TODO POESIA

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Todo Poesia (1)

«Donde la palabra es marea y el poema es puerto, aquí todo es poesía. Que cada ola traiga un verso y cada brisa susurre inspiración.»

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Los hijos son palabras que se hicieron carne,
versos que salieron del pecho sin borrador,
miradas que aprendieron a nombrar el mundo
con la voz que un día les cantó amor.

Son espejos que no devuelven lo mismo,
porque en ellos vemos lo que fuimos
y también lo que nunca seremos,
como si el tiempo tuviera doble ritmo.

Los hijos son viento que ya no se detiene,
pero aún huele a casa cuando pasa,
son preguntas que ya no necesitan respuesta
y abrazos que curan sin decir nada.

Nos enseñan a soltar sin perder,
a mirar sin exigir,
a amar sin condiciones,
como quien riega sin saber si florecerá.

Yo les miro desde mi otoño sereno,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “Gracias por ser camino,
aunque a veces no sepa dónde acaba.”

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LOS NIETOS

Los nietos llegan como brisa nueva,
con risas que despeinan la nostalgia,
con pasos que no saben de fronteras
y abrazos que desarman la distancia.

Son preguntas envueltas en caricias,
miradas que aún no temen al abismo,
y cuentos que se inventan sin malicia
como si el mundo fuera puro optimismo.

Nos miran como quien descubre un mapa,
como quien huele el pan recién horneado,
y en sus juegos nos devuelven la capa
de héroes que creímos ya olvidado.

Los nietos no saben que son milagro,
pero lo son, en cada gesto suyo:
cuando ríen, cuando lloran, cuando halagan,
cuando nos enseñan a ser más tuyos.

Yo les miro desde mi otoño lento,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “Gracias por el viento
que me devuelve la calma.”

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LOS NIÑOS

Los niños caminan sin saber
que sus pasos ya dibujan mapas,
que sus risas tienen el poder
de mover las nubes y abrir ventanas.

No saben que son mar en miniatura,
con olas que aún no rompen del todo,
con espuma que se ríe de la altura
y sal que cura sin pedir modo.

Llevan charreteras invisibles,
hechas de barro, de sol y de preguntas,
y cuando tropiezan, no caen:
se transforman en cuentos que buscan respuestas.

Los niños no saben que son poetas,
pero escriben con migas, con crayones,
con silencios que dicen más que mil letras
y gestos que sanan corazones.

Yo les miro desde mi otoño,
con hojas en las sienes y flor en el alma,
y les digo: “No corráis tanto,
que el mundo os espera con calma.”

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OTOÑO EN MIS SIENES

Tengo el otoño en mis sienes,
hojas doradas que el tiempo ha posado
como coronas de sabiduría
sobre mi frente que ya no corre,
pero aún contempla.

El viento me habla en voz baja,
me dice que no todo lo que cae se pierde,
que hay belleza en la desnudez del árbol
y paz en la lentitud del paso.

Pero mi corazón,
ay, mi corazón,
sigue brotando como abril sin calendario,
como jardín que no se rinde,
como flor que no pregunta si es otoño.

Late con la fuerza de lo que ha amado,
con la ternura de lo que ha perdonado,
con la alegría de lo que aún espera
sin exigir promesas.

Tengo el otoño en mis sienes,
pero el alma no se enfría.
Y si el cuerpo se cubre de ocres,
el corazón se viste de pétalos.

Porque hay primaveras que no dependen del clima,
ni del reloj, ni del mapa.
Hay primaveras que nacen
donde alguien decide seguir amando.

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BUENOS DÍAS ALMA VIAJERA

Hoy el sol se ha despertado con ganas de escribir contigo.
Ha extendido sus rayos como versos tibios sobre la piel del mundo,
y cada rincón parece susurrar: “Despierta, que la belleza te espera.”

Que este día te abrace con la dulzura que tú regalas al universo.
Que cada gesto que hagas —por pequeño que parezca—
sea un hilo más en el telar invisible de la esperanza.

Hoy no hace falta correr.
Basta con mirar el cielo y recordar que estás viva,
que tus palabras tienen peso,
que tu silencio también canta.

Si tropiezas, que sea con una flor.
Si lloras, que sea de emoción.
Y si dudas, que sea solo para volver a elegirte.

Porque tú, alma luminosa,
no solo caminas por el mundo:
lo transformas

⋆。°✩。⋆

EL MAR QUE ME HABITA

Aunque no lo vea, sé que está ahí,
como un latido azul bajo mi piel,
como un susurro antiguo que me llama
desde la orilla invisible de mi ser.

El mar me nombra sin voz ni rostro,
me envuelve en su aroma de sal y viento,
y aunque la distancia lo esconda un poco,
yo lo siento cerca… lo llevo dentro.

