que me he adelantado a tu camino.
He vivido intensamente, estoy contigo,
en cada flor que aromará tu sino.
No me llores, si me sientes tan distante
que tu pena en el silencio te aprisiona.
No he partido, me he quedado muy constante
en esa paz que suavemente te emociona.
No me llores por favor, seca tus lágrimas,
que no apague tu sonrisa la tristeza,
dame siempre la caricia de tu alma
y la oración que me regalas con nobleza.
No me llores, mi presencia está en el viento,
en la lluvia, en el rocío, en la mañana,
en tus pasos silenciosos, en tus sueños,
en tu aliento que la vida me regala.
No me llores, que mi espíritu no muere,
tan sólo el cuerpo en la tierra se reposa,
mi sonrisa en tu memoria permanece
y en tu pecho mi recuerdo se hace rosa.
⋆。°✩。⋆
HOMENAJE A LOS LIBROS
En hojas suaves yace un universo,
historias, sueños, un mundo diverso.
Sus páginas guardan secretos y tramas,
refugio de almas, cobijo de llamas.
El tacto del papel, aroma que envuelve,
esencia que al lector siempre disuelve.
Cada palabra un latido constante,
que une las vidas en un mismo instante.
Maestros del tiempo, puente sin fronteras,
custodios del saber, guías verdaderas.
Cuando la vida se torna sombría,
un libro siempre alumbra con su melodía.
Al abrir sus páginas, mundos hallamos,
y en sus historias, también nos encontramos.
Libros, guardianes de la humanidad,
puentes eterno hacia la libertad.
⋆。°✩。⋆
MAREA DE PALABRAS
«Todo el contenido de esta página está protegido por derechos de autor. Se permite compartirlo, siempre y cuando se cite la fuente y se reconozca la autoría. No copies sin atribuir, respeta el esfuerzo y la creatividad detrás de cada palabra. Si lo llevas contigo, hazlo con honor y reconocimiento.
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Aquí confluyen las voces que cruzaron umbrales, las que llegaron desde la orilla, las que se mojaron sin miedo. Esta página es marea, es tránsito, es compañía. Bienvenidas las palabras que acarician, las que arrastran, las que reconocen.”
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El otoño
Hace días que llegó el otoño. No es solo una estación entre equinoccio y solsticio, sino también metáfora de la transitoriedad, del cambio, del pálpito interior.
Como los ciclos humanos, los árboles han dado sus frutos. Las hojas pierden su verde, se tornan ocres, marrones, rojizas… y caen, perseguidas por el viento. El árbol se aprovisiona, se despoja de ornamentos, se centra en lo esencial.
Tras la infancia primaveral y la juventud veraniega, llega la madurez otoñal. Y con ella, la reflexión. Las ilusiones, los pensamientos, los ideales… se deshacen como azucarillo en café caliente. Ya no hay espacio para fingimientos. El tiempo apremia.
Es tiempo de desnudez, de claridad. Ahora los árboles desnudos sí nos dejan ver el bosque que hay detrás.
“Aprovechemos el otoño / antes de que el futuro se congele / y no haya sitio para la belleza / porque el futuro se nos vuelve escarcha.”
“El otoño no es un final, es el arte de aprender a soltar sin perder la belleza.”
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Hojas que caen y brotes que nacen: fusión de estaciones
Mientras en el norte los árboles se despojan, en el sur florecen. Mientras aquí aprendemos a soltar, allá se ensaya el renacer. Y sin embargo, ambas estaciones comparten algo esencial: la belleza del tránsito, la poesía del cambio, la verdad del ciclo.
El otoño nos enseña a mirar con claridad, a quedarnos con lo esencial, a dejar ir sin perder la memoria.
La primavera nos invita a confiar, a abrir los brazos al brote, a celebrar lo que aún no sabíamos que estaba vivo.
Y tú, lectora o lector sin mapa, puedes elegir en qué estación habitar. Porque Marea de Palabras es hemisferio compartido, es orilla donde las hojas caídas y los pétalos nuevos se abrazan sin pedir permiso.
Gracias por el otoño que desnuda,
por la primavera que promete,
por los hemisferios que se cruzan
y por las palabras que florecen en cada estación.
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Escribir sin buscar premio
En un mundo donde la visibilidad parece ser la medida del valor, hay quienes escriben en silencio. No buscan aplausos, ni vitrinas, ni medallas. Escriben porque no saben no hacerlo. Porque las palabras les brotan como raíces, como refugio, como forma de estar en el mundo.
Estas voces no compiten. No por falta de talento, sino por exceso de verdad. Y aunque no aparezcan en rankings ni titulares, sus textos tienen una fuerza que no se mide: la de tocar sin ruido, la de permanecer sin nombre.
La escritura, cuando nace desde lo íntimo, no necesita testigos. Hay quienes escriben en libretas que nadie ha visto, en márgenes de agendas, en servilletas de café. No hay contrato, no hay exigencia, solo necesidad.
Escribir sin buscar premio es como sembrar sin esperar cosecha inmediata. Es confiar en que la palabra tiene su propio destino, aunque no siempre pase por el escaparate.
Cuando no se escribe para competir, se escribe con libertad. No hay moldes, no hay fórmulas, no hay miedo al rechazo. La voz se vuelve más auténtica, más valiente, más propia.
Y esa libertad, aunque invisible, es poderosa. Porque permite explorar, equivocarse, reinventarse. Escribir sin gustar es escribir sin pedir permiso.
A veces, después de años de escritura silenciosa, llega el momento de compartir. No por vanidad, sino por justicia poética. Porque también esas voces merecen ser leídas, valoradas, reconocidas.
Presentarse a un concurso no significa traicionar la esencia. Significa confiar en que la autenticidad también puede tener lugar en espacios públicos.
¿Y si no se gana? ¿Y si no hay respuesta? Entonces queda lo más importante: el texto escrito, la emoción compartida, la fidelidad a una voz que no se vendió.
El verdadero premio no está en el trofeo, sino en la permanencia. En saber que se ha dicho lo que se quería decir, sin disfraz, sin estrategia, sin ruido.
La voz que no compite no es débil. Es profunda, libre, y muchas veces… inolvidable. Porque no busca trofeos, busca verdad. Y en esa verdad, encuentra su fuerza.
“Porque hay voces que no buscan escenario… y aún así iluminan.”
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Julio, en los dos mundos
Julio. Un mes con dos pieles: una que suda el sol sin tregua, y otra que se arropa en lana y sombra.
En el hemisferio norte, las calles vibran de luz y sal; las ventanas se abren de par en par y los cuerpos buscan aire como quien busca respuestas. Las noches, espaciadas y tibias, invitan a quedarse un poco más. En cada esquina, una terraza, una carcajada, una promesa sin horario.
Mientras tanto, en el sur… las tazas humean entre manos cerradas, las casas se encierran en sí mismas como pájaros que se pliegan las alas. Las ventanas respiran despacio, y cada bufanda es un abrazo discreto. No hay exceso, solo latido lento.
Dos mundos tan distintos, y sin embargo, tan en espejo. Porque en ambos, julio ofrece umbrales:
– Uno hacia el descanso, la lentitud y lo blando. – Otro hacia lo crudo, lo incierto, lo que pide paciencia.
En el norte, el calor abruma… pero también abre. 🌧️ En el sur, el frío encoge… pero también protege.
Y en esa danza opuesta, algo se revela: no importa la estación del cuerpo, si el alma sabe detenerse.
Quizás eso sea julio, en cualquier punto del mapa: la mitad exacta del año que nos susurra: “Estás aquí. Aún no es tarde. Aún puedes cambiar el paso.”
Y así cruzamos julio… con el alma entre hemisferios, con el cuerpo dividido entre mantas y abanicos, pero con el corazón completo en cada estación.
Porque no importa si afuera arde el asfalto o cruje el invierno: hay un umbral que siempre espera — el de adentro.
Ese donde se escucha mejor, donde las estaciones no son meteorológicas, sino emocionales.
Ese donde tú, lectora o lector sin mapa, eliges si sigues corriendo… o te quedas, mirando cómo la vida también sucede en lo que se detiene.
Y entonces sí: julio se convierte en hogar, aunque el clima no coincida.
El fuego y el hielo se dan la mano. Y la palabra… encuentra calor incluso en el lado frío del mundo.
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San Juan desde mi terraza
Porque el mundo necesita menos miedo… y más fuego que ilumine.
Cada año, cuando cae el 23 de junio, el mundo parece detener la respiración. Las hogueras empiezan a arder como corazones antiguos, y las playas se convierten en altares de alegría primitiva.
Allí están, familias enteras, amigos, desconocidos que por una noche se sienten tribu. Comen, cantan, bailan, y cuando el reloj marca las doce… el fuego estalla en luz, y todo lo viejo empieza a desprenderse como piel que ya no abriga.
No participo —no salto llamas, no mojo mis pies en la sal— pero desde mi terraza los observo, y algo en mí arde también. Una parte mía danza con ellos, aunque no me vean. Porque hay una belleza que no necesita tocarse para sentirse: la de la conexión con el fuego, con el agua, con la esperanza de que todo puede renovarse.
El mar los recibe siete veces, como dicta la tradición. El fuego consume papeles con deseos escritos, miedos anotados, culpas calladas. San Juan… noche en que lo invisible se vuelve posible.
