Avance exclusivo… Fragmento del libro
El día amaneció envuelto en una neblina suave y un frío que calaba los huesos, pero no el alma. La brisa rozaba las montañas como un susurro antiguo, como un eco que solo la tierra comprendía. A través de las grandes ventanas, la luz se filtraba tímida, desvaneciéndose entre las sombras del amanecer, mientras Ana, con una taza de café caliente entre las manos, contemplaba el Pirineo desplegándose ante ella como un cuadro vivo, inmenso, infinito.
Los bosques eran un océano verde en el horizonte, los lagos espejeaban el cielo nublado, y los arroyos, juguetones, dibujaban caminos secretos en el valle, como venas que latían en la tierra. Ana suspiró, dejando que el aroma del café la envolviera, aferrándose a su calor, a su refugio. Aquí, lejos del bullicio y las cicatrices de la ciudad, encontraba paz. O algo parecido.
Pero en esa calma de mentira, Ana repasaba su historia. Cada fragmento, cada cicatriz que el tiempo no había borrado, cada sombra que seguía aferrada a su piel. No quería venganza. No quería justicia escrita en papeles. Solo quería que su verdad—esa que intentaron silenciar—dejara de ser un susurro ahogado en su garganta.
Escribir no era solo recordar, no era solo revivir. Era gritar sin voz, desenterrar lo que intentaron enterrar en ella, vomitar cada espina que se tragó sin quejarse. Cada palabra pesaba como una piedra caliente en sus manos. Ya no podía seguir sosteniéndolas en silencio.
No buscaba perdón. Ni disculpas. Ni una versión edulcorada de los hechos. Solo quería contar. Decir. Sin adornos, sin pausas, sin miedo. Que todos supieran.
Supieran cómo se desmorona una persona sin que nadie lo note. Supieran cómo el dolor se filtra hasta los huesos, hasta volverse parte de la carne y la mirada. Supieran cómo sobrevivió cuando lo fácil hubiera sido rendirse.
El odio lo había sentido, sí. Ardió, quemó, la redujo a cenizas. Y en ese fuego aprendió que el rencor no destruye al enemigo. Solo consume a quien lo carga. Y ella ya no quería cargar nada más. Ahora, con el otoño pintándole las sienes y el tiempo mordiendo su piel, sabía que había llegado el momento.
El momento de romper el silencio.
Porque la justicia no siempre llega en forma de sentencia. A veces, la justicia es simplemente ser escuchada.
«A diferencia de la saga de Tana, esta historia nos sumerge en una realidad desgarradora que supera la ficción. Es un relato de vida, de lucha y de una fortaleza que desafía todo lo imaginable.»
Muy pronto, conocerás su historia. Mantente atento al lanzamiento… porque algunas verdades no solo se leen, se sienten.»