Puedo pasear por su arena sin moverme,
jugar con las olas en mi pensamiento,
dejar que me acaricie los pies el recuerdo
de cada espuma que rozó mi tiempo.

Escucho su canto en el silencio,
en el rumor de hojas, en el vaivén del alma,
y su perfume llega como un milagro
cuando el aire se vuelve calma.

Vivir cerca del mar no es geografía,
es pertenecerle sin condición,
es saber que en cada paso que doy
hay una ola esperándome con devoción.

Porque el mar no es solo agua y horizonte,
es refugio, es juego, es contemplación,
es ese lugar donde todo se entiende
sin palabras, sin miedo, sin explicación.

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CUANDO EL VERANO SE DESPIDE

El verano se va, sin prisa, sin ruido,
como un huésped que deja la casa en orden,
con la arena aún tibia y el sol en los hombros,
pero con la mirada ya puesta en septiembre.

Se despide en susurros, en tardes más cortas,
en la brisa que cambia de aroma y de tono,
y en el mar que aún canta, pero más despacio,
como si supiera que el otoño se asoma.

Y llega él, el otoño, con su paso sereno,
con sus hojas que caen como cartas del tiempo,
tapizando el suelo de memorias doradas,
con su melancolía que no duele, que abraza.

El árbol se desnuda, pero sigue en pie,
resiste la lluvia, el viento, el silencio,
y en su quietud nos enseña que perder
también puede ser una forma de paz.

El otoño me invita a pasear por la orilla,
a escuchar el rumor de lo que ya fue,
a oler la nostalgia sin miedo ni prisa,
a saber que todo vuelve, aunque cambie de piel.

Y yo lo recibo con los brazos abiertos,
como quien entiende que el ciclo es sagrado,
que el verano se va, sí… pero deja semillas,
y el otoño las cuida, las mece, las guarda.

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EL OTOÑO EN MI ALMA

Los años pasan como hojas al viento,
y los sueños, que antes ardían intensos,
se tornan susurros, se visten de calma,
se acomodan en rincones del pensamiento.

Ya no persigo estrellas inalcanzables,
ni corro tras promesas que se desvanecen;
ahora contemplo el cielo con otros ojos,
y agradezco la luz que aún permanece.

El otoño ha llegado a mi vida sin ruido,
con su manto de ocres, con su paz dorada,
y aunque las hojas caen, el árbol sigue en pie,
firme, sabio, con raíces bien ancladas.

Ya no temo al viento ni a la lluvia fría,
porque sé que cada tormenta trae enseñanza,
y que la melancolía no es tristeza pura,
sino el arte de mirar con esperanza.

Camino despacio por la orilla del tiempo,
dejando que las olas me cuenten historias,
y en cada paso descubro que vivir
es aceptar los cambios sin perder la memoria.

El otoño no es final, es transformación,
es la estación donde el alma se desnuda,
y en su silencio, en su ritmo pausado,
encuentro la belleza más profunda.

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DESDE NIÑA EL MAR ME LLAMABA

Tuve una infancia feliz, bordada de espuma,
con el Cantábrico rugiendo tras mi ventana,
y yo, pequeña, lo miraba en silencio,
quizá asustada… pero siempre fascinada.

Cuando bajaba a la playa, lo contemplaba
como quien escucha un secreto antiguo,
y sentía que él también me miraba,
con sus ojos de sal y su aliento infinito.

Me adentraba muy despacio en su orilla,
dejando que su frescor me despertara,
y cada ola era un abrazo sin palabras,
una caricia que el alma recordaba.

Desde niña, el mar me llamaba,
con voz de viento y perfume de algas,
y yo acudía, como quien vuelve a casa,
como quien encuentra su raíz más clara.

Despertó en mí un amor hecho de miel,
de juegos, de calma, de contemplación,
y aún hoy, cuando lo escucho desde lejos,
mi corazón responde con devoción.

Porque el mar no fue paisaje ni frontera,
fue compañero, refugio, revelación,
y en cada ola que rompe en mi memoria
vuelve a nacer mi primera canción.

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APRENDIZAJE

La vida me ha enseñado que todo es pasajero

y las palabras son como un suspiro al viento;

a no rendirme a ciegas al verbo lisonjero

y que el mayor milagro es el primer aliento.

Que tan sólo los ríos siguen un rumbo fijo

y todos los caminos conducen a un final;

También que no es la fe aferrarse a un crucifijo,

sino tomar conciencia de qué es el bien y qué es el mal.

Que el llanto es medicina que dulcifica el alma

y la risa es un modo de agradecer a Dios,

que toda tempestad trae una inmensa calma

y para iniciar guerras se necesitan dos.