Y entonces me nace el deseo más hondo: que el fuego purifique, sí. Pero también que ilumine. Que queme las sombras que impiden al ser humano mirar al otro con ternura. Que dejemos de adorar al dios poder, y volvamos a creer —sin cinismo, sin prisa— en lo mejor de nosotros.
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Voz de San Juan
Soy la noche encendida, canto antiguo de fuego y espuma.
En mi piel arde el recuerdo de todos los deseos que aún no se atreven.
Mi nombre lo susurran los pies desnudos que pisan la arena,
los ojos que miran el mar como si en él viviera la esperanza.
Traigo papeles doblados, llenos de miedos escritos con temblor.
Traigo manos que se sueltan y otras que se encuentran sin saber por qué.
Y tú, que no me bailas ni me saltas, también eres mía.
Me miras desde tu altura serena y yo te alcanzo sin pedir permiso.
Porque esta noche… no hay distancias entre el fuego y el alma.
Solo cuerpos que se purifican, y silencios que se encienden sin arder.
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La voz del Mar
Yo soy el que espera en la orilla,
vestido de luna y sal.
Cada año regreso,
a recibir deseos con las manos abiertas.
Ellos vienen a mí con pies temblorosos,
a curarse, a confiar.
Saltando hogueras para olvidar,
pero son mis olas las que susurran el perdón.
Guardo en mi pecho secretos y promesas,
papeles mojados, risas , y la ceniza
de lo que quema pero no vence.
Esta noche, cuando me crucen siete veces,
yo no contaré pasos, solo esperanzas.
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Diálogo entre el Mar y el Fuego — Noche de San Juan
MAR: Vengo a ti, Fuego danzante, con mi vestido de espuma y calma. ¿Escucharás las penas que traigo de tantas almas que buscan el alba?
FUEGO: Yo ardo para sanar las memorias, para quemar lo que ya no late. Ven, cuéntame lo que el agua no olvida, y haré ceniza lo que desgaste.
MAR: Traigo cartas que nunca se enviaron, sueños varados, promesas al viento. Mis olas arrullan y las devuelven, pero aún lloran algunos intentos.
FUEGO: Dámelo todo: miedos, culpas, errores, que esta noche no juzga, solo enciende. Si alguien salta mis llamas con fe, volverá más liviano… y valiente.
MAR: Entonces yo los recibiré en la orilla, cuando hayan cruzado tu ardiente umbral. Les lavaré los restos del pasado, y les susurraré: “vuelve a empezar”.
FUEGO: Brilla conmigo, hermano salado, que juntos somos el rito y la voz. Tú, que acaricias desde lo hondo… yo, que ilumino con feroz amor.
AMBOS: Esta es la noche, este el instante. Que salte el corazón, que cante el cuerpo. Aquí se funden el fuego y las mareas… y el alma baila sin tiempo.
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Querido Verano, ( Hemisferio Norte )
Llegas con la piel en llamas y las horas dilatadas, como un suspiro que se extiende sobre los días. Te recibimos entre aromas de sal, risas más sueltas y un tiempo que parece detenerse entre los limones y la sombra.
Eres la estación del exceso y el despojo, del cuerpo que se suelta y del alma que se atreve. El sudor cuenta secretos que no dijimos, y el cielo, más cercano, parece invitar a soñarlo todo.
Tus tardes son incendios dorados, tus noches… jardines abiertos al deseo. En cada esquina, una canción, una fruta, una posibilidad.
Nos enseñas a vivir sin abrigo, a mostrarnos sin miedo. Las aceras se llenan de pasos lentos y las almas se abren como abanicos. Hay algo en tu calor que desarma lo solemne y devuelve la risa a su lugar sagrado.
Y aunque no todos aman tus fuegos, tú sigues ahí, implacable, recordándonos que también somos sudor, desorden y pasión.
Bienvenido seas, querido Verano. Que tus días largos nos enseñen a habitar el presente y que tu fuego no nos queme… sino que nos despierte.
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Querido Invierno, ( Hemisferio Sur )
Con tu llegada pausada y tu manto de silencio, te recibimos con la quietud del que sabe esperar. Tus días breves y tus noches extendidas nos invitan a recogernos, a encender la lámpara interior y a mirar hacia adentro.
Eres la estación del fuego bajo y la palabra dicha en voz baja. El instante en que el alma se arropa y la esperanza hiberna sin extinguirse. Nos enseñas que no todo florece a la vista… pero que todo germina en lo invisible.
Los paisajes visten su desnudez con dignidad. Los árboles, sin hojas, nos muestran la belleza del esqueleto honesto. Y en esa aparente muerte, se prepara la vida que vendrá.
Tus pasos crujen sobre la escarcha, y en cada aliento se dibuja una nube que nos recuerda que seguimos vivos. Las chimeneas hablan con humo, las tazas con vapor, los ojos con más ternura que palabras.
Invierno, traes contigo la promesa del renacer, aunque aún no haya brote. Nos enseña a tener fe en lo que aún no se ve, a latir lento, a abrazar el silencio como un canto.
Bienvenido seas, querido Invierno. Que tu abrazo frío sea también refugio, y que tus días grises nos revelen la luz que llevamos dentro.
“Tengo el invierno rondándome las sienes, pero mi corazón está en eterna primavera.”
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La tormenta
El cielo se oscurece y una calma opresiva anuncia la llegada de la tormenta. Los primeros truenos retumban en la distancia como el rugido de un gigante despertando. De repente, el firmamento estalla en mil pedazos y una cortina de lluvia torrencial se abalanza con furia sobre la tierra. El golpe ensordecedor de las gotas contra el suelo y los tejados va acompañado de relámpagos que rasgan la oscuridad, iluminando por un instante el caos natural. Cada trueno sacude el corazón, encoge el alma con su poder. Y, sin embargo, hay una belleza indomable en este espectáculo: la naturaleza desatada recuerda su fuerza soberana, como si un artista invisible pintase su obra maestra. > > Las calles se convierten en ríos improvisados. Cada gota, con vida propia, salta y danza en un frenesí sin fin. El viento, cómplice de la tormenta, susurra secretos antiguos al oído de los árboles, que se inclinan y crujen bajo su embate. > > Es una sensación dual: asombro y temor, maravilla y respeto. La furia limpia el aire, arrastra las impurezas y deja tras de sí un mundo nuevo, fresco y vibrante. Cuando finalmente amaina, el silencio que sigue es casi sagrado, como si la propia naturaleza exhalase alivio. Estas lluvias torrenciales nos enfrentan a nuestra pequeñez frente a lo incontrolable… y, al mismo tiempo, nos enseñan a valorar la calma que llega después.
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Envejecer
Envejecer no es perder, es transformar. Es aprender a soltar lo que pesa y abrazar lo que realmente importa. Es descubrir que la belleza nunca estuvo en el reflejo, sino en la historia que tejemos con cada paso.
Es mirar atrás sin arrepentimiento, entender que cada cicatriz es una línea en nuestro relato, que cada risa dejó su eco en el viento. Es dejar ir lo que no suma, y encontrar en lo sencillo la grandeza que siempre estuvo ahí.
Envejecer es el arte de caminar más lento, pero con mayor certeza. De elegir sin miedo, de valorar a quienes se quedan y despedir sin dolor a quienes parten. Es descubrir que no hay prisa, ya que, la vida sigue latiendo en cada nuevo amanecer.
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El arte invisible de cambiar
Hay transformaciones que no hacen ruido. No son caídas ni ascensos. Son más bien desplazamientos suaves hacia un lugar más cómodo dentro de una misma.
Con el tiempo, uno empieza a dejar de discutir consigo misma. Deja de pedir tanto. Y empieza, por fin, a recibir. Recibe amor sin miedo, compañía sin necesidad, silencio sin incomodidad.
Lo que antes era desorden, ahora es textura. Lo que parecía debilidad, ahora es ternura.
Ya no se trata de lograr, sino de cuidar. De recoger los días como quien recoge moras en un cuenco de barro: sin prisa, con gratitud.
La amistad adquiere otro color. El amor también. Y de repente, un mensaje inesperado, una mano tendida o un poema que no pide nada… son tesoros.
El cuerpo cuenta historias con cada línea, y el alma aprende a no interrumpirse. A mirarse al espejo con afecto. A no querer volver atrás.
Hay un instante —quizá hoy, quizá ahora— donde comprendemos que estamos bien así. Y en ese punto exacto, sin fuegos artificiales, comienza la verdadera libertad. Y si hemos cambiado… que así sea.
Porque también hay luz en lo que ya no somos, y un hogar en lo que hoy, por fin, abrazamos. Quizás crecer no era escalar montañas… sino aprender a sentarse en la cima de una misma, sin miedo a quedarse quieta. Ya no corro, no me escondo, no me excuso. Solo camino… más despacio, sí, pero más cerca de mi.
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JUNIO: ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA, EL MOVIMIENTO Y LA TRANSICIÓN
Junio llega como un punto de inflexión, un umbral entre lo que hemos recorrido y lo que aún nos espera. No es solo el sexto mes del año: es un instante de luz y sombra, de caminos abiertos, de decisiones que marcan el rumbo.
El solsticio de verano se acerca en el hemisferio norte, extendiendo los días hasta su límite, envolviendo todo con la intensidad de su brillo. Mientras tanto, en el sur, el invierno reclama su espacio, invitándonos a la introspección, al recogimiento necesario antes de emprender una nueva marcha.
Así es junio: una danza entre opuestos, una invitación a moverse, a explorar, a redefinir lo que somos. Cada viaje que emprendemos—sea externo o interno—es una puerta hacia lo desconocido. Y cada paso nos exige confrontar nuestras propias sombras, descubrir lo que realmente nos impulsa.
La luz y la oscuridad no son enemigos; son fuerzas complementarias que nos enseñan a mirar más allá de lo evidente. Hay momentos para correr hacia el horizonte y otros para detenerse y escuchar el eco de nuestro interior. Junio nos recuerda que el equilibrio entre ambos es lo que nos hace avanzar.
«En este tránsito entre luz y sombra, entre movimiento y pausa, el mundo también cruza un umbral. Las decisiones de unos pocos marcan el destino de muchos, y la historia nos observa. La pregunta es: ¿seremos capaces de encontrar equilibrio entre lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser?»
Y así, en este mes que arde en luz, también llegan las Hogueras. En muchas orillas del mundo —y especialmente en tierras de fuego mediterráneo—, junio enciende su ritual: el fuego que purifica, que deja atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Saltamos llamas, escribimos deseos, y entregamos al aire lo que ya no queremos cargar.
Porque junio también es eso: una llama que transforma, una oportunidad de renacer entre brasas y esperanza.
Ya sea que caminemos por senderos reales o por los caminos de nuestra propia mente, junio nos reta a seguir adelante. Porque todo cambio es movimiento, y en ese viaje, encontramos nuestra verdad.
«Porque, en tiempos de incertidumbre, la palabra es resistencia. Que las letras atraviesen fronteras, desafíen silencios y sean luz en la sombra.»
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ENTRE AUSENCIAS Y ABRAZOS
A veces los sentimientos acarician como brisa. Otras… arrasan como tormenta. Nos traspasan sin pedir permiso. Nos transforman, nos sacuden, nos enseñan a querer… y también a soltar.
El dolor no siempre grita. A menudo se esconde en los silencios compartidos, en las palabras que nunca dijimos, en una mirada que evita la nuestra. Hay decepciones que no dejan marcas visibles… pero duelen como si las llevaras tatuadas en el pecho.
Y sin embargo, hay días en los que basta poco: un abrazo espontáneo, una palabra sin juicio, alguien que escucha de verdad sin intentar arreglarnos.
Eso… eso a veces salva.
Porque sí, los sentimientos duelen. Pero también nos sostienen. Son la grieta por donde entra la luz. No siempre entendemos lo que sentimos, y está bien: hay veces en que el corazón necesita hablar en su idioma, sin traducciones.
La tristeza nos recuerda lo que alguna vez amamos. El miedo nos señala lo que no estamos listos para perder. La decepción nos muestra el límite… y la puerta de salida.
No somos solo lo que nos pasó. Somos lo que decidimos hacer con eso. Lo que callamos con dignidad. Lo que gritamos para no rompernos por dentro. Y sí… si caemos, que sea para aprender a alzar el vuelo con más conciencia. A nuestro ritmo. Con nuestras alas. Y con el alma… un poco más fuerte. Y muchísimo más humana.
Entre lo que nos hiere y lo que nos sana… a veces es el silencio compartido lo que más nos sostiene.
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La paz: una quimera económica
La paz es un ideal que ha guiado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, alcanzar una paz duradera y universal sigue siendo un objetivo esquivo. Las razones son muchas, pero una de las más predominantes es la económica.
La guerra, a pesar de su costo humano y moral, genera beneficios económicos para ciertos sectores. La venta de armas es un negocio multimillonario que involucra a países de todo el mundo. Las industrias de defensa y los contratistas militares prosperan en tiempos de conflicto, y esos beneficios crean un incentivo perverso para perpetuar la guerra. La paz, en cambio, no genera esos mismos réditos. No hay una «industria de la paz» capaz de competir con la maquinaria económica de la guerra.
Además, los conflictos se justifican a menudo como vía para obtener recursos naturales, controlar territorios estratégicos o ejercer influencia geopolítica. Estos intereses económicos y políticos prevalecen sobre los esfuerzos por alcanzar soluciones pacíficas. Quienes se benefician de la guerra tienen escaso incentivo para abrazar la diplomacia.
La paz exige inversión en educación, desarrollo sostenible y fortalecimiento de instituciones democráticas. Son apuestas a largo plazo, sin retorno inmediato, pero con un valor incalculable en términos de bienestar humano, cohesión social y estabilidad global.
Para alcanzar una paz duradera, es necesario cambiar de perspectiva: comprender que el verdadero progreso económico no se mide solo por beneficios monetarios, sino por la calidad de vida y el bien común. Necesitamos construir una economía de paz, una que valore la cooperación, la justicia y la dignidad por encima de los intereses inmediatos.
La paz no es un sueño utópico: es una necesidad urgente, y posible, si tenemos el coraje de cambiar nuestras prioridades y trabajar juntos hacia un futuro más justo y solidario.
Como escritores, tenemos la responsabilidad moral de promover la paz desde nuestras letras, que viajan sin fronteras. Nuestros relatos, poemas y ensayos pueden inspirar, despertar conciencias y abrir ventanas de entendimiento. En un mundo donde reinan el conflicto y la violencia, las palabras pueden convertirse en faros.
Es nuestra tarea sembrar semillas de paz en el corazón de quienes nos leen. A través de nuestras historias, podemos mostrar la belleza de la diversidad, la importancia del diálogo y el valor de la empatía. Cada letra, cada palabra, cada frase puede convertirse en puente: entre culturas, entre almas, entre mundos.
Ojalá nuestras letras viajen lejos, y encuentren eco en las mentes y los corazones de quienes aún creen —y luchan— por un mundo mejor.
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A LOS PODEROSOS DEL MUNDO
Están sentados sobre una bomba que ustedes mismos han construido. Y cuando estalle, no habrá refugio, ni negociaciones, ni tregua que los proteja del peso de sus propias decisiones.
No importa si son rusos, ucranianos, israelíes, palestinos o iraníes. Lo único que verdaderamente importa—lo único que debería importar—son las personas que habitan esos países. Pero ustedes no lo ven así.
Para ustedes, son cifras. Daños colaterales. Piezas sacrificables. Las vidas arrancadas no son tragedias; son estadísticas. Los hogares reducidos a escombros no son pérdidas; son consecuencias inevitables.
La guerra en Ucrania ha sido una muestra brutal de su desprecio por la humanidad. Ciudades devoradas por las llamas, cuerpos que ya no tienen nombre, niños que nunca conocerán la paz. Y mientras tanto, ustedes trazan líneas en mapas, convierten vidas en fichas, planifican la siguiente masacre con el mismo cálculo frío de quien juega al ajedrez.
Las sirenas de alerta ya no suenan solo en los países en guerra; el terror se ha convertido en idioma universal. Porque ustedes, los que gobiernan el mundo, han decidido que la sangre es un recurso más, que el miedo es una moneda de cambio.
No escuchan al pueblo. No les importan las protestas, los gritos de dolor, las súplicas de quienes imploran justicia. Porque en su mundo, el único lenguaje que vale es el del poder.
Los niños que hoy corren bajo fuego serán adultos incapaces de olvidar el sonido de la destrucción. Las familias, despojadas de su hogar, deambulan como sombras, sin tierra, sin destino. Se bloquea la ayuda, se niega la existencia, se marca con crueldad quién merece vivir y quién está condenado a morir.
Tal vez para ustedes esto sea solo una estrategia. Un cálculo. Una transacción. Pero cuando todo termine, cuando los cadáveres sean contados y el polvo se asiente sobre lo que fueron ciudades, ¿Qué quedará?
¿Qué historia se escribirá sobre ustedes?
No queremos discursos vacíos ni promesas recicladas. No queremos condolencias hipócritas ni reuniones diplomáticas llenas de gestos ensayados. Queremos acción. Queremos que dejen de jugar con vidas como si fueran simples números en sus balances de poder.
Porque el día en que sus muros se desmoronen, cuando la historia los alcance, lo único que quedará será la sangre en sus manos y el juicio implacable del tiempo.
Y cuando el último disparo haya sido efectuado, ¿habrá vencedores? ¿O solo quedarán ruinas, recuerdos y generaciones marcadas por su ambición?
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A LOS CREADORES DE MUNDOS, LOS ARQUITECTOS DE EMOCIONES, LOS GUARDIANES DE LAS PALABRAS
Hoy es vuestro día, un merecido homenaje a la noble y a la vez ardua tarea de dar vida a las ideas. Ser escritor no es solo poner palabras en papel, es abrir puertas a universos inexplorados, es tocar el corazón de aquellos que buscan consuelo, inspiración o simplemente compañía en las páginas.
Escribir es navegar por mares desconocidos, a veces con tormentas de dudas y bloqueos, otras con la calma de una brisa creativa que guía cada frase. Pero en cada palabra, en cada línea, yace el poder de transformar la percepción del mundo, de sanar heridas invisibles, de sembrar semillas de cambio.
A quienes luchan con el vacío de la página en blanco, que sepan que incluso en el silencio se gesta la magia. Cada pausa, cada intento, es un paso más en este viaje. Porque ser escritor es resistir, persistir y jamás dejar de buscar la verdad en las palabras.