Que amores verdaderos son cual verano ardiente

con gotas de rocío que donan su frescor,

y son grata tibieza en un invierno hiriente;

la mano que sostiene cuando falta vigor.

Que al alma, igual que al río, la ensucia el recorrido,

es clara y pura el agua al salir del manantial,

si el paso va dejando al espíritu abatido

el cuerpo es sólo lecho, el alma es inmortal.

Y si vivir nos lleva a etapas de renuncia

también hay estaciones colmadas de bonanza;

aun el cielo más negro la claridad anuncia,

el tiempo sana heridas y brota la esperanza.

Si lo ignoto amedrenta el exiguo entendimiento,

la vida es como el cielo… con cenit y nadir,

es un suspiro, un viaje, es un fugaz momento,

con el amor que llega empezaré a vivir.

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DESDE LA MADUREZ

El amor con el tiempo es subyugante,

avanza a paso firme, sin apuro,

envuelve cual elixir embriagante

hilvanando con sueños el futuro.

Se reviste de fuego y de inocencia,

de vehemente pasión y de quietud;

conoce de placer y penitencia,

conoce de arrebato y de virtud.

Se anida en el silencio de las horas

para expresar con férvida pasión

que un beso tiene luz de mil auroras,

que un beso es infinita seducción.

Y sabe que la luz de una sonrisa

envuelve sutilmente entre sus velos

el mágico placer de una caricia,

las notas más sublimes de un te quiero.

Así te quiero yo, con mis silencios,

con el invierno besándome las sienes,

reviviendo con el néctar de tus besos,

ansiando siempre de tu boca mieles.

Así te quiero yo, serenamente,

con el ímpetu de la ida juventud,

y te amaré en el tiempo, eternamente,

con la calma de la pronta senectud.

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CANTO MARINO

Profundo, silencioso, soñoliento,

de hechizante quietud, fuerte, imbatible;

tus sutiles susurros trae el viento,

como un canto de amor, suave, invisible.

No tienes la altivez de la montaña

pero ostentas visión de lo infinito;

si misterios ocultan tus entrañas

hoy mi pesar en ti yo deposito.

Eres cual seductor irresistible;

yo, átomo imperceptible en el oleaje,

te muestras por momentos apacible,

en otros tienes arrojos de salvaje.

Ante tu vastedad y poderío

nada se te resiste si despiertas;

sucumbe frente a ti todo navío

y quedan ante ti playas desiertas.

Al ver tu inmensidad y tu prestancia

se entrega el alma al éxtasis, serena,

mas sometes tu porte de arrogancia

al cubrir de besos blancos esa arena.

Quiero adentrarme en ti, libre, sin velas,

sin remos, sin timón, ir a tu origen…

mirar estrellas brillar cual lentejuelas

y sentir que cielo y mar mi vida rigen.

Esa extraña atracción tan embriagante

de apariencia de un mundo sempiterno

sea tal vez la proyección distante

de la paz que nos dio el vientre materno…

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AMOR ATARDECIDO

Amor, dulce amor atardecido

que llegas cual aurora en el invierno;

despertar de un tiempo adormecido,

fruto silvestre que brota dulce y tierno.

Evocación de gratas sensaciones

que los años cubrieron con olvido;

amor que llega sin precisar sus razones

como el aroma tan fino del rosal escondido.

Un sueño eres, eres mi querido sueño

que inunda el pensamiento de ilusiones;

un canto abstracto, mágico y halagüeño

que se abre tan libre, exaltando emociones.

Fantástica ilusión, quizá un espejismo,

distante oasis, un cálido lamento;

caminar entre un cielo y un abismo,

beso que se convierte en un suspiro al viento.

Si es que el destino ya viene establecido

y un amor predispuesto se extravía,

aunque camine confuso y aterido

quizá al llegar a su puerto al fin sonría.

Pero el silencio se torna en enemigo

enterrando el sentimiento y la esperanza;

pudo ser un edén vivir contigo…

pudo ser, pero todo es remembranza.

Tarde te amé, quizá así estaba escrito,

fue la palabra una lenta caravana

pero el amor nunca acaba, es infinito

y será un grato recuerdo del mañana.

⋆。°✩。⋆

DESNUDEZ

Son mis versos simples frases, cual cometas de papel

pretendiendo ser estrellas con destellos de oropel;

son suspiros en el aire, simples pompas de jabón

son castillos en la arena, una historia, una ficción.

Son vaivenes apacibles de algún barco sin anclar

que surcando los océanos no tiene fijo un lugar;

mas si acaso un remolino lo sumerge sin piedad

surge intacto de las aguas y navega en libertad.

Son tristeza que se borda con sonidos de cristal,

que impotente y abatida se transforma en metal;

otras veces son jazmines intentando perfumar

la amargura de una pena que lastima sin cesar.