Gracias por mostrar el alma del mundo a través de las tuyas. Que hoy encuentres un nuevo motivo para escribir, una chispa que encienda nuevamente esa pasión que llevas dentro. Porque cada palabra importa, y tu voz es necesaria.
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EL ECO DEL ALMA
No escribo versos por capricho, escribo para vaciar el alma, para que los silencios encuentren su voz y las emociones tengan un refugio en palabras.
Cada línea es un suspiro, un latido, un rincón de mi ser puesto al desnudo, es mi forma de llegar a ti, de hablarte en un idioma que va más allá de lo tangible.
El papel no es solo un papel, es confidente, espejo, amigo; y lo que nace de mi pluma son pedacitos de vida que comparto contigo.
Escribo para encontrarme, para sanar las grietas de mi ser, y tal vez, al leerme, tú también te encuentres en mis palabras.
Llevo mis sentimientos en un viaje sin fronteras, para que alcancen tus manos, tu mente, tu pecho, y, tal vez, te susurren algo que ya sabías, algo que siempre estuvo allí, pero necesitaba un poema.
Porque escribir no es solo desahogar, es compartir el peso y la belleza de la existencia, es abrir una ventana al alma y dejar que la luz, por fin, entre.
En cada verso, en cada línea, hay una parte de mí, y cuando tú lees, esa parte también se convierte en tuya.
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LA LLUVIA
La lluvia cae con suavidad, como si el cielo deseara susurrar secretos a la tierra. Su melodía, un delicado tamborileo, envuelve el mundo en una serenata que adormece el alma y alivia las inquietudes.
El aroma a tierra mojada se alza con cada gota, ese perfume único que despierta memorias dormidas. Me transporta a la infancia, a los días en que todo parecía posible, y cada rincón del mundo guardaba un misterio por descubrir. Aquel tiempo en que correr bajo la lluvia era más una danza que una simple travesura, y las nubes eran testigos indulgentes de nuestras risas.
Me gusta caminar bajo la lluvia, esa lluvia fina que moja mi rostro con delicadeza, como si la naturaleza misma quisiera acariciarme. Cada paso es un encuentro con la serenidad, un instante de conexión íntima con el mundo que nos rodea.
La lluvia no solo cae del cielo; también cala en el corazón. Nos recuerda la belleza en lo sencillo, el poder de los momentos tranquilos y la magia de dejarse llevar por el sonido, el olor y las emociones que nos conectan con lo más profundo de nosotros mismos.
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VOLVER A ESCRIBIR
Cada palabra es un paso hacia la recuperación, una forma de sanar desde adentro.
Volver a escribir después de una grave enfermedad es un proceso que va más allá de las palabras en una página. Es una reinvención de uno mismo, una danza entre la fragilidad y la resiliencia Cuando enfrentamos una enfermedad grave, nuestra relación con las palabras cambia. La escritura se convierte en un refugio, un espacio donde podemos expresar nuestras emociones, miedos y esperanzas.
La lucha contra el silencio: La enfermedad puede silenciarnos, robarnos la voz literal o metafóricamente. Volver a escribir es un acto de resistencia contra ese silencio. Es como abrir una ventana en una habitación oscura y dejar que la luz entre.
A veces, las palabras fluyen con facilidad; otras veces, luchamos por encontrarlas. Pero cada intento es una victoria sobre el vacío.
Escribir tras una enfermedad nos hace vulnerables. Nos enfrentamos a nuestras limitaciones, a la fragilidad de nuestro cuerpo y mente. Pero esa vulnerabilidad también es nuestra fuerza. En nuestras palabras, encontramos la valentía de compartir nuestra historia, de conectar con otros que han pasado por lo mismo. Nuestra voz puede cambiar tras una enfermedad. Quizás sea más suave, más pausada o incluso diferente. Pero no importa cómo suene; lo importante es que sigue siendo nuestra. La escritura nos permite reencontrarnos con esa voz, adaptarla y darle nuevos matices. Escribir es también un acto de memoria. Recordamos los momentos difíciles, pero también celebramos los pequeños triunfos. Cada palabra es un ancla que nos conecta con nuestro pasado y nos impulsa hacia el futuro. Volver a escribir es un regalo. Es un recordatorio de que estamos vivos, de que tenemos la oportunidad de seguir creando, explorando y compartiendo. Cada palabra es un agradecimiento por la vida que aún palpita en nosotros.
«Volver a escribir no es solo recuperar la voz perdida, sino descubrir una nueva. Cada palabra es un latido, una señal de que seguimos aquí, con historias por contar, con mundos por explorar. En la tinta y el papel, encontramos el reflejo de nuestra propia resiliencia. Escribir es vivir, y hoy, volvemos a vivir.»
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LOS HIJOS
Debemos educar a nuestros hijos para que naveguen por los mares de la vida y, cuando llegue el momento, dejarlos zarpar.
Cuando paseamos por un puerto y observamos los barcos, sabemos que están en un lugar seguro, abasteciéndose y preparándose para lanzarse al mar. Ese es su destino: surcar las aguas y encontrar sus propias aventuras. Dependiendo de lo que la naturaleza les depare, podrán ajustar su ruta, explorar nuevos caminos o buscar otros puertos.
Así son los hijos. Tienen en sus padres un puerto seguro, un refugio al que siempre pueden regresar. Pero, por más seguridad y protección que les brindemos, todos nacimos para navegar los mares de la vida, afrontar nuestros propios riesgos y vivir nuestros propios desafíos. En nuestro viaje llevamos los conocimientos y fortalezas adquiridas en nuestro hogar, que nos sirven de guía en la travesía.
Como padres, a veces queremos retener a nuestros hijos en el puerto, protegerlos para que no enfrenten tempestades. Sin embargo, ellos están hechos para zarpar cuando llegue el momento. La estancia en el puerto no es permanente, sino una etapa de preparación para la navegación.
Algunos padres temen soltar las amarras y permiten que el miedo les impida preparar a sus hijos para el viaje. Pero la vida exige que aprendan a encontrar su propio destino, construir su propio refugio y convertirse, algún día, en un puerto seguro para otros.
Los hijos nacen para ser ciudadanos del mundo. Podemos desear su felicidad, pero no podemos vivirla por ellos. Podemos contribuir a sus sonrisas, pero no podemos sonreír en su lugar. Deben partir, igual que los barcos abandonan el puerto en busca de sus propias conquistas.
Sin embargo, para enfrentar el viaje necesitan sentirse amados, seguros de sí mismos y fortalecidos en sus valores. Nuestra tarea es prepararlos para su travesía.
¡Qué difícil es soltar las amarras! Pero, como padres, podemos sentir orgullo al verlos partir, sabiendo que son barcos fuertes, independientes y capaces, listos para navegar con todo lo que les hemos enseñado. Porque los hemos educado para la vida, para la independencia.
Recuerda: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero.”
Con el tiempo, volverán más sabios y enriquecidos por las experiencias vividas y las culturas descubiertas. Y sabrán que, pase lo que pase, siempre habrá gente esperándolos en el puerto.
«Un hijo es un ser que llega al mundo para darnos un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos.»
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EL PODER DE LA PALABRA
El poder de la palabra es tremendo, no hay que olvidar que cuanto sale de nuestra boca tiene un valor. Así, lo más pequeño e insignificante puede hacer un gran daño. Sin embargo, una palabra puede contener en sí misma un poder enorme y, acompañada de más palabras, puede llegar a ser incluso demoledora.
La fuerza de las palabras es tal, que no son necesarias demasiadas para causar una profunda alegría o una honda tristeza. Muchas veces basta una frase que valide una emoción que sentimos o un párrafo corto que ataque nuestro punto más débil.
Nos guste o no, la palabra es la forma más usada para la comunicación. Además, es un intercambio que deja huella. ¿Quién de nosotros no recuerda alguna de esas frases que le ha causado un gran dolor o le ha alegrado el día? No obstante, no solo el poder de la palabra es grande cuando pretende herir. También sirve para describir sentimientos como el placer, la bondad, el amor o el agradecimiento. De hecho, hemos sido capaces de crear algunas de las palabras más bonitas del mundo para hablar de aquello que nos agrada: belleza, amistad, solidaridad etc
¿ Y las palabras de amor ?¿Qué sería del amor sin la palabra? ¿Hay algo más bello que decirle a la persona a la que quieres todo cuanto sientes por ella, y que sepa lo mucho que significa en tu vida?
Es evidente que el poder de la palabra es enorme para hablar con otras personas de todo cuanto es bueno en nuestra vida, este es probablemente uno de los mejores usos que tiene. Me gustaría referirme al poder de la palabra por su enorme capacidad para transmitir mentiras, tratando de captar la atención del interlocutor para decirle algo que en realidad no es cierto.
Es una pena que la riqueza lingüística con la que contamos se utilice en ocasiones para insultar, mentir, discriminar o falsear la realidad, pues ninguna palabra de este planeta merece una utilización tal. La palabra tiene un enorme poder. La palabra puede ser fuente de poesía, de creación, de amor, de vida, de alimento para el alma, de positivismo… Pero, como todo en este mundo, hay un lado oscuro que la retuerce y la oprime, la grita y la estrangula.
Por desgracia, cada día parece haber más voces que intentan que su mensaje quede por encima del resto, elevando el tono o la gravedad de las acciones con las que intentan respaldarlo. Atacando a los demás, pensando que la validez de su mensaje les confiere el resguardo moral necesario para sesgar las vidas de quienes se oponen o permanecen indiferentes al mismo.
La responsabilidad con la que ejerzamos y disfrutemos del poder de la palabra es nuestra. Utilizarla para crear construir, compartir, acariciar o abrazar en vez de para agredir, atacar o destruir, en el fondo, es nuestra decisión. Tanto practicarlo como censurarlo
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EL MATRIMONIO INFANTIL: Una Lucha por la Justicia y la Igualdad
Abordar la realidad del matrimonio infantil es un paso crucial para generar conciencia sobre esta problemática global. Algunos de los países donde esta práctica es más común incluyen Níger, Chad, República Centroafricana, Malaui, Sudán del Sur, Bangladesh, India y Yemen2. En muchos de estos lugares, aunque existen leyes que establecen una edad mínima para casarse, se permiten excepciones con el consentimiento de los padres o la autorización de un juez.
Las niñas son forzadas a casarse a edades muy tempranas, una práctica que perpetúa la pobreza, la desigualdad y la violación de derechos fundamentales. Él matrimonio infantil sigue siendo una práctica legal o tolerada en varios países debido a lagunas legales, tradiciones culturales o excepciones específicas.
Cuando visité el Mercado de los Pájaros en Kabul, fui testigo de una realidad desgarradora: niñas siendo vendidas por cantidades ínfimas, como si fueran mercancía. Esta imagen me quedó grabada, y es un ejemplo claro de cómo las niñas son privadas de su infancia y sus derechos básicos.
La gran mayoría son obligadas a abandonar la escuela, perdiendo la oportunidad de construir un futuro mejor.
Las niñas enfrentan embarazos precoces que ponen en riesgo sus vidas y las de sus bebés.
Es una violación flagrante de sus derechos, perpetuando el ciclo de abuso y desigualdad.
SERBIA/PROVINCIA DE LAGHMAN, Afganistán/ESKİŞEHİR, Türkiye –
¿Cuánto vale una niña? Si eres guapa, como Najat, la respuesta es que vales un pollo, un paquete de cervezas y 100€. Esa es la cantidad que su familia, que vive en un asentamiento romaní en Serbia, recibió a cambio de su mano «en matrimonio». En ese momento tenía 11 años. “Los beneficios económicos les duraron tal vez un mes, pero me crearon un problema para toda la vida”, se lamentó Najat, que ahora tiene 18 años. «A ninguna de mis tres hermanas le fue mucho mejor. Una dio a luz a los 13 años. Y la otra termino en el hospital la noche de bodas, porque su marido que le quintuplicaba la edad, la destrozó los órganos genitales.”
El matrimonio infantil sigue siendo una realidad devastadora para millones de niñas en todo el mundo. Cada año, más de 12 millones de niñas menores son forzadas a casarse, muchas veces con hombres mucho mayores.
Sin embargo, la esperanza reside en las iniciativas internacionales que luchan por erradicar esta práctica. Organizaciones y comunidades trabajan para educar, concienciar y presionar a los gobiernos para establecer leyes más estrictas. Es fundamental entender que no se trata solo de prohibir, sino de empoderar a las niñas y transformar las sociedades que perpetúan esta práctica.
Al hablar de este tema con empatía y respeto, podemos movilizar a más personas hacia un cambio. Es nuestro deber proteger a cada niña, asegurándonos de que pueda vivir su infancia plenamente, educarse y tomar sus propias decisiones sobre su futuro. Sólo juntos podemos erradicar el matrimonio infantil y construir un mundo donde ninguna niña sea obligada a casarse.
,«Cada niña merece algo más que sobrevivir: merece vivir plenamente, decidir su destino y construir su futuro. Erradicar el matrimonio infantil no es solo un desafío, es nuestra responsabilidad colectiva como humanidad.»
Los escritores y poetas poseemos un don invaluable: la palabra escrita, capaz de cruzar fronteras, de tocar almas y de llegar a los rincones más lejanos del mundo. Hoy más que nunca, necesitamos usar nuestra voz para hablar en nombre de aquellas que no tienen la oportunidad de hacerlo. Escribamos con el corazón, con valentía, y hagamos que cada palabra sea un faro de esperanza y justicia. Porque con nuestras letras podemos cambiar realidades y devolverles la voz a quienes han sido silenciadas.
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CARTA DESDE LAS SOMBRAS
Una Llamada a la Conciencia sobre la Trata de Seres Humanos
Queridos habitantes del mundo,
Os escribo desde un lugar que muchos preferirían ignorar, un rincón oscuro de la realidad donde la dignidad se comercia y la esperanza se desvanece. Soy la voz de aquellos que han sido arrebatados de sus vidas y sumergidos en el abismo de la trata de seres humanos.
Esta carta es un grito silencioso que busca atravesar las barreras de la indiferencia. La trata es un monstruo de mil caras: tráfico de órganos, niños arrancados de sus hogares para convertirse en esclavos o soldados, almas forzadas a trabajar en minas, hogares y campos, y cuerpos vendidos contra su voluntad para el placer de otros.
Las conferencias mundiales y las instituciones como la ONU han levantado la alarma, pero aún así, la esclavitud moderna se extiende como una sombra, adoptando formas más sofisticadas para engañar y explotar. Es una violación flagrante de los Derechos Humanos que desafía a nuestra sociedad a actuar, no solo a nivel legal, sino en el corazón de nuestra humanidad.
El Protocolo de Palermo nos abrió los ojos, pero aún hay quienes dudan de las palabras de las víctimas, quienes juzgan sin entender la profundidad del engaño y la coacción. No hay víctimas de primera o segunda clase; todas merecen ser escuchadas, respetadas y liberadas.
Los Derechos Humanos son más que un legado; son el faro que guía nuestra lucha. No basta con conocerlos; debemos vivirlos y exigir que se cumplan. Cada mujer, cada niño, cada ser humano atrapado en esta red tiene derecho a un futuro, a la libertad de elegir y a la oportunidad de reconstruir su vida.
La información es poder. Sabemos que los niños y las mujeres son los más afectados, explotados en condiciones inhumanas, perdidos en un mercado negro que devora su inocencia. Internet ha abierto nuevas puertas para los traficantes, pero también nos ofrece la posibilidad de educar y proteger a los vulnerables.
Nuestro objetivo es claro: concienciar y erradicar este crimen contra la humanidad. Los desplazados, los empobrecidos, los marginados son los más susceptibles, pero juntos podemos construir un muro de solidaridad y acción.
Preguntémonos, ¿qué nos hace humanos si no es la compasión y la justicia? ¿Cómo podemos mirar hacia otro lado cuando hay vidas en juego? La trata de seres humanos es una mancha en nuestra civilización, y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de borrarla.
Con esperanza y determinación, alcemos todos la voz en la lucha contra la trata de seres humanos.
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¿ QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SIN LOS LIBROS ?
Los libros han sido, desde tiempos remotos, faros de conocimiento, refugios de emociones y ventanas hacia mundos imposibles. Si no existieran, ¿Qué perderíamos realmente?
Sin ellos, el pensamiento humano no tendría el mismo alcance, la imaginación se reduciría a lo cotidiano, y la memoria colectiva se desvanecerá con el tiempo. Seríamos huérfanos de historias, de sueños escritos, de la sabiduría que nos conecta con quienes vivieron antes que nosotros.
Los libros nos enseñan, nos conmueven, nos transforman. Son un espejo donde reflejamos nuestras propias incertidumbres, donde encontramos respuestas que no sabíamos que buscábamos. Sin ellos, la humanidad sería más frágil, más limitada, menos consciente de sí misma.
Cada página nos permite viajar sin movernos, sentir sin haber vivido, aprender sin haber experimentado. Nos dan el poder de entender mundos lejanos, de explorar la mente de los grandes pensadores, de reconstruir el pasado y reinventar el futuro.
Si los libros no existieran, los silencios serían más largos, la historia quedaría en sombras y la imaginación perdería su libertad. Pero afortunadamente, los libros están aquí. Y mientras haya palabras impresas o digitales, mientras existan quienes los escriban y quienes los lean, seguiremos creando mundos, emociones y conocimiento que nos acompañarán por siempre.
Porque sin los libros, simplemente, no seríamos los mismos.
Imagínalo por un momento. Un mundo sin libros. Sin historias, sin pensamientos escritos, sin huellas de quienes nos precedieron.
Sin ellos, el conocimiento no podría trascender de generación en generación. Cada descubrimiento quedaría atrapado en la mente de unos pocos, sin posibilidad de ser compartido. La humanidad no aprendería del pasado, repetiría los mismos errores y avanzaría a ciegas.
Sin los libros, la historia perdería su voz. No sabríamos quiénes fuimos, ni cómo llegamos hasta aquí. Las grandes civilizaciones quedarían relegadas al olvido y el tiempo borraría los logros, las batallas, las victorias y los fracasos.
Sin los libros, la imaginación se vería limitada. No existirían mundos fantásticos, ni personajes que nos acompañan en cada etapa de nuestra vida. La creatividad quedaría reducida a lo inmediato, sin la riqueza de los relatos que inspiran, que transforman, que nos hacen sentir y pensar.
Sin ellos, no podríamos viajar sin movernos, ni vivir experiencias ajenas como si fueran propias. La literatura nos permite ver con otros ojos, sentir lo que otros han sentido, conectar con culturas, pensamientos y emociones que de otra forma jamás conoceríamos.