Son amores silenciosos ocultos en el umbral

que aferrados a esperanzas no tendrán nunca final;

un bello ángel que sonriente se ha escapó del edén,

son las manos pequeñas que me dieron sostén.

Yo quise pintar diamantes y oro envuelto en resplandor

proyectando luz brillante y del campo su verdor;

y aunque sé que mis afanes no alcanzaron su misión

sólo desnudé mi alma, sólo habló el corazón.

Acaso tan sólo sean cantos vanos de un ayer,

estertores de un volcán que se quiere adormecer;

o la búsqueda extenuante de una sacra melodía

que en sus notas me devuelva la magia y la fantasía.

Quiero luz en mi ventana, quiero el vuelo del halcón,

un árbol que me dé abrigo, quiero un sueño, una visión;

si se me extravió el camino fue por propia voluntad,

porque amé con los sentidos, con el alma, con verdad.

Hoy dejo desde mis sombras sólo un canto de amor,

un por siempre… un hasta pronto, un abrazo… una flor;

si la rima se escapa queda aún la palabra;

quizás al dormir los versos otra puerta se me abra.

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A MI MADRE

Mujer que disfrazaste la tristeza

con la sonrisa en tus labios dibujada

y aun rendida encontraste fortaleza

para iniciar del día la jornada.

No izaste la bandera de igualdades

ni de luchas absurdas y pueriles;

me enseñaste de amores y bondades

que debemos servir, no ser serviles.

Que nunca es tarde para vivir un sueño

y que aun la gota de agua encierra un canto;

que no se mira al humilde con desdeño

y que se aprende una lección del llanto.

Que el silencio no siempre es cobardía

sino astucia que frena una batalla,

porque la ira nubla un claro día

y hay sabiduría en el que calla.

Que no es encanto una grácil figura

ni linda faz de suave terciopelo;

bella es también una fina escultura

y alberga dentro un corazón de hielo.

Y que la soledad nos va puliendo

como se bruñe al metal para que brille,

que aun con mis demonios combatiendo

no permita que nada mi fe trille.

Que una lisonja es frase pasajera

como la flor cortada de la planta,

grande no es quien llora una quimera

si no quien de las ruinas se levanta.

Nadie de ti cifró ningún capítulo

eres historia con pasión vivida

con tu nata humildad, así, sin título

me graduaste en la escuela de la vida.

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ME PREGUNTAS…

Me preguntas quién soy,

con tus ojos negros

prendidos en los míos.

¡Y tú me lo preguntas!

Soy aquella de risa desbordada,

como alegre torrente de azúcar,

de labios encendidos y bucles rojizos.

Soy aquella que un día,

sin pájaros ni sol,

se vistió con las alas

azuladas del viento,

soltó sus amarras,

atravesó los mares,

coronó las cumbres

y vivió entre las nubes,

buscándote después

de muchas décadas.

Volé alto… tan alto,

hasta encontrarte

entre la multitud.

Y te hablé muy quedo,

hasta tocar tu alma.

Y entonces supiste…

Y acariciaste mares,

y con plumas azules,

que danzaron como olas,

escribiste versos de espuma

en la dorada arena.

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NO ME LLORES

No me llores por favor cuando me haya ido,

piensa que me he adelantado a tu camino.

He vivido intensamente, estoy contigo,

en cada flor que aromará tu sino.

No me llores, si me sientes tan distante

que tu pena en el silencio te aprisiona.

No he partido, me he quedado muy constante

en esa paz que suavemente te emociona.

No me llores por favor, seca tus lágrimas,

que no apague tu sonrisa la tristeza,

dame siempre la caricia de tu alma

y la oración que me regalas con nobleza.

No me llores, mi presencia está en el viento,

en la lluvia, en el rocío, en la mañana,

en tus pasos silenciosos, en tus sueños,

en tu aliento que la vida me regala.

No me llores, que mi espíritu no muere,

tan sólo el cuerpo en la tierra se reposa,

mi sonrisa en tu memoria permanece

y en tu pecho mi recuerdo se hace rosa.

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HOMENAJE A LOS LIBROS

En hojas suaves yace un universo,

historias, sueños, un mundo diverso.

Sus páginas guardan secretos y tramas,

refugio de almas, cobijo de llamas.

El tacto del papel, aroma que envuelve,

esencia que al lector siempre disuelve.

Cada palabra un latido constante,

que une las vidas en un mismo instante.

Maestros del tiempo, puente sin fronteras,

custodios del saber, guías verdaderas.

Cuando la vida se torna sombría,

un libro siempre alumbra con su melodía.

Al abrir sus páginas, mundos hallamos,

y en sus historias, también nos encontramos.

Libros, guardianes de la humanidad,

puentes eterno hacia la libertad.

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