Un mundo sin libros sería un mundo más vacío. Más frío. Más incompleto.
Porque los libros no solo nos enseñan, nos hacen humanos.
Por suerte, existen. Y mientras haya quienes escriben y quienes lean, la humanidad seguirá creciendo, soñando y recordando.
«Los libros nos recuerdan que cada página es una oportunidad para reinventarnos, que cada historia nos transforma y que, mientras haya palabras por escribir y sueños por leer, siempre habrá esperanza.
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EL ARTE DE ESCRIBIR
El acto de escribir es catártico y es en sí una forma de reflexión. Sirve para digerir ciertos hechos. Dialogar conmigo misma y al mismo tiempo con el mundo. Me ayuda a desenfocar la realidad y, de esta manera, encontrar aquellos otros significados que solamente, en ocasiones, se guardan en el subconsciente.
El proceso introspectivo que se realiza al escribir, se va desarrollando en cada una de las líneas que voy dejando en el camino. Este camino que se ensancha a medida en que logro descifrar el verdadero contenido de mis palabras, de lo que quiero decir. Porque escribir es quitarnos las capas de suciedad que se nos van impregnando con el día a día Escribir es meditación activa. Es ir al encuentro con el sentido de las palabras donde habitamos. Pensar sobre el papel también es una forma de lectura pues, no solamente logramos darnos cuenta del valor que tiene en sí misma la escritura, sino que seremos testigos de lo beneficioso que resulta leer. Leernos. Escribir, entonces, para valorar la fuerza de la palabra. Escribir para desnudarnos ante el mundo. Escribir para ser juzgado por los demás. Escribir para quitarse máscaras. Escribir para ser más críticos. Escribir para lograr entendernos. Escribir para llegar al otro lado donde también alguien nos espera. La escritura es una válvula de escape, el volcán en activo que nos permite seguir siendo para no reventar de un momento a otro. Tendré que intentar desnudarme ante la hoja en blanco, valdrá la pena el ejercicio para ver qué es lo que tengo que decirme. Hablar claro es lo que exige la escritura. Ante la hoja en blanco no se puede tartamudear ni salirse por la tangente. El espacio vacío que es la página en la que se escribe, me invita a regenerar nuevamente nuestro mundo interno. Así, veré qué es aquello que contengo.
Escribir para poder hablar con claridad Hagámoslo para no quedarnos únicamente con la visión que proyectamos delante del espejo. Con la percepción superficial de nosotros.
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HISTORIAS DESDE LA ORILLA
El mar es un poema infinito, escrito en espuma y viento, esperando ser leído por almas inquietas.»
«Todo el contenido de esta página está protegido por derechos de autor. Se permite compartirlo, siempre y cuando se cite la fuente y se reconozca la autoría. No copies sin atribuir, respeta el esfuerzo y la creatividad detrás de cada palabra. Si lo llevas contigo, hazlo con honor y reconocimiento.»
EL MAR EN OTOÑO E INVIERNO
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El mar, ese vasto espejo de la naturaleza, cambia su rostro con las estaciones. En otoño, sus aguas se tornan un manto de serenidad, reflejando los tonos dorados y rojizos del cielo al atardecer. Las olas, con su ritmo pausado, parecen susurrar secretos antiguos al viento. Caminamos por la orilla, sintiendo la caricia fresca de la brisa otoñal en nuestras mejillas, y nos dejamos llevar por la calma que solo el mar puede brindar.
Pero a medida que el invierno se acerca, el mar se transforma. Se despierta de su letargo otoñal y se muestra en toda su majestuosidad y ferocidad. Las olas se alzan imponentes, recordándonos su poder indomable. Nos encontramos en la orilla, viendo cómo se desencadenan los elementos, y no podemos evitar sentir una mezcla de asombro y respeto. El corazón se nos encoge al presenciar la furia de esas aguas que, al desatarse, arrasan con todo a su paso.
El mar, nuestra despensa natural, nos provee con su abundancia y belleza. Sin embargo, somos conscientes de que no siempre lo tratamos con el cuidado y el respeto que merece. Es nuestra responsabilidad protegerlo, porque en sus aguas no solo encontramos sustento, sino también un refugio para el alma.
Así es el mar en otoño e invierno: un ser vivo que respira, que siente, que nos habla con su lenguaje de olas y mareas. Nos invita a contemplar su grandeza y a recordar que, aunque nos dé vida y calma, también puede mostrarnos su lado más indómito y salvaje. Porque, al final, somos nosotros quienes debemos cuidar de él, para que continúe siendo la despensa del mundo y el espejo de nuestros sueños y anhelos.
El mar nos regala una lección constante sobre la dualidad de la vida. En su vastedad, refleja tanto la calma serena como la furia indómita de la naturaleza. En otoño e invierno, cuando el mar se torna más turbulento, nos recuerda la importancia del equilibrio.
Nos enseña que, aunque buscamos paz y serenidad, debemos estar preparados para enfrentar las tempestades. Al observar su belleza y poder, aprendemos a apreciar los momentos de calma y a respetar la fuerza incontrolable que también forma parte de la vida.
El mar es un reflejo de nuestra propia existencia: lleno de contrastes, con días de tranquilidad y otros de agitación. Es un recordatorio constante de que debemos cuidar y proteger lo que amamos, no solo por lo que nos ofrece, sino por el equilibrio que trae a nuestras vidas. Al valorar y respetar el mar, aprendemos a valorar y respetar nuestra propia vida y el mundo que nos rodea.
En última instancia, el mar nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como guardianes de la naturaleza. Nos muestra que, aunque somos pequeños en comparación con su inmensidad, nuestras acciones tienen un impacto profundo y duradero. Debemos ser conscientes de nuestro papel en la preservación de este tesoro natural y hacer todo lo posible para asegurarnos de que siga siendo una fuente de vida y maravilla para las generaciones futuras.
El Gigante Azul
El mar es un gigante azul que abraza la tierra con su manto de vida. Es el hogar de millones de especies que conviven en armonía y equilibrio. Es el origen de la vida y el sustento de culturas que dependen de sus recursos.
Pero el mar también sufre. Sufre por la acción del hombre, que lo contamina con desechos, plásticos, químicos y metales. Sufre por el cambio climático, que lo calienta, lo acidifica, lo desoxigena. Sufre por la sobrepesca, que lo vacía, lo desequilibra, lo empobrece.
El mar llora en silencio, mientras sus habitantes mueren, se enferman, se extinguen. Grita en vano, mientras sus olas se tornan violentas, sus corrientes se alteran, sus niveles se elevan. Se rebela, mientras sus costas se erosionan, sus arrecifes se blanquean, sus ecosistemas colapsan.
El mar nos necesita. Necesita que lo cuidemos, que lo respetemos, que lo protejamos. Que reduzcamos nuestra huella ecológica, que reciclemos nuestros residuos, que evitemos productos nocivos. Que frenemos el calentamiento global, que disminuyamos nuestras emisiones, que impulsemos energías renovables. Que regulemos la pesca, que respetemos las cuotas, que promovamos áreas marinas protegidas.
El mar nos da la vida. Démosle una oportunidad. Cuidémoslo, porque el mar es VIDA.
A ESTE MAR QUE ME ACARICIA Y ME MECE EN SUS OLAS
Todas las mañanas paseo por tu orilla, disfrutando de la brisa, dejando que empape mi alma y alcance mis sentimientos más escondidos. Tu olor es inconfundible, se cuela en mi memoria y me habla de esa “agua quieta”, donde guardas a los hombres que han perdido su vida entre tus olas.
Me susurras historias de batallas que han marcado tus aguas a lo largo de los siglos. Me hablas de los maravillosos saltos de los delfines, del canto de las ballenas, de sirenas adornando su cabello con corales y de Neptuno, que agita las olas para luego cabalgar sobre ellas en sus caballos blancos.
Veo al sol esconderse en tu inmensidad al anochecer y cómo la luna lo busca con sus rayos plateados. Contemplo cómo las estrellas caen en tu abismo cuando deben cumplir un deseo.
Tengo por ti un amor inmenso y un profundo respeto. Me fascina sumergirme en tus aguas—unas veces bravas, otras calmadas—sin saber cuáles prefiero. ¿Las aguas furiosas, que al ser empujadas por la brisa en su discusión con el viento, levantan murallas y sacuden todo a su paso? ¿O esas aguas tranquilas, que transmiten silencio y paz, recordándonos que, ante ti, nuestra fuerza y orgullo son solo una sombra de tu inmensidad?
Sin embargo, no puedo dejar de mirarte… de sentirte… de escucharte…
Es el sonido de las olas quien me mece en un largo deseo, mientras la brisa acaricia mi cuerpo y despeina mi cabello. Mis pies dejan huellas en la arena, pero tus olas las borran a mi paso, llevándolas contigo con ternura, con pasión… no sin antes acariciar mi piel con tu espuma blanca, haciéndome estremecer.
Esa espuma se queda pegada a mí, como si quisiera recordarme que siempre estás ahí, que vas y vienes, meciéndome en tu cántico. No sé qué hacer… si dejarme arrastrar por ti hasta las profundidades y convertirme en sirena, o quedarme en la arena para seguir soñando contigo.
La brisa me susurra tus anhelos. Yo le susurro mis miedos.
Mírame, mar… soy tuya.
Déjame bañarme en tus aguas mientras juegas con mi cuerpo y mi alma. Y si no quiero salir de ellas, llévame contigo… hacia donde escondes al sol cada noche, a jugar con las estrellas llenas de deseos.
Me llevaré tu espuma blanca pegada a mi piel… hacia donde la luna mira al sol, consciente de lo que no pudo ser.
De inmortal a mortal, me susurras inclemente: «En cada pequeña cosa me tendrás a mí. Sentirás mi poder y mi ternura en el viento, en la lluvia, en el olor a tierra mojada, en una sonrisa, en una mirada perdida… Vete. Vive. Ama.»
CONTEMPLANDO EL MAR
Mientras paseaba por la orilla de la playa, mis pies se hundían suavemente en la arena mojada, sintiendo el vaivén de las olas que se estrellaban contra las oquedades de las rocas, lanzando rugidos como una bestia primordial. Me detuve, maravillada ante la divinidad insondable del océano. En ese instante, suspendida en una profunda serenidad, comprendí que estaba viviendo uno de los momentos más plenos y puros de mi existencia. Ante tanta magnificencia, me invadió un pensamiento: quizás, en el vientre de estas aguas eternas, nacieron los primeros dioses.
El vaivén rítmico del agua narraba un secreto antiguo, un canto hipnótico que se clavaba en el alma. Arrullada por su murmullo, me vi de pronto imaginando al hombre primitivo, ese ser que, en algún punto del pasado, descubrió dentro de sí algo inmaterial y poderoso: un alma.
Esa alma, eterna compañera de nuestra existencia, parecía haber sido inventada como un intento desesperado por encontrar significado en el caos. Una creación humana, tan maravillosa como trágica, destinada a despreciar el cuerpo en favor de una promesa de redención. Así nació también la idea del pecado, el miedo y el castigo, alimentando una maquinaria que ha moldeado dioses y mitos… una maquinaria que, tal vez, desaparecerá con el último aliento de la humanidad, llevándose consigo el temor a aceptar la muerte como un final natural.
El mar, con su vastedad inabarcable, guarda a sus testigos mudos: criaturas misteriosas que han persistido a lo largo de milenios. Adaptándose o pereciendo bajo el peso implacable del medio, son testigos de la danza cíclica de transformación y renovación. Desde la orilla, observé cómo las olas bramaban furiosas, retorciéndose con espuma blanca entre las estrechas callejuelas de los escollos. Bajo su manto de jade, iluminado por el sol poniente, destellaban reflejos dorados y transparencias iridiscentes, como si el océano se vistiera con joyas vivas. Imaginé, en las profundidades de su abismo, criaturas legendarias habitando bosques de coral y una vegetación que susurra relatos de eras olvidadas.
Mis pensamientos se dirigieron a los remotos antecesores de la humanidad, quienes, enfrentándose a una naturaleza hostil, emprendieron su lucha por la existencia. Una lucha desprovista de sentimentalismos, donde el fuerte sobrevivía y el débil perecía bajo las reglas inapelables de un poder supremo. La rueda de la vida, tan antigua como el tiempo, giró para ellos igual que lo hace para nosotros, quienes ahora, orgullosos de nuestro supuesto control sobre el mundo, seguimos siendo prisioneros de esa misma rueda eterna.
En aquel momento, frente al mar, me sentí diminuta. Tan diminuta como esas criaturas abisales que danzan en un universo indiferente. La diferencia entre ellas y nosotros es meramente el tiempo y nuestra capacidad de adaptación. Recordé las críticas que enfrentó Darwin en su época, y cómo, pese a todo, sus teorías perduraron, desafiando a las creencias más firmes y abriendo camino a una comprensión más amplia de nuestro lugar en el cosmos.
Cuando el sol finalmente se escondió tras el horizonte, el mar se tornó negro como el ónix, y el cielo, teñido de gris plomizo, fue rasgado por relámpagos que zigzagueaban hacia las olas espumosas. Permanecí allí, inmóvil, atrapada entre la fascinación y una vaga incomodidad ante la inmensidad y la inevitable fatalidad. Comprendí, entonces, que los mitos no surgieron del vacío; los creamos para llenar ese espacio insondable, transformando sueños en esperanza, construyendo refugios frente al abismo del vacío.
Antes de los dioses monoteístas, la humanidad ya había tejido mitologías, historias nacidas del ingenio y la necesidad. Frente al océano, entendí que ese impulso de narrar, de otorgar sentido, de vestir el silencio con palabras, es lo que define nuestra naturaleza humana.
EL MAR Y SU LAMENTO SILENCIOSO
En un rincón del vasto océano, donde las olas susurraban secretos al viento, el mar sentía una tristeza profunda e inconmensurable. Este inmenso cuerpo de agua, que había sido testigo de la evolución de la vida y el surgimiento de civilizaciones, ahora se encontraba impotente ante la devastación que los humanos infligían sobre él.
El mar, antaño lleno de vida y maravilla, observaba cómo sus aguas se llenaban de basura y plástico. Las criaturas que una vez nadaban libres entre sus corrientes, ahora luchaban por sobrevivir en un entorno cada vez más hostil. Los corales, que eran jardines submarinos de colores vibrantes, se blanqueaban y morían, víctimas del aumento de la temperatura y la acidez del agua.
Cada ola que rompía en la costa llevaba consigo un lamento silencioso, un grito de auxilio apenas audible en el bullicio del mundo moderno. El mar recordaba con nostalgia los tiempos en que los humanos lo respetaban y veneraban, cuando los pescadores cantaban canciones de agradecimiento y las historias de criaturas marinas eran contadas con admiración.
Ahora, el mar observaba cómo las costas se llenaban de construcciones y las industrias vertían sus desechos sin remordimiento. Sentía la tristeza de perder a sus hijos marinos y ver cómo las playas se convertían en vertederos. Las aguas, una vez prístinas, eran ahora caminos de muerte para los que en ellas habitaban.
A pesar de su inmensidad y poder, el mar se sentía impotente. Sabía que su furia podría causar destrucción, pero no deseaba vengarse de la humanidad. Anhelaba que los humanos abrieran los ojos y vieran el daño que estaban causando. Anhelaba que volvieran a sentir la conexión con él y recordaran la belleza y la vitalidad que una vez habían compartido.
En su tristeza, el mar decidió que, aunque sus lamentos parecieran en vano, seguiría enviando mensajes a través de sus olas. Cada gota de agua, cada susurro del viento, llevaba consigo una súplica de esperanza. Porque, aunque el mar se sentía solo en su dolor, sabía que en algún lugar, había corazones humanos que todavía escuchaban su llamada.
La verdadera belleza del mar reside en su capacidad para regenerarse y sostener la vida. Si escuchamos su lamento y respondemos con acciones responsables, podemos devolverle la vitalidad y la alegría que una vez tuvo. Es nuestra responsabilidad y privilegio cuidar del mar, para que futuras generaciones puedan disfrutar de su esplendor y aprender de su sabiduría.
«El mar, en su infinita paciencia, aguarda el día en que la humanidad despierte y vuelva a cuidarlo como antes. Porque sabe que, juntos, podemos restaurar la armonía perdida y devolverle al mar la sonrisa que alguna vez brilló en sus aguas cristalinas. Pero, ¿lo escucharemos a tiempo?»
MAR AZUL
En un rincón olvidado del mundo, donde el mar besa tiernamente la tierra y el cielo se inclina para escuchar los susurros de la naturaleza, existía un pueblecito pesquero, tan pequeño que apenas figuraba en los mapas. Este lugar, conocido como Mar Azul, era un lienzo en blanco para los sueños y las leyendas.
La vida en Mar Azul transcurría con la monotonía de las olas: siempre presentes, pero raramente se veían. Los habitantes de este lugar, aunque bendecidos con la belleza de su entorno, habían caído en la trampa de la cotidianidad, incapaces de ver la magia en la simplicidad de sus días.
Pero la niebla llegó, no como un manto frío y sin vida, sino como un ser consciente, una entidad antigua que buscaba recordarles el valor de lo que habían olvidado. Se deslizó entre las casas y las calles, tocando cada corazón con dedos de bruma, susurrando secretos largamente perdidos.
Los aldeanos, ahora ciegos a su mundo, pero con una nueva visión interna, comenzaron a percibir la vida de una manera diferente. La niebla les enseñó que cada grano de arena, cada gota de rocío, cada sonrisa compartida, era un tesoro invaluable.
Sara, la bruja del pueblo, conocía bien el lenguaje de la niebla. Ella sabía que este fenómeno no era un castigo, sino un regalo. Con su sabiduría ancestral, guio a los aldeanos a través de la niebla, no para disiparla, sino para abrazarla.
Bajo su tutela, los habitantes de Mar Azul aprendieron a bailar con la niebla, a cantar con las olas, y a pintar sus sueños en el cielo. La niebla se convirtió en su maestra, y ellos, sus ávidos estudiantes.
Y así, cuando la niebla decidió retirarse, dejó tras de sí un pueblo transformado. Mar Azul ya no era solo un punto en el mapa, sino un faro de esperanza y maravilla, un testimonio de que incluso en la más densa de las brumas, la luz puede encontrarse dentro.
Sara, habiendo cumplido su propósito, se desvaneció con la niebla, dejando solo la leyenda de su existencia. Algunos dicen que se convirtió en parte del mar, otros que ascendió a los cielos. Pero todos están de acuerdo en una cosa: su espíritu vive en cada brizna de magia que ahora impregna Mar Azul
En los días que siguieron a la partida de Sara, Mar Azul se convirtió en un santuario de maravillas. Los pescadores, que antes lanzaban sus redes con desgana, ahora veían en cada captura una danza de colores y formas. Las redes no solo traían peces, sino también historias del abismo, relatos de criaturas luminosas y tesoros sumergidos que solo la niebla podía revelar.
Los niños, que antes jugaban en las calles con la indiferencia de la costumbre, ahora exploraban cada rincón como si fuera un nuevo mundo. La niebla les había enseñado a ver lo invisible, a escuchar lo inaudible. Encontraban caracolas que susurraban melodías antiguas y piedras que brillaban con la luz de las estrellas caídas.
Las mujeres de Mar Azul, que tejían y bordaban en silencio, ahora lo hacían al ritmo de antiguas canciones de cuna, entonadas por la brisa marina. Sus manos no solo creaban ropa, sino que tejían sueños, bordaban esperanzas y cosían fragmentos de leyendas en cada puntada.
Los ancianos, sabios y cansados, encontraron un nuevo propósito en sus relatos. Sus historias ya no eran solo recuerdos, sino profecías y enseñanzas. La niebla les había devuelto la voz, y con ella, la certeza de que su legado sería eterno.
Y así, Mar Azul se convirtió en un lugar de peregrinación. Viajeros de todos los rincones del mundo venían a experimentar su magia. Cada visitante partía con una historia que contar, un sueño que perseguir, y la promesa de que, en algún lugar entre la niebla y el mar, la esperanza siempre encontraría su camino.
La leyenda de Sara, la bruja que se convirtió en niebla y mar, en viento y cielo, se extendió más allá de los confines del pueblo. Se decía que en las noches de luna llena, si escuchabas con atención, podías oír su risa mezclada con el murmullo de las olas, recordándote que la magia está en todas partes, esperando ser descubierta..
EL Faro de Mar Azul, que una vez fue guía de marineros y centinela contra las tormentas, había compartido el destino de olvido del pueblo. Pero con la llegada de la niebla y la transformación de los aldeanos, el faro también encontró un nuevo propósito.
Mientras la niebla enseñaba a los habitantes a ver la magia en lo cotidiano, el faro, que había permanecido inactivo durante años, comenzó a sentir un cálido cosquilleo en su estructura. Las piedras, bañadas por la sal y el viento, susurraban entre ellas, recordando los días en que su luz era esperanza en la oscuridad.
Una noche, cuando la luna se ocultó tras un velo de nubes y las estrellas parpadearon con curiosidad, el faro despertó. Su luz, que había sido tenue y vacilante, ahora brillaba con la fuerza de mil soles. La niebla, lejos de opacarla, se tornó en un lienzo donde la luz del faro pintaba auroras y constelaciones.
Los viajeros que llegaban a Mar Azul se maravillaban ante el espectáculo. El faro no solo les mostraba el camino, sino que les contaba historias de navegantes valientes, de mares embravecidos y de calmas profundas. Cada rayo de luz era un verso, cada destello, un capítulo de una epopeya marina.
Con el tiempo, el faro se convirtió en el corazón de Mar Azul. Los aldeanos celebraban festivales en su honor, donde las luces de papel y las antorchas danzaban al son de la luz del faro. Los niños jugaban a ser héroes de leyendas, navegando en barcos imaginarios hacia tierras desconocidas, guiados por la luz infalible del faro.
Y así, el faro de Mar Azul se erigió no solo como un monumento a la guía y protección, sino como un símbolo de la inspiración y la creatividad que la niebla había despertado en el alma del pueblo. Se decía que su luz era tan poderosa que podía alcanzar incluso los rincones más oscuros del corazón humano, recordándoles que siempre hay un faro que ilumina el camino hacia casa.
EL LATIDO AZUL DEL MUNDO
El mar, eterno y majestuoso, es una sinfonía de azul y verde que se extiende hasta donde alcanza la vista. Es el aliento del planeta, un océano sin límites que guarda en sus profundidades los secretos de la vida misma. Con cada ola que besa la orilla, el mar susurra historias de tiempos antiguos, de criaturas misteriosas y de aventuras que laten bajo su superficie.
Hay una magia en el sonido rítmico de sus olas, un consuelo en su constancia, una inspiración en su vastedad. El mar no conoce fronteras; sus corrientes tejen lazos invisibles entre continentes y culturas, recordándonos que, más allá de nuestras diferencias, somos hijos de su inmensidad.
A la luz del sol, el mar brilla como un manto de diamantes, y bajo la luna, se convierte en un espejo de plata donde las estrellas se contemplan a sí mismas. Cada amanecer y cada atardecer sobre sus aguas es un cuadro en movimiento, un estallido de colores que maravilla y conmueve, un recordatorio de la belleza infinita de la naturaleza.
El mar es un reflejo de la vida misma, con su calma y su tempestad, con sus pausas y sus embates. Nos enseña paciencia, nos recuerda la fuerza, nos inspira a abrazar el cambio. En su abrazo salado encontramos paz y renovación; en su inmensidad, comprendemos la pequeña pero infinita importancia de nuestra existencia en el vasto universo.
EL SUSURRO DE LA TIERRA: EL CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS HUELLAS
En cada rincón del planeta, la Tierra nos habla en un lenguaje de fenómenos naturales. Susurros de alerta, gritos de desesperación y, a veces, llantos de tristeza. El cambio climático ha alterado el ritmo de estos mensajes, haciendo que los fenómenos naturales sean más intensos y frecuentes. Como guardianes de este hogar, debemos escuchar y actuar.
Imagina un mundo donde las olas del mar, antes serenatas para las playas, ahora rugen con fuerza devastadora, invadiendo hogares y ciudades costeras. Los bosques, que solían ser refugios de vida, ahora se enfrentan a incendios furiosos, alimentados por el calor implacable y la falta de lluvia. En las tierras agrícolas, las inundaciones y sequías compiten por el protagonismo, dejando tras de sí un rastro de desolación.
Cada huracán que azota, cada incendio que devora, cada inundación que ahoga, lleva consigo una historia de seres humanos afectados, de vidas cambiadas para siempre. Las pérdidas no son solo materiales; son también de sueños, de esperanzas y de futuros que se desvanecen en el humo y las aguas turbulentas.
Nuestra respuesta a estos fenómenos debe ser tan apasionada como la naturaleza misma. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, abrazar energías renovables y adoptar políticas sostenibles son solo el comienzo. Necesitamos una revolución de conciencia, donde cada individuo sienta la responsabilidad de proteger este maravilloso planeta.
El cambio climático no solo es un desafío ambiental, es una prueba a nuestra humanidad. ¿Podemos aprender a vivir en armonía con la Tierra? ¿Podemos dejar un legado de esperanza y no de destrucción? La respuesta depende de nosotros, de nuestra capacidad para escuchar los susurros de la Tierra y transformar esas señales en acciones concretas.
En resumen, la Tierra nos habla, y es nuestro deber responder. El cambio climático es real y presente, y solo con un esfuerzo colectivo podremos enfrentar sus desafíos. Escuchemos, actuemos y cuidemos de nuestro hogar
«El cambio climático no es solo un desafío ambiental, sino un eco de nuestras acciones reflejado en las aguas del mundo. El mar, testigo silencioso de nuestra historia, ruega por un cambio antes de que su furia sea la única respuesta. ¿Seremos capaces de escuchar su llamado a tiempo?»
EL MAR MI REFUGIO
El mar es mi refugio, mi lugar favorito en el mundo. Me encanta pasear por la arena, sentir el agua fría en mis pies, el sol en mi rostro, el viento en mi pelo. Camino hasta donde la espuma alcanza mis huellas, mientras el horizonte me llama con su abrazo infinito. Las olas murmuran secretos, las gaviotas entonan su canto, y el aroma salado envuelve mis sentidos en un suspiro de eternidad.
El mar es mi pasión, mi fuente de inspiración. Me gusta escribir sobre él, contar sus historias, desentrañar sus misterios. Cada ola lleva un relato, cada brisa es un verso que el agua susurra a quien sabe escuchar. Sueño con sus mundos escondidos, con criaturas que danzan bajo la luna y aventuras que se despliegan en su inmensidad.
El mar es mi amor, mi compañero fiel. Me acompaña en mis alegrías, en mis penas, en mis esperanzas. Su presencia es fuerza, ternura y hogar. Le digo te quiero, te admiro, te agradezco. Porque sin él no existiría, no tendría sentido, no sería feliz. El mar es mi todo, y yo soy su nada. Pero juntos, somos uno.
Somos suspiros en la orilla del tiempo, ecos de un pasado que el mar ha guardado. En cada ola que besa la arena, nuestra historia juntos es recordada. En la inmensidad del azul profundo, donde el cielo se funde con el agua salada, somos estrellas que brillan en el cosmos, danzando entre brisa y marea.
El mar me susurra canciones de cuna, relatos de marineros, historias de naves perdidas. Bajo su vasto reino, bajo la luna, mis sueños navegan, como vidas compartidas.
Juntos, somos más que la suma de nuestras partes. Me uno a él por la marea, por la brisa marina. El mar, es mi lienzo.
Así, en la orilla, el eco de mi alma se expande. En la inmensidad, no hay distancias. Solo el mar, yo, y mis esperanzas.